2 de octubre 2002 - 00:00

Un futuro lleno de condicionamientos

Brasilia - El izquierdista Luiz Inácio «Lula» Da Silva tiene grandes probabilidades de ganar las elecciones presidenciales de Brasil, pero el ex jefe sindical podría descubrir que el largo y arduo camino hacia la Casa de Gobierno era la parte más fácil de su proyecto de gobernar el país.

Si Lula logra que su liderazgo en las encuestas, de más de 20 puntos porcentuales, se convierta en un triunfo en las elecciones del domingo -o en una segunda ronda que se podría realizar el 27 de octubre- luego, al tomar las riendas del mayor país de América latina, se enfrentaría a un complicado acto de equilibrismo.

Su creciente ola de seguidores estará ansiosa por que cumpla con las promesas de remediar la gran brecha social de Brasil. Pero él, quien nunca ha ocupado un puesto gubernamental, primero podría tener que enfrentar dificultades económicas y al mismo tiempo una mayoría de la oposición en un Congreso irritable y poderoso.

«Sólo se puede gobernar Brasil con una coalición amplia y fuerte en el Congreso», dijo Valeriano Mendes Ferreira Costa, un analista político de la universidad brasileña de Campinas. «El Congreso no puede gobernar solo, pero puede evitar que un presidente gobierne», agregó.

Analistas políticos prevén que la coalición de Lula ganará menos de una quinta parte de las 513 bancas que están en disputa en la fragmentada Cámara baja del Congreso
, donde en la actualidad 18 partidos comparten el poder. El Partido del Frente Liberal (PFL), el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB, al que pertenece José Serra) y el Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que formaron el eje de la coalición del actual presidente Fernando Henrique Cardoso, mantendrían los bloques más grandes en el Congreso. Eso significa que Lula tendría que hacer serias negociaciones para alcanzar una mayoría de 257 bancas, especialmente si gana en la primera vuelta electoral, con una oposición partida en tres.

Pero los analistas dicen que Lula, quien compite para llegar a la Presidencia por cuarta vez, está mejor preparado que nunca para la tarea de gobernar Brasil, por más que los inversores y operadores financieros le crean o no.

• Dudas

En meses recientes, los inversores han abandonado las acciones, los bonos y la moneda de Brasil, por sus dudas de que Lula mantenga las reformas orientadas al mercado del gobierno actual, y los temores sobre la carga de la deuda pública brasileña, de 260.000 millones de dólares. Si continúan las turbulencias financieras, Lula podría tener que tomar algunas medidas anticrisis que no serían bien vistas por su partido.

El candidato ya ha irritado a algunos partidarios, al descartar gran parte de la retórica socialista que asustó a los inversores en campañas electorales anteriores. También incorporó a un magnate textil como su compañero de fórmula para estas elecciones, y obtuvo el respaldo de algunos ejecutivos de grandes empresas (ver aparte).

Si resulta victorioso, Lula podría tener que profundizar aun más su transformación, entregando ministerios a ex rivales y cerrando pactos con derechistas de la vieja guardia para asegurar su capacidad para gobernar. Sería presionado por los inversores a la hora de reemplazar al ministro de Hacienda,
Pedro Malan, y al presidente del Banco Central, Arminio Fraga, una dupla muy apreciada en Wall Street.

• Silencio

Lula ha guardado silencio sobre quién conformaría su gabinete, pero su partido ha sondeado empresarios locales y académicos para puestos clave. El candidato está en contra de mantener a Fraga, pero ha dicho que su jefe del Banco Central tendría experiencia técnica y de mercado, y entendería «las sutilezas del hambre y la pobreza». El partido aceptaría un jefe del Banco Central que no pertenezca a sus cuadros.

Los nombres que circulan por los medios para el gabinete económico de Lula incluyen a Henrique Meirelles, ex director general de banca global de FleetBoston Financial Corp., el ex ministro de Planeamiento Joao Sayad y Henri Philippe Reichstul, ex jefe del gigante petrolero Petrobrás. El legislador Aloizio Mercadante y Guido Mantega, ambos asesores de Lula, podrían figurar en el gabinete económico.


Dependiendo del grado de turbulencia del mercado, algunos analistas hasta se animan a decir que Fraga podría quedarse durante un período de transición, mientras que Cardoso y otros miembros de la «elite» empresarial seguramente jugarán un papel clave para aumentar la confianza de los inversores en el futuro presidente.

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