Un gobierno cada vez más debilitado
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¿Con el sacrificio de Rove estará Bush tratando de impulsar una nueva dinámica en su administración? ¿ Habrá cedido a las presiones de los miembros de su Partido Republicano, preocupados por el impacto de la caída en desgracia del presidente sobre las elecciones de 2008?
El analista Stephen Hess, de la Brookings Institution, lo niega terminantemente. «En ningún caso», confirma su colega Eric Davis. «Es como si el gallo pretendiera hacer aparecer el sol», dijo el propio Rove a la cadena de televisión CNN.
Ciertamente «la ausencia de Rove será un poco como Paul McCartney sin John Lennon. La música será diferente», declaró a la radio CBS News Wayne Slater, autor de una biografía de Rove, a quien Bush apodaba «el arquitecto».
«No habrá cambio en esta etapa. Cuando se llega al séptimo u octavo año (de gestión presidencial), los políticos ya no tienen casi nada para hacer», afirma Hess.
«Por otro lado, Rove era sobre todo asesor en asuntos internos y, con el Congreso bajo control de los demócratas, el presidente no puede apuntarse ningún éxito en ese ámbito», agrega. En lo que respecta a la política exterior, Rove no tiene ninguna influencia sobre ella.
Según Hess, «el genio de Rove consistió en hacer elegir a Bush en dos ocasiones, pero no ha sido nada exitoso como estratega en el seno de la Casa Blanca».
Davis tampoco aguarda un cambio de rumbo; a lo sumo, «un poco menos de flexibilidad en la reacción» de la administración frente a las realidades políticas, pero no un «cambio sustancial».
«Creo que se trata de una señal más de que la administración está reducida a la impotencia; la dimisión de Rove es apenas un indicio más de que hasta la próxima elección pasarán muy pocas cosas en el frente interno», dice.
«Si hay alguna política» de la administración hasta 2009, «será la política del veto», el arma más poderosa de que dispone Bush contra los proyectos de ley de los demócratas.



