23 de septiembre 2002 - 00:00

Un mandato de sólo 5 meses

La ajustada victoria que según todos los sondeos habría obtenido Gerhard Schröder sólo le dará cinco meses para gobernar. Después, volverá a entrar en campaña electoral, hasta terminar el mandato. Pero ¿es realmente posible en tales condiciones administrar el más importante de los países europeos y es, a fin de cuentas, tan relevante que quien lo haga sea democristiano o socialdemócrata?

Pocos meses después del voto de ayer, a partir de febrero de 2003, volverán a comenzar las elecciones en los lander, empezando ante todo por los de Hesse y Baviera. Schröder deberá gobernar con un ojo más que bien puesto en las campañas electorales regionales, no sólo por el interés político de gobernar los lander, sino también porque basta que falte el control de pocas regiones, a menudo basta con una, para que el partido que ganó la mayoría en el Bundestag pueda verse privado del control del Bundesrat, la Cámara de Representantes de las regiones, nombrada por los gobiernos de los estados federales.

Lo importante es que para gobernar realmente Alemania es necesario disponer de mayorías en ambas cámaras. De hecho, dos de cada tres leyes alemanas exigen una doble aceptación parlamentaria, ya que comportan consecuencias para las regiones. El voto del Bundesrat es indispensable incluso en nueve de cada diez veces en el caso de leyes más importantes, las que tratan precisamente de reformas.

La inmovilidad política es una de las razones por las que Alemania está perdiendo posiciones en Europa. Con un sistema de cinco partidos, en los gobiernos de la mayoría de los lander participan formaciones que en el plano federal están en la oposición: esto opone automáticamente los equilibrios del Bundesrat a los del Bundestag.

El último gobierno Kohl tuvo cinco meses de «apagón» legislativo en el Bundesrat. Desde hace aproximadamente un par de años, Schröder suspendió las reformas. Por otra parte, desde que las políticas presupuestarias y monetarias están reguladas a nivel europeo, los gobiernos nacionales pueden crearse márgenes de maniobra sólo mediante «reformas estructurales»: cuestiones fiscales, pensiones, trabajo y «welfare».

Pero en un clima de alternancia electoral y de punto muerto parlamentario, cualquier reforma produciría enfrentamientos radicales y acabaría por tener sus costos -en términos de consenso-más altos de lo normal. Así, no es casual que durante la campaña electoral ni Schröder ni Stoiber hayan rechazado públicamente el catálogo de las reformas necesarias para el país.

Así, sin embargo, no sólo no obtendrán probablemente las mayorías parlamentarias necesarias, sino siquiera el mandato de los electores para las reformas.

El sistema europeo hace que las reformas sean más necesarias, pero también políticamente más difíciles. Bruselas, por su parte, se ofrece a hacerse cargo del coste político a través de la coordinación común, pero lo que piden a Europa los gobiernos es algo bien distinto: que amplíe los límites del gasto público (asistencia y rentas para los ciudadanos), es decir, una medida que se pueda implantar con una simple mayoría parlamentaria «de determinado signo», con beneficios clientelares inmediatos.

Y es así como el clásico esquema político nacional «de las mayorías de determinado signo» acaba por entrar en contradicción con una Europa que pide implícitamente reformas realizadas con grandes coaliciones y que de hecho desplaza la contienda política del interior del país al exterior, es decir, entre los países europeos.

Se trata de un problema ligado al federalismo. En Alemania, los lander que mejor funcionan son aquellos en los que reinan desde hace años mayorías estables: Baviera, Baden-Württemberg o Renania del Norte-Westfalia.
En Baviera, la CSU tiene la mayoría absoluta desde hace 50 años y el programa de inversiones que la convierte en región puntera de la tecnología europea se llama «Baviera 2020». Ni siquiera Napoleón se planteaba horizontes similares. Pero apenas Stoiber se ha presentado en el escenario nacional, ha redimensionado sus ambiciones.

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