5 de mayo 2010 - 12:50

Un perfil de los tres candidatos

En lugar del duelo esperado, las elecciones británicas se transformaron en la lucha de un trío, conformado entre el primer ministro laborista saliente, Gordon Brown, el favorito conservador para reemplazarle, David Cameron, y el liberal demócrata Nick Clegg, invitado sorpresa.

Gordon Brown: el primer ministro heredó un partido desgastado por el poder cuando sucedió en 2007 a Tony Blair sin pasar por las urnas. Respetado por su seriedad y su dominio de los temas, paga su falta de dotes comunicativas. Impopular, amenazado de un golpe en su propio partido, retrasado en los sondeos, acumula las desventajas. Este escocés de 59 años cometió durante la campaña un sonado patinazo cuando trató de "sectaria" a una viuda, olvidando que llevaba un micrófono. Para sus detractores, este episodio ilustra su carácter irascible, expuesto en un libro reciente. Hijo de un pastor presbiteriano, Brown entró joven en política. Elegido diputado en 1983, trabó amistad con Blair. Cuando los laboristas llegaron al poder en 1997, obtuvo la cartera de Finanzas. Le atribuyeron entonces el fuerte crecimiento del país. Convertido en primer ministro, cometió un error al renunciar en 2007 a convocar elecciones anticipadas. Su gestión de la crisis fue elogiada en el extranjero, pero no bastó para recuperar su popularidad en Gran Bretaña. Sarah, su esposa, ha tratado de "humanizar" la imagen del inquilino de Downing Street.

David Cameron: líder de los 'Tories' desde 2005, ha llevado a su partido a las puertas del poder tras 13 años de oposición con un conservadurismo "moderno y compasivo". A sus 43 años, el popular "Tony Blair de derecha" renovó la agenda conservadora, introduciendo nuevos temas como la ecología, y prometió defender los servicios públicos fundamentales como la educación y la sanidad. Pero también denunció la omnipotencia del Estado y aboga por un drástico recorte inmediato del gasto público. Su amplia ventaja en los sondeos (más de 20 puntos en 2009) se redujo progresivamente, y sufrió durante la campaña la emergencia de Nick Clegg. De origen aristocrático, entró a trabajar con los 'Tories' al salir de la Universidad de Oxford en 1998, fue durante un tiempo asesor del primer ministro John Major y luego director de comunicación en el grupo de medios privado Carlton. Es diputado de Witney, cerca de Oxford (centro), desde 2001. Su esposa Samantha, directora creativa de una empresa de papelería de lujo, ha estado muy presente en la campaña.

Nick Clegg: en sólo semanas, se convirtió a los 43 años en el político más popular del Reino Unido gracias a los primeros debates televisados inéditos. Sus rivales lo critican por haber roto el molde tradicional del bipartidismo, aunque también lo cortejan ante la perspectiva de un eventual gobierno de coalición. Buen orador, ha puesto al mismo nivel a los "dos viejos" partidos, el Laborista y el Conservador, presentándose como el abanderado del cambio, y prometiendo una reforma profunda. Este europeísta, políglota --habla también holandés, alemán, francés y español-- y ateo no ha dudado en defender sus posiciones más polémicas, en particular sobre la Unión Europea y la inmigración. Férreo defensor de las libertades civiles, empezó a trabajar en 1996 en el equipo del Comisario Europeo de Comercio Leon Brittan, antes de ser elegido diputado europeo en 1999. Desde 2005 representa en Westminster a la circunscripción de Sheffield Hallam (nord). Asumió las riendas de los Lib Dems en 2007. Está casado con Miriam González Durántez, una abogada española especialista en Comercio, con quien tiene tres hijos.

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