30 de enero 2026 - 13:42

Una provincia petrolera de Canadá busca la independencia en medio de la disputa entre Mark Carney y Donald Trump

Se trata de Alberta, uno de los lugares más ricos del país. No obstante, su deseo tampoco es incorporarse a EEUU.

Una ciudad separatista de Canadá vuelve a abrir la polémica entre Trump y Carney.

Una ciudad separatista de Canadá vuelve a abrir la polémica entre Trump y Carney.

AP

Desde hace más de un año, Donald Trump instaló una provocación que muchos interpretaron como una burla, y que terminó teniendo efectos políticos concretos en su insistencia en que Canadá debería transformarse en el “Estado número 51” de Estados Unidos. Aunque la anexión luce inviable, el planteo coincidió con la reaparición de una tensión interna que dejó de ser marginal y obligó al primer ministro Mark Carney a pronunciarse públicamente.

El foco está puesto en Alberta, una de las provincias más ricas del país, y que está atravesada por un reclamo separatista que ganó volumen, estructura y calendario propio.

Lejos de cualquier intención de sumarse a Estados Unidos, el movimiento que crece en el oeste canadiense impulsa una salida mucho más radical: abandonar la federación y constituirse como un Estado soberano.

La discusión recordó al Brexit y reavivó un viejo fantasma que Quebec sostuvo durante décadas, pero que ahora encontró en Alberta una base económica poderosa y un contexto político propicio.

Mark Carney Primer ministro de Canadá
Mark Carney desea retener a Alberta.

Mark Carney desea retener a Alberta.

Un origen que los separatistas consideran impuesto

Desde Edmonton, el médico cirujano Modry, una de las voces del movimiento independentista, explicó que la pertenencia de Alberta a Canadá no nació de una decisión popular. Según su interpretación, el punto de quiebre ocurrió en 1905, cuando las actuales provincias de Alberta y Saskatchewan quedaron incorporadas a la Confederación sin consulta previa.

“La gente que vivía en las regiones de Alberta y Saskatchewan el 1 de septiembre de 1905 no votó para unirse a Canadá. Fueron anexados”, afirmó. Para los separatistas, aquel proceso no constituyó un acuerdo federal sino una absorción forzada que marcó un siglo de relación desigual.

Como sustento histórico, Modry citó una declaración de Sir Clifford Sifton, ministro del Interior en 1904: “Deseamos que el gran comercio de las praderas del Oeste sirva para enriquecer a nuestra gente en el este, para levantar nuestras fábricas y lugares de trabajo”. En esa frase, sostuvo, se explica el vínculo económico que consideran injusto hasta hoy.

Petróleo, transferencias y resentimiento fiscal

El eje central del conflicto se apoya en los recursos energéticos. Alberta concentra las principales reservas de petróleo de Canadá, y desde el independentismo denuncian que esa riqueza fue sistemáticamente transferida al poder central.

Modry aseguró que la provincia giró cerca de un billón de dólares a Ottawa a lo largo de décadas mediante mecanismos de ecualización fiscal. “No nos devolvieron ni un centavo de eso”, afirmó, y calificó al esquema como “confiscatorio”.

Según su planteo, cada año Alberta envía unos 75.000 millones de dólares al gobierno federal y recibe apenas 30.000 millones, además de sobrefinanciar el sistema nacional de pensiones y el seguro de empleo. A eso sumó restricciones a la exportación de crudo, como la prohibición de buques cisterna en la costa oeste, y los impuestos al carbono impulsados desde Ottawa.

La brecha cultural entre Canadá y EEUU

El reclamo no se limita a balances fiscales. Para los separatistas, existe una diferencia de valores irreconciliable entre el oeste y el este canadiense. Modry describió a Alberta como una sociedad que prioriza los derechos individuales, en contraposición a lo que definió como una visión colectivista del poder central.

“La cultura en Alberta cree que si cuidás los derechos individuales, cuidarás los derechos de la sociedad”, sostuvo, y agregó que la lógica inversa “no funciona”. En ese marco, cuestionó lo que denominó una “agenda globalista” orientada a homogeneizar estilos de vida y limitar autonomías provinciales.

Los derechos de propiedad aparecen como otro punto sensible. “En Canadá no tenemos el derecho a poseer armas de fuego”, afirmó, al vincular esa restricción con una defensa más amplia de la soberanía individual y provincial.

donald trump
Trump desea anexar Alberta a EEUU.

Trump desea anexar Alberta a EEUU.

El proyecto político

Durante años, estas tensiones se expresaron como descontento difuso. La Política Energética Nacional impulsada por Pierre Trudeau en la década de 1980 consolidó ese resentimiento. Sin embargo, el escenario actual es distinto: el independentismo dejó de ser una consigna y se convirtió en una estrategia política concreta.

El grupo Stay Free Alberta, liderado por Mitch Sylvestre, CEO del Alberta Prosperity Project (APP), lanzó una campaña para reunir 177.732 firmas antes del 2 de mayo, el requisito legal para forzar un referéndum oficial. Ese avance fue posible tras la reforma de la Ley de Iniciativa Ciudadana, impulsada por la premier Danielle Smith, que redujo las exigencias para convocar consultas populares.

Aunque Smith mantuvo una postura ambigua, desde el movimiento separatista afirmaron que la presión interna sobre el Partido Conservador Unido (UCP) es creciente. “Sería un suicidio político para el gobierno provincial no realizar el referéndum”, sostuvo Modry.

Donald Trump y las sospechas de injerencia

La insistencia de Trump obligó al independentismo a marcar distancia. Pese a que sondeos internos indicaron que hasta el 70% de los separatistas más duros considerarían una anexión a Estados Unidos, la conducción del movimiento descartó esa opción.

“Convertirse en parte de los Estados Unidos ni siquiera está sobre la mesa”, enfatizó Modry. “¿Por qué saltaríamos de la Agencia de Ingresos de Canadá al Servicio de Impuestos Internos (IRS) de los Estados Unidos?”, ironizó.

No obstante, la relación con Washington generó suspicacias. Según reveló Financial Times, dirigentes del APP mantuvieron al menos tres reuniones en el Departamento de Estado para explorar escenarios financieros ante un eventual triunfo del independentismo. Esa información llegó rápidamente a Ottawa y elevó la tensión política.

En respuesta, Mark Carney, acompañado por primeros ministros provinciales —entre ellos la propia Danielle Smith— reclamó públicamente que Estados Unidos “respete la soberanía canadiense”. El malestar creció luego de que el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, describiera a Alberta como “un socio natural” y alabara su espíritu “muy independiente”.

Alberta- Canadá
Según los separatistas, Alberta envía unos u$s75.000 millones al gobierno federal y recibe apenas u$s30.000 millones.

Según los separatistas, Alberta envía unos u$s75.000 millones al gobierno federal y recibe apenas u$s30.000 millones.

Las dudas económicas

Pese al entusiasmo de los impulsores, los datos muestran un apoyo limitado. Según CBC, alrededor de tres de cada diez habitantes de Alberta votarían por la independencia en abstracto, pero ese respaldo cayó a la mitad cuando se plantearon consecuencias concretas como la pérdida de pensiones o el impacto en el nivel de vida.

Economistas como Trevor Tombe, de la Universidad de Calgary, cuestionaron la viabilidad del proyecto. “Una Alberta separada sería una Alberta más pobre”, advirtió, y calificó las promesas fiscales del APP como una “fantasía”. Según sus cálculos, eliminar impuestos abriría un agujero de 80.000 millones de dólares imposible de cubrir.

Además, recordó que Alberta no tiene salida al mar y depende de oleoductos y corredores logísticos que atraviesan territorio canadiense, lo que otorgaría a Ottawa un fuerte poder de negociación.

La contraofensiva federalista

El independentismo también encontró una respuesta organizada. El movimiento Forever Canadian, encabezado por el exlegislador Thomas Lukaszuk, reunió más de 404.000 firmas para exigir que Alberta permanezca en Canadá.

Lukaszuk comparó una eventual secesión con experiencias traumáticas como el Brexit o la fuga de empresas de Quebec en los años 70, y advirtió sobre un obstáculo legal clave: los tratados con las Primeras Naciones, que no dependen de una provincia sino del Estado federal.

“Trascienden las fronteras provinciales”, explicó, y sostuvo que Alberta no puede redefinir de manera unilateral esos acuerdos. También planteó interrogantes prácticos sobre infraestructura, comercio y acceso a puertos, todos hoy bajo control federal.

Mientras la confrontación política entre Trump y Carney escala, incluso con amenazas arancelarias, en Alberta la discusión ya no gira en torno a la existencia del independentismo, sino a su alcance real. Para Modry, el referéndum llegará y el resultado será favorable. Las encuestas, por ahora, cuentan otra historia.

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