¿Qué tienen en común los carpinchos y las criptomonedas?

Negocios

Cada vez es más importante para las organizaciones contemplar cuestiones de impacto ambiental o social al desarrollar proyectos. Casos e historias de un problema que puede convertirse en oportunidad.

¿Qué tiene que ver el ecosistema de los carpinchos con la minería de criptomonedas? Más de lo que parece. En las últimas semanas, uno de los proyectos inmobiliarios más exitosos de la Argentina y una de las industrias fundamentales del mundo fintech sufrieron cimbronazos por temas ambientales.

Mientras que un aumento de la población de carpinchos generó una polémica que derivó -entre otras repercusiones y memes- en una crítica de una ministra del Gobierno nacional a Nordelta, el consumo de energía que demanda el proceso de creación de criptomonedas -lo que se llama comúnmente minería- generó el rechazo de China, con el consiguiente impacto en la valoración del Bitcoin.

Las organizaciones que no contemplan variables ambientales -muestran éstos y muchos otros casos- corren el riesgo de fracasar. Cada vez más emprendedores y empresas lo entienden por las buenas, o por las malas.

“En los últimos años, a nivel global, las grandes empresas comenzaron a ver que los riesgos ambientales y los conflictos sociales, ya sea directa o indirectamente asociados a un negocio, se convierten fácilmente en riesgo económico y financiero”, explica Lucas Peverelli, socio director de Business & Sustainability, consultora especializada en triple impacto.

El experto pone el ejemplo de la empresa P&G y los incendios en California: la empresa fue condenada judicialmente por el fuego más devastador de la historia de ese estado de EEUU, que se inició por una línea eléctrica de la empresa que estaba en mal estado. “Lo comprendieron porque lo sufrieron”, argumenta.

A esto se le suma la presión social producto de la “sensibilización y nueva conciencia”, explica Peverelli, de los consumidores por estas temáticas, que deviene en mayor presión desde los accionistas y entidades financieras para entender qué se hace con el dinero que invierten.

La sustentabilidad ya no es una preocupación de algunos jóvenes “verdes” de áreas urbanas. "Estamos preocupados por el rápido incremento en el uso de energía fósil para el minado y las transacciones de bitcoin, especialmente el carbón", escribió Elon Musk en su emblemático tuit, que hizo que las acciones del Bitcoin se desplomaran un 10% en mayo de este año. El CEO de Tesla se alejaba así de esta alternativa de financiación por la que había apostado tres meses antes a partir de la compra de US$1.500 millones en Bitcoin, que las llevó a un precio récord.

La decisión estaba basada en datos. Según un análisis del Centro de Finanzas Alternativas de la Universidad de Cambridge, si el bitcoin fuera un país, consumiría más electricidad que Finlandia, Suiza o Argentina. Los datos son elocuentes: la minería de este tipo de criptomonedas sobrepasa los 17.000 kilotoneladas de dióxido de carbono al año.

Los nuevos estándares generan la reacción de las empresas. Globant, uno de los unicornios argentinos y referente digital, eligió trabajar sobre el concepto del presupuesto de carbono. “A la hora de definir proyectos, planes y estrategias hay que tener en cuenta dos presupuestos: el financiero y otro de carbono, con la distinción de que este último es fijo e implica determinar un límite de emisiones posibles para mantener la temperatura hasta 2030”, dice Elena Morettini, directora del Sustainable Business Studio de Globant.

Morettini impulsa una premisa: la transformación digital también deberá ser sustentable para lograr los dividendos económicos. Cita un estudio de Blackrock que refleja que la reducción de emisiones de dióxido de carbono generará que la economía crezca un 25% en los próximos 20 años, y luego al Boston Consulting Group, que arroja que las empresas que tuvieron buen desempeño en términos ambientales, sociales y de gobierno corporativo, mejoraron significativamente su rentabilidad y múltiplos de valuación, en contraposición con las que mermaron en esos aspectos. “Esto indica que, en la actualidad, la combinación entre rentabilidad y sustentabilidad es una condición para que las compañías prosperen”, enfatiza.

Plaza Logística es un ejemplo local que retrata esta oportunidad que se le abre a las empresas. La compañía desarrolladora de parques logísticos multiclientes colocó 1800 millones de pesos en la primera emisión sostenible de una compañía privada del país, a principios de este año.

“Desde sus inicios, la compañía incorporó a la sustentabilidad como estrategia del negocio. Entendemos que mejora nuestra gestión, agrega valor a nuestros grupos de interés y genera mayor eficiencia tanto en ahorros de consumos como en la planificación de nuestro crecimiento. Esto impacta de modo positivo en la sociedad y este aspecto ha sido central para establecer un vínculo de confianza y de largo plazo con los inversores”, explica Jimena Zibana, responsable de Sustentabilidad de la compañía.

“La sostenibilidad se está convirtiendo en el nuevo mainstream en los centros económicos mundiales. Por lo que, más allá de la vocación, existe una convicción fuerte en torno a la conveniencia de realizar este tipo de iniciativas”, dice Peverelli, de Business & Sustainability.

El triple impacto -aquel que contempla criterios económicos, sociales y ambientales- implica estar alertas para modificar prácticas y hasta incluso cambiar el core de negocio en pos de aportar valor a los stakeholders y a la sociedad. Una puerta que se abre a cualquier tipo de industria.

Hace 50 años se fundaba Automat Argentina S.A, con la premisa de brindar servicios de limpieza de conductos pluviales. Con el correr de los años la empresa, que tiene oficinas en Capital Federal, Provincia de Buenos Aires y Santa Fe, tomó la decisión de generar la nueva unidad de negocios de Industrias y Medioambiente, para desarrollar soluciones para empresas con grandes infraestructuras industriales y del agro, como Tenaris, Ternium, Bunge, Cofco, Molinos Agro, Loma Negra, Ledesma, Acindar, Shell, YPF, entre otras.

Este vertical de negocio, luego, pasó a ser el corazón de su propuesta, que implica potenciar los activos de alta complejidad a partir de distintos procesos sustentables: economía circular, vida útil de las estructuras y aplicación de tecnología para la gestión en vivo de los conductos. La iniciativa, asegura Juan José Lago, gerente del área, permite estar “a la vanguardia” en términos de cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible y ofrecer soluciones que persiguen los grandes jugadores globales.

El ejemplo de Automat le permite a Peverelli invitar a otras a sumarse al fenómeno. “Hay empresas que pueden estar postergando una integración de sus negocios con la sustentabilidad por miedo a ver afectadas sus operaciones o su rentabilidad”, explica Peverelli. El riesgo es perderse el tren, con consecuencias que van más allá de una polémica en redes sociales. “El establecimiento de nuevas regulaciones europeas, el retorno de EEUU al Acuerdo de París, la política ambiental de Biden, y la búsqueda por alcanzar la carbono neutralidad por parte de diferentes países para el 2050, son algunos de los puntos que permiten proyectar un crecimiento sostenido del fenómeno de la sustentabilidad”, dice Peverelli sobre el largo plazo y lo que viene.

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