Emanuel Jorge López encabezó hasta este viernes la presidencia interina de la Cámara de Cerveceros Artesanales de Argentina (CCAA). Previo a ocupar el lugar que dejó Martín Boan, era vicepresidente de la institución. Ahora, ocupará la presidencia Hernán Castellani.
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Emanuel López, de la Cámara de Cerveceros Artesanales: "Si el verano fue malo, en el invierno cerrarán más pymes del sector"
El presidente interino de la entidad alerta por márgenes de rentabilidad “directamente insostenibles”. Asegura que en muchos casos se vende ”al mismo valor o más barato" que hace un año y proyecta más cierres por menos consumo.
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Emanuel Jorge López, de la Cámara Argentina de Cerveceros Artesanales, e Inés López, su esposa.
Sin embargo, antes de retirarse del puesto, emprendedor pyme y fundador de Cerveceros San Isidro, Vicente López y San Martín, explica la situación del sector. En ese sentido, López es concluyente: “Si el verano ya fue malo, el invierno puede ser incluso peor”.
Por caso, puede contar el suyo. El protesorero de la Unión Industrial de San Martín mantiene la planta cervecera que produce la marca Portlander, empresa que invirtió más de un millón de dólares con la proyección de duplicar en cuatro años la producción de cerveza, de 100 mil litros a 200 mil litros mensuales.
Sin embargo, el número actual está muy por debajo de las expectativas: apenas 45 mil litros. “No llegamos a utilizar ni el 25% de la capacidad instalada. El contexto cambió por completo”, asegura el empresario. A continuación, la entrevista completa en Ámbito.
P.: ¿Desde cuándo ocupa el rol de presidente interino dentro de la cámara y qué cambios se vienen en la institución?
E.J.L.: Hace un poco más de un año, cuando renunció por motivos personales el presidente de la cámara, yo era vicepresidente. Me había sumado con la idea de acompañar, pero cuando él tuvo que dejar el cargo, quedé interinamente al frente. El desafío es grande, considerando que somos todas pymes y el sector viene muy castigado en los últimos años.
P.: ¿Cuántas pymes conforman la cámara y cómo están distribuidas en el país?
E.J.L.: El sector tiene altísima informalidad, está muy atomizado y con fuerte presencia federal. En total, estimamos unos 1.500 productores de cerveza artesanal en todo el país. De esos, en la cámara participamos alrededor de 120 pymes, que son las de mayor relevancia o con interés en el desarrollo sectorial a nivel nacional. Como pasa en todas las cámaras: podés tener miles de empresas en una actividad, pero las asociadas son muchas menos.
P.: ¿A partir de cuándo podría marcar que la cerveza artesanal gana lugar en el mercado?
E.J.L.: Si te vas a los pioneros, tenés casos como Antares en Mar del Plata en el año ‘98. Pero el dato clave es que en el 2000 la cerveza artesanal representaba apenas el 0,1% del mercado, y hoy está en torno al 3%. Aun así, somos 1.500 productores repartiéndonos ese 3%, mientras que dos grandes multinacionales concentran el 97% del mercado. Ahí tenés una gran disparidad: muchas pymes, mucho empleo -aunque con más informalidad- y, del otro lado, dos grandes jugadores: AB InBev y Compañía de Cervecerías Unidas (CCU). Aproximadamente, el mercado se reparte 70% a 30%. AB InBev tiene marcas como Quilmes, Patagonia, Budweiser o Corona, y CCU maneja Heineken, Miller, Imperial, entre otras.
P.: ¿Cómo describiría la situación actual del sector?
E.J.L.: Hubo un crecimiento muy gradual hasta 2013-2014, pero en 2015 llegó el boom: se abrieron bares por todos lados, sobre todo en Palermo, como después pasó con las cafeterías de especialidad o el pádel. Eso nos permitió crecer, reinvertir y multiplicarnos. Entre 2015 y 2018 tuvimos épocas muy buenas. Después empezó a complicarse: más competencia, menos margen y menos volumen. También pasó la moda. Desde 2018 en adelante, el negocio se volvió más difícil. Bajó el consumo y eso nos pega directo, porque dependemos mucho de eso. Cuando el poder adquisitivo cae, lo primero que se recorta es el gasto en salidas, y ahí entra la cerveza artesanal. Además, no nos ayuda que somos un poco más caros que la industrial. La cerveza artesanal no es un producto de lujo, pero si una cerveza industrial vale $1.000 y una artesanal $2.000, esa diferencia pesa.
P.: ¿Y a partir de la pandemia, qué cambios se configuraron?
E.J.L.: En 2020, la pandemia nos obligó a reconvertirnos. Con los bares cerrados, que eran nuestro principal canal, tuvimos que pasar a venta directa: delivery, casa por casa, como cuando arrancás. También cambiaron los hábitos: el consumo se volvió más individual, más de tomar algo en casa. Y a nivel global hay una tendencia clara: hace tres años seguidos que cae el consumo de alcohol. Hay varios factores. Uno es el wellness: las nuevas generaciones consumen menos alcohol. Otro es la situación económica global, con más restricciones al consumo. Y en Argentina, además, las leyes de alcohol cero también influyen. Por ejemplo, en Argentina el consumo de vino per cápita en la década del 70 estaba en el orden de los 90 litros y el año pasado estuvo en el orden de 15 litros. De 90 litros a 15 litros en cinco décadas. Vemos una caída fuerte y una gran preocupación de la industria en general, de las bodegas, de las cerveceras y, sin duda, lo que representamos nosotros que somos las cervecerías artesanales.
P.: Haciendo foco en el mercado local, ¿cuál es la caída registrada de los últimos años?
E.J.L.: Desde 2023 a 2024, la caída estuvo en torno al 20% en volumen. Luego, de 2024 a 2025 siguió cayendo, pero menos, ya en el orden de un dígito, por debajo del 10%. Y de 2025 a 2026, lo que vemos es que la tendencia sigue siendo negativa. Algunos creen que puede estabilizarse o crecer levemente, pero entre los socios de la cámara la sensación es que la baja continúa.
P.: Entiendo que el principal desafío se basa en sostener márgenes de rentabilidad…
E.J.L.: Nosotros tuvimos el peor enero de nuestra historia, hablando ya de mi empresa. Y más allá de que uno pueda haber hecho cosas bien o mal, lo cierto es que es algo que se repite en todo el sector. El problema no es solo la caída del volumen, sino también de la rentabilidad. Estamos en una situación medio ficticia en la que pareciera que no hay inflación, pero la semana pasada el combustible subió 10% y la luz 20%. Y cuando vas a trasladar eso a precios, el cliente no te lo acepta: te dice directamente que no compra. Entonces, tenés costos que suben muy por encima del IPC -en nuestro caso, la malta ya aumentó dos veces en lo que va del año, ni hablar de servicios, fletes o combustibles-, pero con precios totalmente planchados. En algunos casos estamos vendiendo al mismo valor que hace un año o incluso más barato, porque para mover stock tenés que hacer promociones. Así, terminás con menos volumen y menos margen. Y hoy, salvo alguna excepción, la mayoría de las cervecerías está en una situación directamente insostenible.
P.: ¿Cómo impacta la apertura de importaciones en el sector?
E.J.L.: Nos pega mucho por un tema de costos relativos. Para darte un ejemplo: una lata vacía con tapa nos cuesta alrededor de 30 centavos de dólar, y la etiqueta unos 20 centavos. Es decir, ya tenés 50 centavos de dólar solo en la lata y la etiqueta, trabajando en escalas razonables para nosotros. El problema es que ese es, más o menos, el precio al que se vende una lata de cerveza en el mundo. O sea, nosotros ya gastamos esos 50 centavos antes de producir nada: sin prender la luz, sin pagar sueldos, sin abrir la fábrica, sin fletes. Y además, ese costo lo tenemos que pagar por adelantado para que el proveedor nos entregue. En ese contexto, hoy te encontrás con cervezas importadas, de Alemania o Brasil, que se venden a $900. Y así es muy difícil competir.
P.: Le quiero preguntar puntualmente por su propia planta de la marca que administra, Portlander. Proyectaban más que duplicar la producción de -100 mil a más de 200 mil litros- pero hoy están en torno a los 45 mil litros mensuales. ¿Qué pasó?
E.J.L.: Nosotros en 2020 hicimos el cambio del barril a la lata y lanzamos también una línea de productos sin alcohol, en particular una malta orientada a la comunidad venezolana, que es muy numerosa en Buenos Aires. Con eso, más la venta en latas y el cambio del modelo de negocio -del bar al consumo en casa, delivery y mercadito-, empezamos a crecer. En 2021, post pandemia, hubo un rebote de la categoría, los bares se reactivaron y por primera vez superamos los 100.000 litros mensuales. Eso fue hacia diciembre de ese año. A partir de ahí, con una lógica emprendedora de seguir creciendo, decidimos invertir: compramos un predio de 2.000 m² en San Martín y armamos una planta nueva, con la idea de duplicar la capacidad y llegar a 200.000 litros por mes. El problema es que, mientras avanzábamos con la inversión -que lleva más de un año entre obra, instalaciones y montaje-, el negocio empezó a caer. Y así, el año 2022 fue peor que 2021, 2023 peor que 2022 y 2024 peor que 2023. Entonces, uno toma una decisión con un escenario en la mano -en nuestro caso, vendiendo 100.000 litros por mes- y cuando terminás de ejecutar el plan, el contexto cambió por completo. Hoy, con el diario del lunes, uno podría decir que quizás convenía quedarse en la planta anterior, más chica y alquilada, sin hacer una inversión tan grande. Pero en ese momento la apuesta era crecer. Y eso no se dio: hoy estamos vendiendo alrededor de 45.000 litros por mes, y no todo es cerveza propia, porque también hacemos marca blanca para terceros, en producciones chicas. En definitiva, tenemos una planta pensada para 200.000 litros mensuales y hoy no llegamos a utilizar ni el 25% de la capacidad instalada. Estamos en un punto crítico.
P.: ¿Cuánto invirtieron en ese periodo y cómo logran sostenerse con este nivel de producción?
E.J.L.: La inversión total, entre el predio y la planta, supera el millón de dólares. Es un proyecto familiar, sin financiamiento tradicional: no hay tasa ni plazo de devolución. Eso ayuda, pero igual el negocio hoy no es sustentable. ¿Cómo nos sostenemos? No pagamos alquiler, mi mujer y yo -que somos los dueños- no cobramos sueldo y, cuando hace falta, hacemos aportes para cubrir gastos.
P.: ¿Tuvieron que ajustar estructura?
E.J.L.: Por ahora no. Mantenemos al equipo completo, que son 16 personas. Pero claramente es un esfuerzo, porque solo el alquiler de una nave como esta (la planta), estaría en torno a los u$s 5.000 mensuales, y hoy el negocio no lo generaría. También estamos buscando eficiencia: instalamos paneles solares y hoy cubrimos más del 50% del consumo eléctrico en horario pico.
P.: ¿Se registran cierres de locales de cerveza artesanal? ¿Cuántos?
E.J.L.: Sí, muchos. No tengo un número preciso, pero estimo que cerca del 10% del sector cerró el último año. Lo que está pasando es una reconfiguración: fábricas que cierran, marcas que continúan produciendo en otras plantas, socios que se juntan, estructuras que se achican. Lo que creo es que este año, lamentablemente, el invierno va a ser muy duro. Si el verano ya fue malo, el invierno puede ser incluso peor. Probablemente cierren más cervecerías y haya una reasignación de litros. Entonces, los que logren aguantar, por desgracia de otros, van a poder crecer un poco en volumen para sostenerse. Igual eso no implica que el negocio mejore mucho, pero sí que, con algo más de volumen, quizás se puedan diluir mejor los costos fijos.
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