En los cultivos que se encuentran en el extremo norte de India, el problema no es solamente la falta de agua, sino el momento en que aparece. Ladakh recibe menos de 100 milímetros de lluvia por año y depende casi que en su totalidad del deshielo para sostener su agricultura.
Glaciares artificiales en el Himalaya: la innovación que salva las cosechas en el desierto helado
En Ladakh, hay torres de hielo que almacenan el caudal que sobra durante el invierno y lo liberan meses después, cuando los cultivos más lo necesitan.
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En Ladakh, las bajas temperaturas y la escasez de agua obligaron a buscar nuevas formas de proteger la agricultura.
Los arroyos llevan un caudal abundante durante el verano, pero en abril y mayo, cuando los agricultores necesitan regar cebada y manzanos recién sembrados, pueden estar secos. Para reducir ese desfase nació una solución simple y llamativa, guardar agua en enormes conos congelados durante el invierno.
El desafío de Ladakh: extrema sequía en medio del hielo
Ladakh es un desierto de alta montaña donde las precipitaciones son muy escasas. A pesar de estar rodeada de hielo y glaciares, la región puede sufrir falta de agua durante uno de los momentos más importantes del calendario agrícola. El problema aparece porque el deshielo natural no coincide con las necesidades de los cultivos. Los mayores caudales llegan durante el verano, pero en abril y mayo todavía no hay suficiente agua disponible.
Ese período es fundamental para regar los campos y permitir que empiecen a crecer cultivos como la cebada y los manzanos. Durante el invierno pasa lo contrario, existe agua que puede terminar bajando por los cursos naturales sin ser aprovechada para la siguiente temporada.
La solución fue encontrar una manera de guardar ese excedente durante los meses más fríos y liberarlo lentamente cuando comienza la primavera.
Sonam Wangchuk y la invención de las “estupas de hielo”
La idea tomó forma en 2013 de la mano del ingeniero ladakhí Sonam Wangchuk, aunque tenía un antecedente. En la década de 1980, Chewang Norphel había desarrollado glaciares artificiales horizontales a través de represas de piedra que permitían acumular agua congelada en sectores sombríos.
El sistema funcionaba, pero exigía alturas superiores a los 4.000 metros, laderas orientadas al norte y bastante mantenimiento para impedir que el hielo desapareciera rápido. Wangchuk buscó otra alternativa y se concentró en cómo guardar la mayor cantidad posible de hielo exponiendo la menor superficie al sol.
La respuesta fue construirlo hacia arriba. Los conos verticales pierden hielo más lentamente que una superficie plana con el mismo volumen, ya que presentan una menor zona expuesta a la radiación solar. Por su parecido con las construcciones budistas típicas de la región, estas torres recibieron el nombre de “estupas de hielo”.
¿Cómo funciona un glaciar artificial sin usar electricidad?
El sistema no necesita motores ni energía externa, ya que funciona solamente con gravedad, presión de agua y las bajas temperaturas del invierno. El agua se toma de un arroyo ubicado a mayor altura y se transporta por una tubería enterrada para evitar que se congele durante el recorrido.
La diferencia de altura genera la presión suficiente para hacer que el agua salga hacia arriba por un caño vertical. Durante las noches de invierno, cuando las temperaturas están muy por debajo de cero, el agua pulverizada se congela al instante y cae alrededor de la estructura.
Con el paso de las noches se forman nuevas capas y el cono empieza a crecer. De esta manera, el agua que normalmente seguiría su curso río abajo queda almacenada como hielo hasta que las temperaturas de primavera comienzan a derretirla.
El primer prototipo fue construido durante el invierno de 2013 a 2014 en el campus de SECMOL, la escuela alternativa fundada por Wangchuk, a unos 3.170 metros de altura. La estructura alcanzó aproximadamente siete metros y logró guardar cerca de 150.000 litros de agua.
Los cálculos iniciales indicaban que se derretiría por completo a comienzos de mayo, pero resistió hasta el 18 de ese mes, lo que permitió liberar agua durante uno de los momentos más críticos para los cultivos. Después llegaron proyectos mucho más grandes, algunas estupas superan los 20 metros de altura y pueden conservar millones de litros.
La técnica se extendió desde Ladakh hacia otras zonas del Himalaya y llegó también a Nepal, Pakistán, Kirguistán, Mongolia, Suiza y Chile. De todas formas, no puede aplicarse en cualquier lugar, ya que necesita inviernos suficientemente fríos y una fuente de agua situada a mayor altura para que la gravedad haga funcionar el sistema.







