5 de agosto 2026 - 17:30

De desempleada a crear un imperio de u$s200 millones borrando errores: quién fue la creadora del corrector

Ante la necesidad creó un producto que cambió para siempre el trabajo de oficina y le brindó una fortuna inmensa.

Liquid Paper esmalte blanco corrector
Pexels

La mayoría de los negocios millonarios más grandes nacen de un problema de todos los días, y eso fue exactamente lo que pasó con una mujer que transformó una dificultad laboral en uno de los útiles escolares más exitosos del siglo XX. El impacto de este producto fue tan grande que sigue siendo usado hasta el día de hoy.

Sin inversores, sin estudios universitarios y con la responsabilidad de mantener sola a su hijo, Bette McMurray encontró una solución muy simple para una tarea que millones de personas repetían todos los días. Esa creatividad cambió su vida y terminó con la venta de su compañía por una fortuna.

De una solución para sus errores en la oficina creó una fortuna.

De una solución para sus errores en la oficina creó una fortuna.

Una simple solución a su problema: cómo Bette McMurray creó el Liquid Paper

Bette Clair McMurray nació en Dallas, Estados Unidos, en 1924, dentro de una familia de clase media-baja. Su madre era artista plástica y administraba una tienda de lanas, mientras que su padre trabajaba en un comercio de repuestos para automóviles. La falta de recursos económicos hizo imposible que Bette pudiera acceder a estudios universitarios.

A los 17 años dejó la escuela y se casó con Warren Nesmith, para poco tiempo después tener a su hijo, Michael, mientras su esposo participaba de la Segunda Guerra Mundial. Cuando él regresó al país, la relación ya atravesaba una crisis muy fuerte y el matrimonio terminó en divorcio en 1946.

Con un hijo muy chico y sin respaldo económico, Bette decidió estudiar secretariado para conseguir empleo. Poco a poco logró avanzar dentro de un banco hasta convertirse, en 1951, en secretaria ejecutiva del presidente del directorio. En ese momento cobraba u$s75 por semana, lo que apenas alcanzaba para cubrir sus gastos. En 1954 la entidad reemplazó las máquinas de escribir tradicionales por modelos eléctricos de IBM, por lo que las nuevas teclas eran mucho más sensibles y los errores eran más comunes.

En aquella época, una sola equivocación alcanzaba para tener que escribir nuevamente toda la hoja, ya que no existían herramientas para borrar una letra equivocada ni archivos digitales para corregir el texto. Bette recordó entonces una enseñanza que había aprendido de su madre: "Cuando un pintor se equivoca, no descarta el cuadro completo, simplemente cubre el error con una nueva capa de pintura".

Con esa idea preparó una mezcla de témpera blanca de secado rápido y empezó a llevar pequeños frascos al banco. Cada vez que se equivocaba, pintaba sobre la letra incorrecta, esperaba unos instantes y volvía a escribir encima. El método llamó la atención de otras secretarias, que empezaron a pedirle el producto, lo le permitió descubrir que la solución podía convertirse en un negocio.

Después del horario laboral siguió haciendo pruebas en la cocina de su casa, buscó información en bibliotecas públicas sobre pinturas y pigmentos, además de consultar a un profesor de química para perfeccionar la fórmula hasta obtener un líquido que cubriera el papel para que se pudiera escribir encima.

Al principio bautizó el emprendimiento como Mistake Out Company, aunque todavía tenía que combinar esa actividad con su trabajo en el banco porque no podía afrontar el costo de una patente, que era de u$s400, lo que significaba más de un mes de salario para ella.

Un simple error la ayudó a cambiar su vida.

Un simple error la ayudó a cambiar su vida.

El error que le permitió dedicarse a su empresa y generar millones

Durante varios años, Bette mantuvo rutina doble. Cumplía su jornada en el banco y, por las noches, fabricaba los frascos junto con su hijo Michael (ya adolescente) y algunos de sus amigos, que colaboraban en el envasado y la preparación de los pedidos. El gran cambio de su vida llegó en 1958, cuando al redactar una carta oficial del banco, firmó el documento con el nombre de su empresa en lugar del de la entidad financiera.

Ese error provocó su despido, pero también se convirtió en la oportunidad que necesitaba para dedicar todo su tiempo al emprendimiento. Ese mismo año logró reunir el dinero suficiente para registrar la marca y solicitó la patente. También reemplazó el nombre original por uno mucho más recordado: Liquid Paper.

El producto empezó a crecer al punto que las grandes compañías como IBM y General Electric empezaron a hacerle pedidos, mientras que la producción dejó la cocina familiar para mudarse a una planta propia. Para el 1964, la empresa comercializaba 260.000 frascos por año y apenas cuatro años después, en 1968, el número subió a 1 millón de unidades anuales. A mediados de la década de 1970, las ventas alcanzaban 25 millones de frascos por año.

El éxito llamó la atención de grandes empresas internacionales y en 1979, Gillette compró Liquid Paper Company por u$s47,5 millones. Si se actualiza esa suma por inflación, serían unos u$s200 millones. Bette falleció en 1980, menos de un año después de concretar la venta, tras sufrir un accidente cerebrovascular. Tenía 56 años y un patrimonio de u$s50 millones.

Antes de su muerte creó dos fundaciones dedicadas a respaldar a mujeres artistas y emprendedoras. También dejó u$s25 millones a su hijo Michael Nesmith, quien se volvió famoso en todo el mundo como integrante de The Monkees y luego desarrolló una carrera exitosa como productor audiovisual.

Te puede interesar