El verano 2026 comenzó para Flybondi con un escenario que sintetiza muchos de los dilemas del negocio aerocomercial low cost. En apenas dos semanas del nuevo año, la aerolínea acumuló 125 vuelos cancelados, una cifra inédita para la compañía desde que comenzó a operar en Argentina en 2018.
- ámbito
- Negocios
- Líneas Aéreas
Líneas aéreas: la crisis de Flybondi expone los límites del modelo low cost en su versión más preocupante
La combinación de sobreventa agresiva de pasajes, una flota muy ajustada y la dependencia de leasing temporarios dejó a la compañía sin margen para absorber contingencias, según los expertos.
-
Vuelos: en un año récord para la aviación comercial argentina, una low cost tuvo la mejor performance del mercado
-
El Gobierno iniciará un sumario administrativo a Flybondi por cancelaciones en los vuelos
Flybondi canceló 125 vuelos y afectó a unos 22.000 pasajeros en las últimas semanas.
El impacto fue inmediato: alrededor de 22.000 pasajeros varados, protestas en aeropuertos clave del país y una advertencia formal de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) sobre posibles sanciones por cancelaciones sin aviso previo.
La empresa atribuyó los problemas a una serie de imprevistos operativos. En un comunicado difundido este jueves Flybondi sostuvo que su operación “se encuentra en proceso de regularización” tras “afectaciones registradas en parte de su programación durante los últimos días”, y dijo que “lamenta los inconvenientes ocasionados a los pasajeros”.
Según explicó, los inconvenientes se originaron en problemas técnicos en dos aeronaves, en un avión afectado por una tormenta de granizo en el aeropuerto de Córdoba, y en la demora en la incorporación de cuatro Airbus A320, que comenzaron a operar esta misma semana.
Desde la empresa, el mismo comunicado además destacó que, desde el inicio de la temporada alta, realizaron más de 3.400 vuelos y transportaron a 566.000 pasajeros, y que con la incorporación de cuatro nuevos Airbus A320 ya operan con 11 aeronaves bajo modalidad wet lease (incluye tripulación), además de su flota en dry lease (alquiler sólo del aparato).
El mensaje buscó transmitir un mensaje de normalización inmediata, pero el daño ya estaba hecho y las quejas de los pasajeros se multiplicaron exponencialmente en medios de comunicación y redes sociales.
Según pudo saber Ámbito, la aerolínea no descarta sumar dos aviones que están en mantenimiento en México para completar la flota que deberá garantizar los servicios comprometidos también para febrero.
Sin embargo, para analistas del mercado aerocomercial argentino, el origen del conflicto excede largamente una sucesión de eventos fortuitos. “La sobreventa es un factor que influye, sobre todo por la necesidad de hacer caja, con promociones agresivas y pasajes vendidos con mucha anticipación. Así, cuando llega el momento de concretar el vuelo, a veces no hay aviones disponibles”, explicó una fuente del sector que pidió reserva de identidad.
Otra fue aún más directa al resumir la lógica del negocio: “Low cost: tarifa pequeña, flota pequeña, riesgos grandes”.
El trasfondo de un problema recurrente
Entre la información que circula, hay cifras que corroboran que las demoras y cancelaciones son un problema recurrente en Flybondi que se hizo sentir a lo largo de todo el año pasado.
Según la consultora especializada Adventus, que mide estos ratios en el sector, durante 2025 Flybondi registró un 45,71% de incumplimientos. En cambio, la otra low cost que opera en el país, JetSmart, tuvo apenas un 18,77%. Muy cerca del 17,65% de Aerolíneas Argentinas.
Ahora, en las primeras dos semanas de 2026 el mismo relevamiento indica que las partidas en horario representaron un 30% de los vuelos, en tanto que el restante 70% se repartió en partes casi iguales entre demoras y cancelaciones.
Con esos datos, la pregunta que se plantea en el sector es por qué una compañía que consiguió sumar volumen y experiencia vuelve a enfrentar una crisis operativa que no parece afectar con la misma intensidad a otras aerolíneas que operan en el país, como Aerolíneas Argentinas o JetSmart. Para algunos analistas, según consultas realizadas por Ámbito, la respuesta está en “la política de caja”.
Es sabido que las aerolíneas venden pasajes con meses de anticipación y necesitan financiar su operación diaria. En el modelo low cost, esa lógica se extrema. Ofrecer tarifas muy bajas exige una eficiencia operativa casi perfecta. “Cualquier error o imprevisto se paga caro, en plata o en reputación”, advierten en el sector.
Para maximizar ingresos, las compañías recurren a la sobreventa de pasajes, una práctica habitual en la industria, pero que requiere cálculos finos.
El mecanismo, denominado overbooking, se basa en modelos matemáticos y estadísticos complejos. Las aerolíneas analizan datos históricos de no presentación (no-shows), tasas de cancelación, comportamiento por ruta, temporada, horario y hasta variables climáticas.
A partir de esas proyecciones, venden más asientos que la capacidad real del avión, bajo el supuesto de que un porcentaje de pasajeros no se presentará.
El objetivo es evitar asientos vacíos, ya que el costo de reubicar a un pasajero suele ser menor que el ingreso perdido por un asiento que vuela vacío.
Además, la gestión de ingresos incorpora precios dinámicos y segmentación de clientes. Un asiento no tiene un precio fijo: varía según la demanda, la anticipación de la compra y el perfil del pasajero.
Todo eso se integra con la planificación de flota y la proyección de demanda futura. El problema aparece cuando esas proyecciones se apoyan en supuestos demasiado optimistas sobre la disponibilidad real de aviones.
En el caso de Flybondi, según coinciden varias fuentes, la combinación de sobreventa agresiva, flota ajustada y dependencia de leasing temporarios dejó a la compañía sin margen para absorber contingencias. Cuando uno o dos aviones salen de operación, el sistema colapsa. Y el colapso se traduce en cancelaciones masivas.
Las consecuencias económicas y legales
El impacto para la empresa no es solo reputacional, sino que también puede traer consecuencias económicas y legales. En Argentina, la normativa es clara respecto de las responsabilidades de las aerolíneas ante cancelaciones.
Establece que si un vuelo se cancela por causas atribuibles a la empresa y con poca antelación, la compañía debe ofrecer reubicación en el próximo vuelo disponible, endoso a otra aerolínea, o reembolso total.
Además, debe brindar comidas y bebidas si la demora supera las cuatro horas, alojamiento y traslados si supera las ocho, y garantizar medios de comunicación.
Si la cancelación se debe a fuerza mayor, como condiciones climáticas, o fue notificada con más de 15 días de anticipación, las obligaciones se reducen, pero siempre existe el deber de informar de manera veraz y oportuna y de reencaminar o devolver el dinero.
En este contexto, la ANAC advirtió a la empresa sobre las cancelaciones sin aviso previo, un punto especialmente sensible porque deja a los pasajeros sin margen de reacción.
La experiencia argentina no es un caso aislado, ya que el año pasado las principales aerolíneas low cost de Europa (Ryanair, Vueling y easyJet) enfrentaron una ola de retrasos y cancelaciones generalizadas. Sin embargo, en el mercado local los problemas más graves de demoras y cancelaciones afectan sólo a Flybondi.
Esta comparación refleja, según los analistas, que el modelo low cost funciona correctamente en contextos de alta eficiencia y previsibilidad, pero se vuelve extremadamente vulnerable cuando la demanda crece más rápido que la capacidad real de respuesta.
La crisis de Flybondi, aseguran, expone los límites de trasladar esa lógica a un mercado como el argentino, con infraestructura aérea tensionada, picos estacionales muy marcados y una dependencia creciente de flota alquilada, como es el caso de esta aerolínea.
La promesa de precios bajos y más rutas choca con la realidad de una operación que necesita precisión quirúrgica para no desbordarse.
De la megainversión a la crisis
La crisis estalló en un contexto paradójico. Hace apenas tres meses, Flybondi había presentado uno de los planes de expansión más ambiciosos de su historia, que fue reforzado y refrendado en diciembre con el anuncio de una inversión de u$s1.700 millones para ampliar la flota, pero recién a partir de 2027.
El 24 de septiembre de 2025, la compañía anunció la incorporación de 10 aviones para la temporada de verano 2025-2026, lo que le permitiría aumentar un 50% su oferta de vuelos respecto del año anterior y proyectar el transporte de 2,8 millones de pasajeros entre diciembre y marzo.
En paralelo, comunicó el lanzamiento de cuatro nuevas rutas, tres nacionales y una internacional, y un incremento del 40% en las frecuencias de los servicios ya existentes.
El corazón de esa estrategia era la flota. En septiembre, la compañía detalló que sumaría 10 aviones bajo modalidad ACMI, es decir, alquilados con tripulación incluida.
Esos aviones se integrarían a una flota estable de 14 aeronaves, con la que Flybondi proyectaba transportar 2,8 millones de pasajeros entre enero y marzo, un 56% más que en la temporada anterior.
Un mes más tarde, en octubre, la aerolínea presentó su programación de verano con un incremento de vuelos domésticos semanales que oscilaba entre el 69% y el 300% según la ruta.
Para el mercado, se trataba de una apuesta agresiva, alineada con la lógica low cost de crecer rápido, ganar participación y sostener tarifas bajas. Pero también dejaba poco margen de error.
Ese margen terminó desapareciendo cuando la planificación comercial chocó con la realidad operativa de una flota que no fue la prevista, con aeronaves en tierra y la particularidad de contar con una proporción elevada de aviones alquilados y con tripulaciones extranjeras.
Esa estrategia de contratos temporarios conlleva una fragilidad adicional: cualquier demora en la entrega de un leasing, cualquier problema contractual o técnico, impacta de manera directa en la capacidad real de volar.
Hoy, Flybondi vuela a 16 destinos domésticos, entre ellos Buenos Aires, Bariloche, Córdoba, Mendoza, Ushuaia y El Calafate, y conecta a Paraguay, Perú y Brasil.
Además, dispone de servicio propio de handling en el 80% de los aeropuertos donde opera. En números, desde 2018 transportó a más de 17 millones de pasajeros y emplea a más de 1.500 personas.
- Temas
- Líneas Aéreas
- Flybondi




Dejá tu comentario