El financiamiento para los proyectos presentados bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) fue uno de los temas analizados durante el 43° Congreso Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).
Los directores financieros de Sidersa y Pampa Energía coincidieron en que los recursos para concretar las inversiones están disponibles. Pero remarcaron la necesidad de ampliar las fuentes de crédito.
Florencia Donovan (moderadora), Marcelo Iribarne (Sidersa) y Adolfo Zuberbuhler (Pampa) en el panel de inversiones.
El financiamiento para los proyectos presentados bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) fue uno de los temas analizados durante el 43° Congreso Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).
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Los directores financieros de Sidersa y Pampa Energía, dos compañías con iniciativas ya aprobadas o presentadas bajo este esquema, coincidieron en que los recursos para concretar las inversiones están disponibles, aunque remarcaron la necesidad de ampliar las fuentes de financiamiento para acompañar el crecimiento previsto.
Durante el panel “Financiamiento e inversión”, Marcelo Iribarne, CFO de Sidersa, y Adolfo Zuberbuhler, CFO de Pampa Energía, analizaron el panorama de financiamiento para proyectos de gran escala y defendieron la viabilidad de las inversiones impulsadas por el régimen promovido por el Gobierno.
Desde Pampa Energía, Zuberbuhler sostuvo que el principal reto actual para las empresas no es la rentabilidad de los proyectos sino la obtención de fondos para ejecutarlos. La compañía participa en seis proyectos ya presentados bajo el régimen y prepara un séptimo, con inversiones totales que rondan los u$s18.000 millones.
“Todos los proyectos son grandes, por definición del RIGI. Todos son desafiantes y, por lo menos como CFO, el mayor desafío hoy es conseguir financiamiento”, afirmó el ejecutivo. Sin embargo, aclaró que existe una amplia variedad de fuentes de recursos y que el mercado ya está comenzando a responder.
Según explicó, una de las principales ventanas de financiamiento fue la colocación de bonos internacionales por parte de compañías argentinas. “Ya se llevan emitidos este año más de u$s3.000 millones sólo de bonos internacionales. El año pasado fueron alrededor de u$s9.000 millones. En total, casi u$s19.000 millones de financiamiento corporativo en los últimos años”, señaló.
No obstante, advirtió que esa fuente muestra ciertos límites debido a la concentración de emisiones provenientes principalmente de empresas vinculadas a Vaca Muerta. “Ese mercado está un poco saturado porque son los mismos fondos comprando las mismas compañías. El potencial es enorme, pero hay que ampliar la base de inversores que invierten en Argentina”, sostuvo.
Para el ejecutivo, la evolución del riesgo país y la consolidación de las reformas económicas serán determinantes para atraer nuevos capitales internacionales. “Si se abre esa puerta va a haber mucho más espacio”, resumió.
Además de los mercados internacionales, Zuberbuhler identificó otras fuentes potenciales de recursos. Entre ellas mencionó los bonos emitidos en el mercado local, los organismos multilaterales de crédito y, especialmente, el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES.
“Sería bueno que participe en los proyectos de infraestructura grande que tiene Argentina con tasas muy competitivas, porque son project finance y representan una buena inversión. Sería una nueva fuente de financiamiento de largo plazo”, afirmó en relación al organismo previsional nacional.
Incluso fue más allá al plantear una combinación entre los nuevos instrumentos financieros previstos por la regulación local y el patrimonio administrado por el FGS. “Una mezcla del FAL y el Fondo de Garantía sería espectacular”, aseguró.
Desde Sidersa, Iribarne aportó una visión complementaria basada en la experiencia concreta de la compañía, que desarrolla una inversión de u$s300 millones para construir una nueva planta siderúrgica destinada a la producción de aceros largos, un proyecto que se convirtió en el primer RIGI industrial aprobado.
La iniciativa tiene una característica singular: será la primera siderúrgica construida en Argentina en seis décadas. “Hace 60 años que no se construye una siderurgia en Argentina”, destacó el ejecutivo.
Según explicó, el proyecto avanza actualmente con un grado de ejecución cercano al 30% y apunta a incorporar tecnologías que permitan mejorar sustancialmente la competitividad de la industria nacional.
“Estamos incorporando una tecnología que hace ser competitivo respecto de los competidores entre un 20% y un 40%”, afirmó. A su juicio, la adopción tecnológica constituye una herramienta tan relevante como las ventajas cambiarias o fiscales para enfrentar la competencia internacional.
Iribarne explicó que dos tercios de la inversión son aportados por los accionistas de la compañía y que el tercio restante se financia mediante deuda. “El accionista está poniendo dos tercios del equity y el resto es lo que estamos financiando”, detalló.
La búsqueda de financiamiento no estuvo exenta de dificultades. Por tratarse de una empresa familiar con escasa tradición de endeudamiento, uno de los primeros desafíos fue convencer al directorio y a los accionistas de asumir un mayor apalancamiento financiero.
“Hubo un fuerte convencimiento al directorio y al accionista de endeudar y apalancar a la compañía, con todos los riesgos que sabemos que en Argentina conlleva la volatilidad”, explicó.
Inicialmente, la firma avanzó durante más de un año en negociaciones con organismos multilaterales como IFC e IDB Invest. Sin embargo, factores geopolíticos terminaron demorando la aprobación definitiva.
“Nos encontró en el momento de la guerra comercial de Estados Unidos. Este era un proyecto de acero fuera de Estados Unidos y básicamente nos pidieron tiempo para esa aprobación”, relató.
Ante esa situación, la compañía optó por cerrar un financiamiento alternativo con el banco ICBC por un plazo de cinco años. El criterio central fue lograr que los vencimientos de la deuda coincidieran con la generación futura de fondos del proyecto.
“Lo importante es matchear el financiamiento con el repago del proyecto”, explicó el CFO. “Estamos triplicando el tamaño de la compañía. Es casi un project finance para nosotros”, agregó.
Más allá de las dificultades puntuales para conseguir recursos, tanto Sidersa como Pampa Energía coincidieron en transmitir una señal de confianza respecto de la ejecución de los proyectos ya aprobados.
Consultado sobre si existe riesgo de que algunas inversiones anunciadas bajo el RIGI queden finalmente truncas por falta de financiamiento, Zuberbuhler fue categórico.
“La plata está viniendo. Hay proyectos que ya están financiados. Los que ya entraron en el RIGI están avanzados y otros están en procesos muy avanzados de financiación”, aseguró.
Para el ejecutivo, los riesgos actuales están más vinculados a eventuales demoras que a cancelaciones. “Yo creo que el peor escenario, cuando los proyectos son rentables, a lo sumo se pueden demorar. No veo hoy un riesgo muy grande”, afirmó.
Iribarne compartió esa visión y sostuvo que el régimen constituye una oportunidad concreta para atraer capitales e impulsar decisiones de inversión de largo plazo. “Es una buena oportunidad para que ingresen capitales y para que los accionistas decidan invertir”, señaló.