"Me ilusiono con un escenario optimista del turismo a partir del 15 de agosto"

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Sandro Gressani, empresario turístico y dueño de dos hoteles en Bariloche, aplaude "al presidente Alberto Fernández por las medidas que está tomando el Gobierno" y considera que "abrir las fronteras con Brasil durante el invierno sería una locura".

El jueves, cuando el reloj marque las 15.15, se cumplirán exactamente 9 años desde que el 4 de junio de 2011, el volcán chileno Cordón Caulle, cercano al paso fronterizo Cardenal Samoré, entrara en erupción y cubriera de cenizas volcánicas a toda la ciudad de Bariloche.

Fueron momentos de caos. Durante muchas horas la información fue casi nula. Los barbijos en las farmacias se agotaron en cuestión de minutos. Los supermercados se vieron desbordados por la gran cantidad de gente que se amontonaba para abastecerse. Protección Civil informaba constantemente a través del Segemar sobre el estado de la situación.

El cerro Catedral, San Carlos de Bariloche.

"Estamos haciendo fuerza para que abran el Cerro Catedral, porque es el ícono de Bariloche, genera turismo y tracciona al resto de las actividades y prestadores de servicios", cuenta Gressani.

"Aprendimos mucho de aquel episodio. Estuvimos casi un año y medio para recuperarnos. La crisis fue grande y nos pegó duro. Mucho tiempo sin recibir turismo, con vuelos parados y toda la actividad comercial en pausa. Sin embargo, aquello fue algo regional, era más fácil ver el camino a mediano plazo. El Covid-19 es un problema mundial, y no tenemos certezas de cómo vamos a salir", analiza Sandro Gressani, propietario de los hoteles Alma del Lago Suites & Spa y del Hotel Nevada.

"Hoy hay incertidumbre. Nosotros estamos haciendo fuerza para que abran el Cerro Catedral, porque es el ícono de Bariloche, genera turismo y tracciona al resto de las actividades y prestadores de servicios, pero si no hay vuelos, olvidémonos de abrir", confiesa Gressani, doctor en Ciencias de la Administración de profesión y "hotelero", por vocación, según reconoce el propio empresario.

Periodista: Muchos empresarios aseguran que la temporada de invierno está perdida. ¿Es así?.

Sandro Gressani: No, de ninguna manera. Tengo datos de que si la situación del coronavirus no se dispara a valores parecidos a los de Chile o Brasil y si se mantiene con un crecimiento controlado, a fines de julio o agosto empiezan los vuelos de cabotaje con las limitaciones de una nueva modalidad y con protocolos para turismo y viajes.

P.: La reformulo la pregunta: julio es un mes de temporada alta para los destinos de invierno. ¿Está perdido?

S.G.: Sí. Soy realista y creo que de julio nos tenemos que olvidar. Me planteo un escenario optimista a partir del 15 de agosto. No me cabe duda que esto se soluciona, es un tema de tiempos. Ya volveremos a la normalidad. A una nueva normalidad.

P.: Como empresario, siempre estuvo un paso adelante en materia de modernización e innovación. ¿Estaba preparado para una crisis de esta magnitud?

S.G.: Nadie está preparado para una crisis semejante. Pero nos estamos acomodando. Lo más difícil es adaptar las costumbres de la gente. El tema de los recursos humanos es complejo. Hay 80 empelados sólo en un hotel y hay que prepararlos, enseñarles las nuevas medidas. Todo va a cambiar, no sólo para los huéspedes, sino internamente. Por ejemplo, desde que llega un empelado hasta que se va, vamos a tener que seguir un protocolo muy estricto. Los uniformes deben ser higienizados y tienen que quedar en el hotel, tenemos que ampliar vestuarios y encarar varias reformas.

P.: Cambia la estructura de costos

S.G.: Sin dudas. Más allá de las reformas edilicias, hay otros costos a tener en cuenta. Por ejemplo, un termómetro digital cuesta 15 mil pesos y aumenta todos los días. Hace dos meses, ese mismo producto costaba 5 mil pesos. Se vende a valor dólar, como tantos otros insumos.

P.: Los brasileros no van a venir, los chilenos tampoco. ¿La temporada de invierno se puede salvar sólo con turista locales?

S.G.: Soy optimista que se va a trabajar, porque hay casi 9 mil pases de residentes y el esquí es una actividad al aire libre, lo cual es positivo en el contexto de pandemia. Por otro lado, lo que menciona de Brasil es muy cierto. Las fronteras van a quedar cerradas. Yo lo aplaudo a Alberto Fernández por las medidas que está tomando el Gobierno. En este caso, abrir las fronteras con Brasil durante el invierno sería una locura.

P.: ¿Cuánto le afecta a Bariloche la ausencia de turistas brasileros en invierno?

S.G.: Nos afecta enormemente. El año pasado, vinieron más de 20 mil brasileros con alto poder adquisitivo. ¿Sabe desde donde llegaron esos turistas?: de San Pablo, una de las ciudades más afectadas por el Covi-19. Hay que olvidarse de Brasil y también de Chile, ellos no van a venir hasta vaya a saber cuándo.

P.: ¿Cuanto cree que se resentirá la ocupación en sus hoteles en este escenario?

S.G.: Un 60% en invierno.

P.: ¿Y cuál es la estrategia para intentar recuperar ese porcentaje que a priori está perdido?

S.G: Trabajar muy fuerte con el mercado nacional. Nosotros estamos anticipando ventas con una política muy tentadora y responsable de compra futuro.

P.: Hablando de compra futura, muchos empresarios están vendiendo algo intangible, que no saben si van a poder ofrecer. ¿Cómo ve esto y que hace usted para diferenciarse?

S.G.: Me parece una irresponsabilidad vender algo que no se puede asegurar. En nuestro caso, pensamos en un producto con grandes descuentos pagando en forma anticipada pero pudiendo utilizarlo hasta diciembre de 2021. El cliente se vuelve dueño del producto y puede modificar hasta dos veces la reserva. También la puede transferir a otra persona, esta es una ventaja importante. En otras palabras, puede manejar su reserva casi como le parezca. Todo esto lo acompañamos con nuestros protocolos de seguridad que hemos llamados Alma Salud.

P.: ¿De qué se trata?

S.G.: Si bien higienizábamos todos los días, este contexto nos obligó a avanzar fuerte en el tema. Alma Salud nace de armar un protocolo que elaboramos conjuntamente con la Asociación de Hoteles de Turismo (AHT) y Swiss Medical, más información que recabamos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Secretaría de Salud de la Nación. También contamos con el asesoramiento de colegas de Italia, que ya están aplicando estos protocolos y están un paso adelante.

P.: ¿En qué consiste este protocolo?

S.G.: Todos los checkin y checkout se van a realizar a través de la web de Alma del Lago. Así, el pasajero cuando llega al hotel lo único que hará será agarrar la tarjeta magnética o el chip para ingresar en su cuarto. En el caso del checkout, la noche anterior se le envía al pasajero el estado de cuenta para que pague y haga todo el proceso online.

P.: ¿En el caso del desayuno, por ejemplo, habrá también un protocolo especial?

S.G.: Sí. Va a seguir siendo un desayuno buffet. Los alimentos van a estar protegidos por campanas de acrílico, el pasajero selecciona los productos, coloca su número de mesa y los mozos, que van a estar con barbijos, guantes y pinzas higienizadas, los sacan y se lo entregan al huésped. La vajilla es otro tema. El pasajero busca sus utensilios para desayunar que van a estar higienizados y fajinados, pero si lo prefiere puede optar por higienizarlos con alcohol 70/30 en la misma mesa que los retira.

P.: ¿Qué escenario se imagina pospandemia?

S.G.: Durísimo. Vamos a empezar a operar con no más de 35-40 habitaciones pospandemia. Se reducen las cartas de comidas, se reduce todo. Y con la inflación que va a haber, veo un panorama muy difícil, aunque no imposible. El invierno que viene con nuestra reeducación más una posible vacuna, va a ser muy diferente. Por suerte tenemos espalda y estamos acostumbrados a pelearle a las crisis, ya pasamos por cinco.

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