5 de febrero 2026 - 13:30

Uno de los locales que marcó a varias generaciones cierra definitivamente por dificultades económicas

La despedida de una pastelería emblemática reaviva la nostalgia: millones crecieron con sus sabores y hoy el barrio lo siente.

El cierre de un local histórico deja una huella en la memoria colectiva y marca el fin de una etapa.

El cierre de un local histórico deja una huella en la memoria colectiva y marca el fin de una etapa.

Freepik

Cuando una marca se vuelve parte de la memoria afectiva, su final golpea fuerte: no es solo un negocio, también es un ritual compartido. En tiempos en que la nostalgia mueve a millones de consumidores, el cierre de una pastelería histórica deja una pregunta incómoda sobre qué tan frágiles pueden ser los clásicos.

Eso es lo que pasa con Don Jacobo, una firma que acompañó cumpleaños, aniversarios y reuniones familiares en Bogotá y otras ciudades de Colombia. Tras años de complicaciones financieras, la empresa quedó sin margen para sostenerse y el proceso que la contenía se transformó en una despedida definitiva.

Panadería
Una marca que supo estar presente en celebraciones familiares durante décadas atraviesa su final tras una crisis.

Una marca que supo estar presente en celebraciones familiares durante décadas atraviesa su final tras una crisis.

Don Jacobo, una empresa llena de historia

La historia de Don Jacobo arrancó en 1987 como un emprendimiento familiar que, con el tiempo, se ganó un lugar de referencia en la pastelería colombiana. Detrás estuvo Jacobo Álvarez, quien apostó por una idea que iba a cambiar el gusto de muchos: tortas húmedas, en un mercado acostumbrado a opciones más secas.

Esa decisión no se sostuvo solo en recetas, sino también en una manera de construir identidad. La marca se asoció a momentos de celebración y a la idea de “llevar algo especial” a una mesa familiar, con una estética de vitrinas y productos que se volvió reconocible para varias generaciones.

Con los años, el catálogo encontró un emblema: la Genovesa, una preparación que surgió después de pruebas y ajustes hasta dar con una textura que conectara con el público. Su camino no fue inmediato, pero terminó instalada como un clásico, de esos que se mencionan sin necesidad de explicación.

La expansión acompañó ese prestigio. En su punto más alto, la empresa llegó a tener presencia en distintas regiones del país y sumó locales en ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga, entre otras. Esa capilaridad reforzó la idea de que se trataba de una marca “de toda la vida”.

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Durante años, Don Jacobo fue sinónimo de celebraciones y encuentros familiares en distintos puntos de Colombia.

Durante años, Don Jacobo fue sinónimo de celebraciones y encuentros familiares en distintos puntos de Colombia.

Qué pasó con la pastelería colombiana Don Jacobo

El cierre no ocurrió de un día para el otro. La compañía atravesó primero un proceso de reorganización, pero no logró reunir la espalda financiera para cumplir con los compromisos asumidos. Ante ese escenario, la Superintendencia de Sociedades ordenó la apertura de una liquidación judicial simplificada para Industrias de Alimentos Don Jacobo S.A.S., al considerar que ya no había chances reales de recuperación.

La decisión se formalizó mediante un acto del 13 de enero de 2026, bajo el marco de la Ley 1116 de 2006 y la Ley 2437 de 2024. Por ahora, no hubo una definición pública sobre qué pasará con los puntos de venta, los trabajadores y las marcas registradas: el proceso de liquidación será el que determine cómo se administran los activos y cuál será el destino final de su legado comercial.

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