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No todos son éxitos en la batalla de China contra la pobreza

La segunda economía del mundo ya logró beneficiar a 800 millones de personas en 40 años. Las claves: infraestructura, inversión pública, subsidio a la privada, turismo, organización social. La población urbana ya predomina. Pero el ritmo del ascenso social se ralentiza y la desigualdad crece.

Especial desde China - Lijiawan - Más de cuatro décadas atrás, en la China de Mao Zedong, el alimento era la preocupación del día. “¿Comiste hoy?”, se preguntaba la gente al saludarse, una frase que se asentó en el lenguaje coloquial y pervive pese a que las penurias ya no son las mismas. Desde que el Partido Comunista (PCCh) afianzó en 1982 el plan para la erradicación de la pobreza, más de 800 millones de personas abandonaron esa condición, un experimento titánico que culmina en 2020 y que promete convertir a sus ciudadanos en miembros de una clase “modestamente acomodada”. No obstante la hazaña, la persistencia de la desigualdad y el crecimiento de las carencias en las zonas urbanas significan una amenaza para el triunfo completo del proyecto.

Es temporada de lluvias y en la aldea Lijiawan el asfalto está cubierto por una fina capa de agua. Hace tiempo era un barrial, comentan sus autoridades, al sumar la renovación de los caminos entre los progresos que se han logrado en el último lustro. Este punto cardinal remoto, ubicado en la provincia de Hubei, sureste del país, es uno de los laboratorios sociales donde el Gobierno del presidente Xi Jinping desplegó toda la maquinaria para suprimir la miseria. Modelo de éxito, sus 844 habitantes conviven con tours oficiales sin inmutarse ante el asedio de las cámaras fotográficas.

De acuerdo con fuentes oficiales, el Estado destina el equivalente a 63 millones de dólares anuales para obras de infraestructura -ya culminaron la instalación de redes de agua potable, un sistema de tratamientos cloacales y una central fotovoltaica- y- la promoción de los sectores agrario y urbano. El trabajo se realiza en conjunto con empresas privadas, que encuentran en el pueblo mano de obra y recursos para instalar sus negocios, en este caso la pesca de agua dulce y la producción de hierbas medicinales. Así, desde 2015, la renta per cápita subió de 368 a 1.560 dólares.

“Aquí no hay pobres desde 2016”, afirma Wu Xinhua, jefe de la Oficina de Alivio de la Pobreza del Distrito de Huangzhou, quien relata que aunque el plan es del Gobierno, los resultados dependen exclusivamente del compromiso ciudadano. Organizados en cooperativas, cada uno de ellos debe formar parte del engranaje que mantiene vivo el progreso. Y su rol en el objetivo queda a la vista. Cada familia tiene en la puerta de su vivienda un letrero que la califica con entre una y diez estrellas de acuerdo con valores como higiene y participación en las actividades comunitarias. Un sistema cuyo premio es el reconocimiento social. Las “instrucciones” para conseguir los resultados óptimos y garantizar el porvenir también están plasmadas en murales por toda la zona.

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Lijiawan es solo una pieza más del macroproyecto oficial. “Reducir la pobreza rural ha sido una misión histórica de nuestro partido, y se ha dividido en cinco etapas desde 1949”, explicó Li Fujun, subdirector de Políticas y Regulaciones de la Oficina Pobreza y Desarrollo del Consejo de Estado, en una conferencia de prensa en la que participó Ámbito Financiero. “Hasta el momento, el volumen del sector vulnerable cayó en gran medida. De las 98.960.000 personas que integraban ese grupo en 2012, el año que inició la última fase, quedan unas 16.000.000, es decir, el 1,7% de la población del país”, agrega.

El programa, que puede diferir de una región a otra, también incluye la mudanza de poblados enteros -hasta la fecha ya se han trasladado a zonas de mejores condiciones a 80.700.000 millones de personas- y la mejora de las viviendas existentes. “El alivio puede llegar a través del estímulo de la producción, del traslado, de ayuda ecológica y educativa o de seguridad social. Los préstamos a empresas son otras de las herramientas que utilizamos”, afirma Li.

Pese a los logros, el motor se ha desacelerado. Hoy son 13 millones los chinos que abandonan la pobreza cada año, la mitad de los que lo conseguían en la década de 1990.

El Gobierno llega a la línea final de su plan con dificultades para cumplir sus objetivos en el Tíbet y en las regiones tibetanas de cuatro provincias (sur de Xianjing, Liangshan de Sichuan, Nujiang de Yunnan y Linxia de Gansú), todas ellas en zonas de montaña o con ambientes naturales adversos. Para mejorar su calidad de vida, se sopesa una relocalización, una medida con enorme impacto sociocultural resistida por sus habitantes, o inversiones a gran escala.

Por otra parte, China continúa transitando un desarrollo vertiginoso. Los planes del Gobierno lograron transformar por completo la distribución de la población y en 2012 la tasa de urbanización superó a la rural por primera vez en la historia. Este desplazamiento fue uno de los motores de la erradicación de la pobreza, pero el éxodo del campo a la ciudad vuelve a plantear desafíos. Cada vez que un campesino se muda a una localidad de manera espontánea, es decir, sin contar con el respaldo del Gobierno, no se beneficia con los mismos derechos que un ciudadano que lleva certificado de residencia oficial, que le permite acceder a ayuda en de salud y educación, entre otras áreas. Así, los que van por la libre quedan en una posición vulnerable y propensos a caer en la indigencia.

En paralelo, la brecha de riqueza se amplió en 2017 por primera vez en cinco años. El coeficiente de Gini, que suele emplearse para medir las diferencias entre ingresos de los habitantes de una determinada región, aumentó ligeramente a 0,465 desde los 0,462 de 2015, según datos proporcionados por la Oficina Nacional de Estadísticas (NBS). El cero significa que la renta de todos es igual, mientras que el uno muestra que todas las ganancias van a una persona. Como suplemento a ese resultado, China es hoy el segundo país con mayor cantidad de millonarios del mundo por detrás de Estados Unidos: 490 personas cuentan con fortunas de al menos 500 millones de dólares.

Si el compromiso para extirpar la pobreza no se acompaña con una decisión para combatir la desigualdad y el enriquecimiento de las élites, los esfuerzos pueden verse empañados en el país de la hoz y el martillo.

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