Coronavirus, economía y trabajo en un marco de "globalización invertida"

Novedades Fiscales

Las medidas de apoyo o asistencia han sido limitadas. Hasta el momento, se ha privilegiado a las situaciones de mayor riesgo y debilidad económica, pero teniendo en cuenta el gran deterioro de las actividades, la medida tendría que llegar a todos los sectores, para que resulte realmente un paliativo de la crisis.

No caben dudas que el mundo ha cambiado con la pandemia y -seguramente- cambiará bastante más. Más allá de las teorías conspirativas de creación del virus, lo cierto es que estamos frente a lo que se podría definir como una “globalización invertida”. Que quiero decir con esto: es una globalización impuesta desde factores externos totalmente inconcebibles en un momento dado que, obligan a reaccionar de forma distinta, de acuerdo con la política sanitaria, pero que tienen efectos económicos similares de difusión.

Claro está que, privilegiar la política sanitaria o la política económica conlleva distintos resultados.

En nuestro país se observó que la laxitud en medidas de aislamiento, aún en países con estructura sanitaria superior, generaba una situación tremenda en materia de contagio (ejemplos de Italia, España, EEUU y Brasil)

Se eligió entonces la política sanitaria en detrimento de la política económica y, necesariamente entonces la situación se complicó económicamente. Pues entonces, se pusieron en marcha una serie de medidas para paliar -en la medida de lo posible- la paralización de las actividades, producto del aislamiento impuesto por el ya famoso Decreto 297 del 20 de marzo.

1| Actividades y medidas de asistencia

Con esta medida comienza la distinción entre actividades esenciales y no esenciales, lo que, genera distintas situaciones en materia de actividad y trabajo. La lenta incorporación de actividades al campo “esencial” provoca, por ejemplo, una situación muy compleja respecto de muchas de las actividades industriales y una crisis muy profunda en actividades de gastronomía, turismo, transportes y enseñanza, por poner algunos ejemplos paradigmáticos de empresas castigadas por la pandemia.

Las medidas de apoyo o asistencia han sido limitadas. Hasta el momento, se ha privilegiado a las situaciones de mayor riesgo y debilidad económica a través del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia), el que, por estos días se ha comenzado a percibir por los beneficiarios. Esto es -en esencia-, desde el punto de vista del mercado laboral, atender al empleo no registrado y al trabajo intermitente.

Por el lado del empleo registrado se ha generado su preservación a través de la prohibición de despidos y suspensiones por causas económicas y de fuerza mayor (Decreto 329/20).

La contracara; es decir la atención de las empresas, tiene la variante del programa de asistencia al trabajo y la producción (Decreto 332/20, sus modificatorios y reglamentaciones) con las limitaciones que este programa tiene.

Está orientado -primordialmente- a disminuir levemente la carga patronal (diferimiento en la contribución al SIPA) y lo que es el punto más importante como medida, el llamado salario complementario que es, la participación del Estado en el pago de las remuneraciones del mes de abril (por ahora).

De todos modos, los problemas de implementación y los requisitos muy duros que ha impuesto la normativa, acarrean un deslucimiento de la medida. De los 490.000 empleadores que se inscribieron en el servicio ATP, hasta el momento 180.000 han recibido los plácemes del beneficio, algo así como el 36 por ciento del total.

Teniendo en cuenta el gran deterioro de las actividades, la medida tendría que llegar a todos los empleadores, para que resulte realmente un paliativo de la crisis. Especialmente a los pequeños y medianos empresarios que son quienes están sufriendo el peor embate. Tengamos en cuenta que, del total de empleadores registrados al mes de febrero de 2020, según las estadísticas de la AFIP (541.357), casi el 97 por ciento son empleadores de hasta 100 trabajadores en la nómina.

Tal vez, la mayor atención a la crisis empresaria esté llegando por el lado de la concertación. El decreto 329/20 que, como ya señaláramos estableció la prohibición de despidos incausados y suspensiones; dejó una ventana abierta a través de la concertación entre entidades gremiales y empresarias.

Es así que, a partir del acuerdo marco celebrado entre la UIA y la CGT, se han celebrado acuerdos sectoriales, con el objeto de concretar suspensiones y con ello una forma atenuada para el pago de los salarios y menor carga patronal (art. 223 bis LCT), sin detrimento alguno en el salario del trabajador.

En el marco del programa de asistencia, también se está intentado algún salvataje respecto de los trabajadores independientes. Recalco que, debe llamarse salvataje o y no “beneficio”, porque se trata de asistencia crediticia a través de un saldo disponible en una tarjeta de crédito.

En este tema, hay que tener en cuenta dos aspectos: 1) a partir del momento en que se produzca la primera acreditación del préstamo y hasta su cancelación total, estará vedada la posibilidad de obtener adelantos de efectivo con tarjeta (Comunicación 6993 BCRA); o sea que, la destinación del préstamo está referida a su utilización íntegra en gastos o compras, sin posibilidad de obtener el efectivo para otros destinos; y 2) el resumen de cuenta de la tarjeta debe discriminar el importe del pago de las cuotas de cancelación del préstamo de los demás conceptos. El pago parcial del total del saldo liquidado en el resumen de la tarjeta se imputará primero a la cancelación de la cuota, con lo cual, el saldo pendiente genera los intereses financieros establecidos por la entidad bancaria, con lo que ello supone en términos de costo financiero. Recordando también que el resumen de tarjeta de crédito es un título pasible de ser ejecutado, en los términos de los arts. 39 y subsiguientes de la ley N° 25.065

2| Efectos en la futura economía

Pero seguramente, esta crisis pasará. Lo que tenemos que avizorar son las secuelas y el necesario despegue de la economía.

Existe convencimiento de que, algunas cosas generadas por el encierro y la paralización han llegado para quedarse.

Es muy posible que este cambio se produzca muy fuertemente en el mercado del trabajo. El trabajo a distancia, teletrabajo y trabajo en plataformas con las modalidades actuales y algunas realmente novedosas, serán una realidad muy palpable. El distanciamiento, las nuevas formas productivas, generarán un cambio importante en las normas laborales.

En el campo económico sería deseable una renovada política tributaria. La pandemia ha provocado la ruptura de los esquemas de financiamiento del gasto. Debe tenerse en cuenta que, a pesar de la grave crisis no existe una sola medida de alivio respecto de la insostenible presión tributaria.

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