20 de febrero 2004 - 00:00

ALCA más lejos si Kerry es presidente

Salvo un acontecimiento no previsto, el Partido Demócrata elegirá al senador John Kerry como el nominado para enfrentar a Bush en las elecciones presidenciales del 2 de noviembre próximo.

Muchas encuestas de prestigio vienen puntualizando que, si la votación se realizase hoy, el candidato demócrata vencería al actual presidente, y si bien la inmensa maquinaria electoral del Partido Republicano recién comienza a entrar en acción, caben pocas dudas de que Kerry será un rival de peso en cualquier circunstancia que exista al momento de la votación.

Para un observador extranjero que viene siguiendo con atención las primarias demócratas, no puede dejar de impresionarle lo que se ha convertido en el tema principal de los debates que gira en torno al problema del desempleo y, mucho más importante, el temor de amplios sectores del electorado a la pérdida de sus fuentes laborales y a la dificultad de encontrar nuevos empleos una vez que fueron despedidos, o la empresa para la cual trabajaban cerró sus puertas.

La mayor parte de los electores que van a votar por el candidato demócrata lo harán porque estiman que Kerry defenderá los empleos de un modo mucho más efectivo que Bush, y lo hará adoptando una política mucho más dura en materia de acuerdos de libre comercio que se han convertido en el chivo expiatorio de todos los males que sufren los trabajadores estadounidenses.

• Reacción

A lo largo de las primarias demócratas fueron y siguen siendo reiteradas las críticas contra el NAFTA, el acuerdo comercial con China, los convenios de libre comercio firmados con Chile, Singapur y Australia; y los que se proyectan con los países centroamericanos y otras naciones. El proyecto de constituir un área de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego por la vía multilateral o por una red de acuerdos bilaterales a la carta no son para nada populares entre vastos sectores de la sociedad estadounidense, y no sólo entre los trabajadores de cuello azul. En efecto, la tendencia creciente y veloz de las empresas de contratar en el exterior la provisión de bienes y servicios que forman parte de lo que están produciendo al interior de los Estados Unidos, fenómeno que se conoce como offshoring u overseas outsourcing, está provocando una fuerte reacción entre los trabajadores de cuello blanco que perdieron sus empleos en beneficio de profesionales, técnicos, expertos, que están en condiciones de proveer lo que necesitan las empresas norteamericanas con igual eficiencia y calidad, pero a un costo que es apenas una fracción del que perciben sus colegas en el mercado laboral estadounidense.

A tal punto está llegando esta reacción contraria a lo que es una estrategia empresarial, que tiene una profunda racionalidad económica en un mundo intensamente competitivo, que se ha constituido un movimiento integrado por los profesionales que perdieron sus empleos por el fenómeno descripto, cuyo lema inspirador y motivador es «Get the jobs back», que traduce el malestar de importantes sectores de la clase media intelectual.

Si Kerry resulta electo como futuro presidente de los Estados Unidos, será muy improbable que continúe con la línea liberalizadora del comercio internacional fuertemente defendida por Clinton, y que comenzó a poner en práctica con la firma del NAFTA a pesar de la dureza de la oposición que hubo en ese entonces. Al actual senador por Massachusetts, de convertirse en presidente, le va a ser muy difícil eludir la presión de sus votantes, mucho más cuando él mismo viene proclamando que su principal objetivo en el gobierno será crear la máxima cantidad de nuevos puestos de trabajo, y defender los existentes a través de una línea mucho más dura en todo lo atinente a la concreción de convenios de libre comercio con otras naciones.

Para América latina, de convertirse en realidad un escenario tal, no obstante todos los matices diferenciales que puedan darse, forzaría al replanteo de todas las estrategias en el nivel macroeconómico o en el ámbito de la dirección de las empresas, las que estaban basadas en el supuesto fundamental de que para inicios de 2005, de un modo ortodoxo o heterodoxo, estaría en vigencia un esquema como el del ALCA. Los restantes espacios económicos del mundo de igual modo deberían reformular sus estrategias de política económica internacional a la luz de una nueva administración de los Estados Unidos, que ya no mostraría el mismo ímpetu liberalizador de Clinton y Bush.

Dejá tu comentario

Te puede interesar