Balance electoral 2003 cuenta cómo PJ licuó voto aliancista
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• La fragmentación electoral del PJ en 2003 (Kirchner, Menem, Rodríguez Saá) no sólo se explica por la pelea Duhalde-Menem. También puede atribuirse a la pérdida del control del Poder Ejecutivo por parte del PJ en 2001 y, con ello, de los incentivos financieros para mantener la disciplina partidaria provincial en un contexto federal presidencialista como el argentino.
• Otra razón es la desaparición de un contrincante político suficientemente fuerte que pudiera atravesar exitosamente la prueba del ballottage y aglutinar a la oposición dispersa.
• Cada uno de los candidatos justicialistas a las elecciones presidenciales de 2003 mostró un área de influencia regional alrededor de su propia provincia. Algo similar ocurrió en la región metropolitana de Buenos Aires y el Gran La Plata, donde cada candidato se hizo fuerte en alguna zona específica, aunque hubo un claro predominio de Kirchner debido al apoyo duhaldista.
• La situación fue muy diferente para la oposición, donde ningún candidato pudo mostrar un predominio provincial evidente, con excepción de algunos grandes centros urbanos como la Capital Federal (para López Murphy) o Rosario (para Carrió). La implantación geográfica de ambos candidatos se verificó mayormente en la región pampeana, con una presencia que varió (en el caso de López Murphy) según la importancia de los partidos provinciales que se incorporaron a su coalición electoral.
• Todos los votos que perdió el PJ en las elecciones de 2001 se recuperaron en 2003, distribuidos únicamente entre Menem y Kirchner en la primera vuelta.
• En cambio, de los votos que perdió la Alianza entre 2001 y 2003, más de 90% se distribuyó entre los tres candidatos peronistas (Kirchner, Menem, más Rodríguez Saá). En 2001, todos los votos que había resignado la Alianza con respecto a 1999, se habían orientado fundamentalmente hacia el voto negativo (en blanco o nulos).
• El voto aliancista de 2001 masivamente transferido a los candidatos del PJ en 2003 tuvo un origen mayoritariamente radical y provino principalmente de áreas rurales o pequeñas ciudades del interior del país.
• El voto cautivo radical se habría concentrado preferentemente en Menem y, en menor medida, en Kirchner.
• Los votantes que habían sufragado por Acción por la República en 1999 se distribuyeron en 2003 en todas direcciones, menos hacia el PJ o la UCR, los dos partidos tradicionales.
• La declinación del «voto bronca» en las elecciones presidenciales de 2003, con respecto a lo que había ocurrido dos años antes, tuvo una distribución muy particular: con excepción de la región metropolitana, López Murphy fue beneficiario de quienes en 2001 anularon su voto en zonas rurales y Carrió en urbanas.
• Otro dato, más sorprendente es que parte del voto que los partidos de izquierda captaron en 2001 y resignaron en 2003 se trasladó mayormente a Rodríguez Saá en la Capital Federal y el cordón más próximo del Gran Buenos Aires, el Gran Rosario y Chaco. En estas zonas, Carrió quedó ubicada en segundo lugar entre las preferencias de los votantes de izquierda. López Murphy, a su vez, recibió más votos transferidos desde la izquierda que desde ex votantes de Acción por la República. Mientras sigue pendiente la prometida reforma del sistema electoral, se percibe que los tiempos institucionales son más lentos que los políticos y éstos, a su vez, más lentos que los cambios de opinión pública del electorado.
• Es probable que la «transversalidad» y el realineamiento partidario sean lecturas apropiadas de algo que los grandes sectores de la ciudadanía ya vienen poniendo en práctica desde hace tiempo, o teóricamente nuevas herramientas de coyuntura para frenar la inercia estructural de los acontecimientos políticos. O sea, algo similar a lo que en su momento fue la Alianza, esa novedosa coalición política entre una segunda y una tercera fuerza nacional en aquella, ahora lejana, elección presidencial de 1999.
(*) Director de la Fundación Pent




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