Una de las cuestiones muy comentadas en nuestro país y en el exterior es la debilidad del crecimiento de la producción en Argentina. Si bien en general se dice que el modelo aplicado intenta generar un cambio estructural en la forma de producir, se observa que el mismo está impactando negativamente en los sectores de empleo intensivo, con sus perjudiciales efectos sobre la situación social.
Bienestar para pocos
La caída del consumo, el deterioro del empleo y la pérdida de poder adquisitivo reflejan las dificultades que atraviesa la economía argentina. El texto contrasta el modelo productivo de Argentina con el de Brasil y plantea el impacto de las actuales políticas sobre la actividad y la distribución del ingreso.
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Epígrafe:La actividad económica y el consumo muestran retrocesos, mientras los sectores intensivos en empleo continúan registrando caídas.
Los datos de consumo son un indicador claro de lo expresado. Según la encuesta del INDEC, las ventas en Supermercados y Autoservicios Mayoristas, sumadas ambas, llevan siete meses de descenso, habiendo acumulado en dicho periodo una caída interanual del orden del 2,7%, y del 12,7% si se comparan con igual periodo de 2023.
La información disponible de agosto sigue la misma tendencia. De acuerdo con lo informado por la consultora Scentia, las ventas en el conjunto de los canales comerciales cayeron 1,5% interanual y 0,7% mensual, mientras que en los primeros ocho meses de 2026 acumularon una contracción del 2,7%. Las caídas se registraron tanto en supermercados de cadena, como autoservicios independientes y autoservicios mayoristas. Si bien el comercio electrónico viene creciendo, como se alega desde las esferas oficiales, éste sólo resulta una parte mínima del comercio total, insuficiente para compensar la caída de las ventas en autoservicios.
No caben dudas de que estamos ante una crisis de ingresos y empleo. En la Ciudad de Buenos Aires, según lo indica el Centro de Estadísticas del Gobierno Autónomo, durante el segundo trimestre el desempleo llegó al 7,2%. En este marco, el dato más preocupante es que más de la mitad de la población subocupada se concentra en el grupo “demandante”, es decir, poseen un empleo, pero necesitan y buscan trabajar más horas para reforzar sus ingresos. El año pasado esa proporción era bastante menor: 34%.
En cuanto a los ingresos, si bien las últimas estadísticas de salarios totales del país correspondientes al mes de julio mostraron una leve suba real que no llegó al 1%, el acumulado del año continúa registrando una fuerte baja en el poder adquisitivo: comparado con igual periodo de 2023, los trabajadores privados perdieron un 5,9% y los empleados públicos un 21,5%.
Por otro lado, lejos de estar creciendo “a un ritmo vertiginoso”, como lo calificó el Presidente, la economía no repunta. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE, anticipador del PBI) indica que la producción se redujo en un 2,9% en julio con respecto al mes anterior y un 1,4% al compararla con igual mes del año pasado. Con este nivel, la actividad vuelve a ubicarse en valores similares a los de marzo 2025, reafirmando un escenario de estancamiento y eventual recesión. La marcha sectorial sigue mostrando la misma tendencia que meses anteriores: los sectores trabajo intensivos están achicándose: en el acumulado de los siete primeros meses del año, la industria se encuentra casi un 12% por debajo de igual periodo de 2023; algo similar ocurre con la construcción (-14,3%) y la actividad comercial (-5%).
Mientras continúen las actuales políticas, la mayor parte de la ciudadanía no la va a pasar bien. De hecho, los niveles de pobreza e indigencia se incrementaron durante el primer semestre de este año pasando del 28,2% en el segundo semestre del año pasado al 32,3% de la población y del 4,8% al 7,5%, respectivamente, con las limitaciones que imponen los desactualizados índices que utiliza el INDEC.
Los dos modelos
En el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrada en Nueva York, el presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva señaló: “Brasil dispone de los minerales críticos y las tierras raras indispensables para la transición energética global. El mundo entero está demandando estos recursos, pero debemos ser claros: la era en la que Brasil era un mero exportador de materias primas brutas ha terminado (…) El acceso a nuestras riquezas estratégicas tendrá como contrapartida innegociable la generación de valor agregado dentro de nuestras fronteras, la transferencia tecnológica y la creación de empleos de calidad para los brasileños”.
Las palabras del presidente Javier Milei contrastan con lo expresado por el mandatario brasileño: el argentino hizo hincapié en que “tenemos la energía que el mundo necesitará. Tenemos alimentos, tenemos minerales críticos”. Un ofrecimiento a los capitales internacionales sin poner condición alguna. Estas palabras de los jefes de Estado muestran el contraste de los dos modelos.
Y como hemos mencionado en otras oportunidades, el problema que enfrenta hoy Argentina es, precisamente, el modelo. Sin un cambio del statu quo, vamos hacia un esquema de distribución injusto, en el que, probablemente, el 20% de la población va a vivir muy bien y un 80% va a vivir muy mal. Mientras se siga ajustando el gasto, bajen los ingresos y la ciudadanía consuma cada vez menos, el ajuste se vuelve infinito.
Presidente Partido Solidario



