8 de octubre 2007 - 00:00

Carne: ¿el peligro es Brasil?

Entre los últimos grandes negocios de venta de empresas, algunos fueron frigoríficos que pasaron a manos brasileñas, lo que volvió a poner a la carne en el eje de las discusiones. Pero ¿realmente el problema es Brasil y esta novedosa tendencia a las adquisiciones en la Argentina?; ¿constituye un problema real que el principal socio del Mercosur posea hoy media docena de plantas sobre un total de 166 habilitadas localmente para la exportación?; ¿la concentración de demanda que algunos temen, es distinta a la que podían ejercer esas mismas plantas en manos de los empresarios argentinos?

Durante años se discutió en la Argentina sobre el porqué de la falta de interés internacional por los frigoríficos, mientras en los restantes rubros los cambios de manos de las empresas eran tan habituales como en el resto del mundo. El ejemplo más claro fue la década pasada, cuando la mayoría de las alimentarias importantes del país (lácteas, conserveras, molinos, bebidas alcohólicas, especies, etc.) pasaron a manos extranjeras. Pero en la carne, a pesar de la excelencia del producto, reconocido internacionalmente, los frigoríficos vacunos no llegaban a tentar a los inversores extranjeros.

Algunos señalaban los problemas sanitarios (aftosa) como la causa que terminaba inclinando la balanza en contra de las posibles operaciones. Otros hablaban de las irregularidades, especialmente impositivas, y la poca transparencia que ofrecía este mercado.

Lo cierto es que muchas carpetas, incluso con evaluaciones muy positivas, fueron quedando sin concretarse hasta hace uno o dos años, cuando en varios escritorios se «desempolvaron» esos proyectos, especialmente en empresas estadounidenses, y de las brasileñas.

Si bien los factores negativos locales siguen sin desaparecer, el abrupto cambio en la situación internacional determinó que comenzara a ponerse «la mira» en la Argentina. Por un lado, problemas sanitarios tan serios como la «vaca loca» (que no está en nuestro país) sacaron del mercado a varios competidores, mientras otros problemas también sanitarios, como la gripe aviar, reavivaban la demanda por las carnes rojas, actualmente encarecida por el creciente costo de los granos, principal insumo para producirla en buena parte del mundo.

  • Posición ventajosa

    La Argentina es uno de los pocos países que aún tienen potencial de crecimiento para la producción de carne de calidad, y eso la coloca en una posición de clara ventaja para las inversiones. Y no es casual que sean, justamente, Estados Unidos, hasta no hace mucho principal proveedor mundial de carne roja, pero que tuvo casos de «vaca loca»; y Brasil, actualmente el mayor exportador del mundo, pero con algunos problemas de calidad por sus condiciones de clima, etc., los primeros que avanzaran sobre las mejores empresas argentinas del ramo. Ambos son muy fuertes comercialmente y agresivos en materia de negocios. Uno se puede expandir sin «vaca loca» y el otro mejorando su oferta premium. Para entender de qué se habla, basta con decir que Brasil aumentó su rodeo en 50 millones de cabezas llevándolo ahora a 200 millones, y se convirtió en 10 años en el principal exportador del mundo desplazando a Australia y a los Estados Unidos. Mientras la Argentina limitó (¡!) sus ventas al exterior a apenas 500.000 toneladas, el vecino del Mercosur exportó 1,5 millón, sólo entre enero y julio este año, generando ingresos de divisas por u$s 2.550 millones, y aún le faltaban 5 meses para engrosar esa cifra. De esto, apenas 8.000 toneladas son Hilton, pero sus negocios y despegue no dependen, obviamente, de la pequeña cuota europea, que sí parece desvelar a los argentinos (empresas y funcionarios). ¿Qué hizo la Argentina en igual lapso?

    Si bien aumentó significativamente su productividad, al lograr mantener volúmenes similares de producción total de carne a pesar del desplazamiento de la ganadería, por la agricultura, a peores zonas; no logró una suba absoluta de producción. Tras una serie de medidas francamente negativas para la actividad (limitaciones al peso de faena, precios máximos, intervenciones en los mercados, etc.), el golpe de gracia fue dado por el cierre de las exportaciones en marzo del año pasado. A partir de allí, y con el avasallador y renovado avance de la agricultura, las posibilidades de recuperación ganadera se fueron alejando cada vez más y se llegó en los últimos meses a niveles de faena de hembras (incluso preñadas) considerados de «liquidación». Por supuesto que el potencial está, aunque es difícil que se exteriorice mientras no cambien las condiciones de política económica a que se somete a la actividad.
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar