31 de agosto 2007 - 00:00

Caso Menem, ¿es de Ripley?

Podrán decir que no ceja ante ninguna batalla, aun en retirada. Más, que la profesión (político no agremiado) carece de jubilación satisfactoria aunque perciba un emolumento. Pero el dato indica que Carlos Menem, a pesar de su última derrota en La Rioja -y de otros acontecimientos sociales no particularmente favorables-, podría insistir en candidaturas, en un regreso fantasioso a la Casa Rosada. Cierta comprensión popular, con benevolencia, dirá que el propósito parece temerario, alejado de la realidad electoral, disimulará tal vez una sonrisa. Ni hablar de los que no exudan benevolencia con el riojano.

El «Menem vuelve», casi una réplica burlona de otras consignas afines al peronismo (hablaban con sintonía más delirante de «Perón vuelve» cuando éste ya había muerto), dicen que se apoya en adherentes que no lo olvidan -en el hotel Presidente hay días en que recibe a más de 150 personas-, en encuestas que le asignan intenciones de voto que rondan 10% y en manifestaciones de acólitos como el ex senador Augusto Alasino, quien declaró hace 48 horas que «Menem se presentará a la próxima contienda electoral». Basado este anuncio, claro, en la naturaleza impregnada de ciertos animales humanos (también en los gallos de riña) siempre dispuestos a confrontar. Aun seguros de la derrota. O en la pertinacia de quienes han tomado la profesión con un espíritu deportivo que no repara en edades, resultados ni hinchadas.

  • Dificultad

  • Igual, por más que a Menem los sondeos le otorguen una consideración no demasiado distante de otros opositores al gobierno (aunque ninguno registra el «nunca lo votaría» que sí viene pegado con el riojano), tropieza con una intrínseca de estos tiempos y de otros candidatos: padece, comentan, escasez de recursos económicos para emprender una campaña. Si se observó ese fenómeno cuando compitió hace 4 años con el hoy presidente Kirchner (y su padrino no sólo electoral, Eduardo Duhalde) -al margen de que algunos, entonces, se hicieron un generoso agosto con esas partidas disponibles-, la penuria del faltante se advirtió nítidamente en la última competencia de La Rioja: allí el ex mandatario no descolló por la holgura, más bien fue sepultado por la munificencia de los otros dos contendientes (a propósito, ¿nunca habrá de investigarse el comercio en negro de las publicitadas casas de artefactos que proveen de esos materiales a votantes empadronados?). Nada cambió hoy frente a ese panorama de reciente carestía, se puede decir que en ese plano el estado de Menem parece mucho más complicado.

    Al margen de los mares escritos sobre la fortuna de Menem, de riquezas o pobrezas de imposible comprobación, lo cierto es que su capital no progresó en estos años si uno lo compara con el presunto esplendor recogido en los noventa. Para colmo, sucedieron ciertos acontecimientos desagradables con algunos de sus más íntimos amigos. Por ejemplo, es público que su asesor de décadas Alberto Kohan está sometido a un proceso judicial que justamente alude a ganancias e ingresos. Si esta vía de asistencia probable está bloqueada, también se sabe que otro colaborador más dadivoso como Armando Gostanian -hoy internado con serios problemas de salud y a quien el propio Menem fue a visitar esta semana- tuvo desencuentros familiares (al parecer, un conflicto con su propio hijo) que, en los últimos años, le impidieron colaboraciones, ayudas, presta o contraprestaciones. Se tejió alguna mitología o sospechas sobre esta situación, pero lo cierto es que la canilla también se cerró por ese lado.

    Quizá, por si esto no alcanzara, hubo otro percance ajeno más importante que lo inhabilita a Menem de apelar a ciertos desembolsos, aun a modo de crédito: uno de sus más famosos parientes, casi de cotización en Bolsa en su momento, tuvo la desgracia de incurrir en divorcio, nadie sabe si controvertido, pero de alta combustión en materia de reproches. Inclusive, hasta en el reconocimiento de herederos. Un drama, sin duda, aparte de la consiguiente secuela de castigos sobre el erario personal del mal casado y peor separado.

  • Problemas personales

    Todo esto sin mencionar las propias condiciones personales que afectaron a Menem, sea el distanciamiento con escándalo de su esposa chilena Cecilia Bolocco (con un hijo, Máximo, en el medio), la reaparición televisiva de un hijo extramatrimonial que no veía hace tiempo (Carlos Nair) y la poco sencilla integración de éste con su media hermana Zulemita (ambos, para ser justos, olvidaron disputas a la hora de acompañar al padre en la competencia riojana). Todos herederos, entre otros, seguramente reclamantes en vida como el conocido nieto Luca Bertoldi.

    Nadie se explica entonces, dentro de esa procelosa marea en declive, la posible voluntad de Menem por tentarse con repetir una candidatura. Un caso de Ripley quizás, y casi un sueño cumplido para el matrimonio Kirchner que ha construido gran parte de su fortuna política -sólo se habla de votos- gracias al riojano. Sorprende quizá porque se imaginaba para él, con más limitaciones que otros, el mismo destino silencioso y casi de exilio que les cabe a otros presidentes de la Argentina, de Raúl Alfonsín a Fernando de la Rúa o Eduardo Duhalde. Más cuando Menem dijo hace poco que sostenía la aspiración presidencial de Alberto Rodríguez Saá y, se supone, tampoco desea interferir en la candidatura de quien -por esos avatares de la vida- podría ser su consuegro, Jorge Sobisch (el hijo de éste, Federico, hoy vive acaramelado romance con Zulemita).

    Sólo se registran datos, albures enunciados por otros. No se vierten opiniones, podría decirse que esto refleja el fresco político de un país cuyo destino en ocasiones se vuelve tan incierto como su presente.
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