Chile prueba por qué debe apoyarse la innovación
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Se podría preguntar cuál es la importancia de estos datos. El informe chileno contesta:
Es sabido -en ello coinciden todos los estudios más recientes a nivel internacional- que el crecimiento está determinado por la productividad total de factores (PTF) más que por aumento en la cantidad de trabajo y capital, y la mayoría de ellos señala que el factor de mayor significación en el incremento de la PTF es la innovación tecnológica.
La clave es la innovación tecnológica, es decir, la generación de nuevas ideas y su implementación. Chile ya ha dado algunos pasos que pueden servir de experiencia:
Estableciendo incentivos impositivos para la inversión en investigación en todos los sectores.
Mejorando la relación entre Universidad y empresa, fomentando la creación de clusters académico-industriales.
Facilitando el acceso a la tecnología de las pymes para que puedan actualizar procesos de producción e investigación.
Fomentando el estudio de ciencias desde la escuela primaria,mediante la inserción de mayor cantidad de horas de matemática y luego de ciencias en la secundaria.
Creando institutos de enseñanza media con orientación científica, inclusive utilizando becarios o investigadores del Conicet como profesores.
Por su parte, China e India han utilizado también la mayoría de estas prácticas creando áreas de alta tecnología, como en Bangalore, con resultados tremendamente exitosos. Obviamente, todos estos pasos pueden realizarse, únicamente, en un ambiente de respeto a la propiedad intelectual. Esta situación no existe hoy en la Argentina: un país que no respeta la propiedad de bienes físicos menos va a respetar la propiedad intelectual. Pero la falta de respeto a la propiedad intelectual tiene otro problema: no respeta las nuevas ideas. De esta manera, el país pierde las dos cosas, la creación intelectual y la idea.
No podemos esperar. La pobreza hoy se mide en términos de cómo y cuánto se invierte en innovación. Si un país no genera ideas, difícilmente genere progreso y si no genera progreso, difícilmente mejore la calidad de vida de sus habitantes: es decir, está condenando a la pobreza y a la indigencia a gran parte de ellos. La Argentina como sociedad y la dirigencia política en conjunto no deberían permitirlo.




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