6 de febrero 2008 - 00:00

Clave: los bancos centrales deben coordinar ya esfuerzos

A poco de finalizada la Segunda Guerra Mundial, Thomas Lamont, director-gerente de JP Morgan le preguntó a su presidente Jack Morgan si no sería conveniente efectuar préstamos a gobiernos. Jack, que para algunos no había heredado todas las luces de su padre JP, le contesto: Mire Lamont, la única región donde se podrían dar esos préstamos sería hoy Sudamérica y exceptuando a la Argentina («o tempora o mores»), ninguno de los restantes tiene buena tradición de cumplimiento. La pregunta tenía su explicación, con una Europa arrasada y los Estados Unidos y Canadá reconvirtiendo su economía, la demanda de crédito era realmente escasa.

Una vez más se presentó esa disyuntiva o casi dilema ¿cómo salir a prestar, sin abandonar la prudencia, cuando los prestatarios no aparecen en el mercado y los depósitos siguen creciendo? Una situación semejante se presentó después que el brusco incremento del precio del petróleo provocara, al finalizar la primera mitad de los años setenta, una fuerte abundancia de fondos en el mercado internacional frente a una muy escasa demanda, consecuencia de la caída de actividad, por parte de las empresas de primera línea. Buscando un mayor spread aparecieron los primeros megapréstamos a gobiernos, que fueron considerados por muchos como una salida ingeniosa para mejorar la rentabilidad de los prestamistas. De esa forma cuando estalló la crisis de 1982, los nueve primeros bancos de los Estados Unidos de América registraban en sus balances préstamos a países en desarrollo no productores de petróleo por valores que representaban 2,2 veces sus capitales, estando concentrado en Brasil y México 90% de sus capitales.

  • Burbujas

  • De las diecinueve crisis bancarias, registradas en el mundo desde la segunda mitad de los setenta hasta el acuerdo de capitales mínimos (Basilea I) en 1988; siete obedecieron a burbujas especulativas en el sector inmobiliario. Debe señalarse que una de las más importantes se observó en los Estados Unidos de América, provocando la quiebra de la agencia de seguro de depósitos para el ahorro y préstamo de la vivienda que quedó a cargo de la Federal Deposit Insurance Corporationy dio lugar a la sanción de la FDICIA, (Federal Deposit Insurance Corporation Improvement Act) sancionada en 1991, que pauta una serie de ratios en los que a medida que representaban situaciones más comprometidas para las entidades financieras exigen mayores restricciones en lo que a su manejo se refiere.

  • Interrogante

  • Desde esa fecha hasta el momento, no se había registrado ninguna situación anormal en los sistemas financieros de los países miembros del G-7, que es precisamente donde geográficamente se ha iniciado el problema que hoy día aqueja a los mercados. Podemos preguntarnos cómo hemos llegado a esta situación, qué la provocó. Indudablemente una burbuja inmobiliaria, pero más que ello la forma en que entidades no bancarias y algunas bancarias otorgaron préstamos hipotecarios vulnerando las relaciones máximas entre valor de la propiedad y crédito, llegando en muchos casos a ser otorgados préstamos por 100% del valor de la propiedad. ¿Cuál es la respuesta de los bancos centrales ante esta situación?

    Examinemos tres recientes declaraciones de importancia. La primera de ellas es la efectuada por el presidente de la Junta de la Reserva Federal de Estados Unidos Ben S. Bernanke ante la Cámara de Representantes de su país, el 17 de enero pasado. Para la Fed la crisis se originó como consecuencia de las moras y situaciones de incobrabilidad registradas en créditos hipotecarios, lo que obligó a que muchos bancos generadores tuvieran que adquirir portafolio de las agencias y sociedades colocadoras, transformando cuentas de orden en pérdidas reales y restringiendo su posibilidad de otorgar nuevos créditos. El temor a que ello conduzca a una situación recesiva se considera el más probable riesgo por parte de la autoridad monetaria estadounidense lo que explica que poco después, el Comité de Mercado Abierto redujo la tasa en 75 puntos básicos. El gobernador del Banco de Inglaterra Mervin King en un discurso pronunciado el 22 de enero manifestó que el Reino Unido se encuentra en medio de dos frentes; el generado del problema hipotecario y anunciante de recesión; y el otro provocado por el aumento de los precios de las materias primas, especialmente alimentos y petróleo que preanuncia inflación. La posición británica es de cautela sin tomar ningún partido por el momento.

    Por el contrario, el presidente del Banco Central Europeo, el 23 de enero, manifestó ante el parlamento europeo que su mayor preocupación consistía en impedir la propagación inflacionaria y que ante los problemas registrados sería necesaria una más afinada supervisión, realzando la importancia de las nuevas recomendaciones acerca de capitales mínimos denominada Basilea II. Curiosamente, mientras se hacían estas afirmaciones, el Banco Société Générale anunciaba haber sido víctima de un fraude por 4.900 millones de euros. ¿Qué podemos esperar? Aparentemente las bolsas han dado señales de recuperación después de las estrepitosas caídas observadas desde el martes 22 de enero, pero queda pendiente la pregunta formulada por los gobernadores de los bancos centrales ¿se deberá escoger como objetivo alternativo estabilidad o crecimiento? ¿deberá reforzarse la supervisión bancaria? Podemos entrever algunas respuestas. Si los bancos centrales coordinan sus esfuerzos, es probable que se alcance una situación de estabilidad con leve crecimiento. En caso contrario, no se lograría ni lo uno ni lo otro, y se podría estar frente a una situación de «stagflation» es decir recesión con inflación. En cuanto a los aspectos concernientes a la supervisión bancaria creo que lo ocurrido demuestra que no existe ningún sistema que pueda, de por sí, presentarse como panacea, es decir ni supervisiones fuera de los bancos centrales o súper organismos como el FSA ( Financial Services Autority) británico aseguran por sí solo el éxito. Antes que nada, se debe actuar a tiempo, una vez más el dejar las cosas para luego, el célebre « forebearance» premia las malas conductas y castiga a los prudentes, de la misma manera que el costo lo asume la sociedad entera.

    (*) Ex vicepresidente del BCRA y presidente fundador de SEDESA.

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