19 de mayo 2005 - 00:00

¿Cuál es el techo de los precios?

Orígenes de las subas de precios. Existen dos causaspara las alzas de precios. Una es la desvalorización del dinero -la unidad de cuenta con que se miden los valores de las cosas-, que sucede cuando la oferta crece más que la demanda de dinero, generándose excedentes de base monetaria. Por ello, sostenemos que la emisión monetaria para comprar divisas no es inflacionaria. Pues, como ya explicamos en otras notas, se trataría de un cambio en la composición deseada de las tenencias de activos financieros. Los particulares demuestran querer tener más pesos y menos dólares. En cuyo caso, la emisión de pesos sería totalmente balanceada por la mayor demanda. Incluso si los que entregan dólares al BCRA, a cambio de pesos, lo hicieran para comprar bienes, al final del camino ello se neutralizaría con una mayor oferta de bienes del exterior, que se pueden adquirir con las reservas compradas por el BCRA. En tal caso, para asegurar la previsibilidad, es recomendable que el ente rector clarifique las condiciones en que revendería las divisas. La otra causa del alza de los precios se origina en los cambios que afectan a los precios relativos. Aquí destacamos tres fuentes de suba de los precios internos:

a) la mayor demanda interna de bienes no transables internacionalmente;

b) el aumento de precios de los bienes transables en el exterior, cuyos valores vienen determinados en dólares, en los mercados mundiales y no son afectados por nuestras decisiones;

c) las autorizaciones de ajustes a las tarifas que se mantuvieran por debajo de los valores sostenibles a largo plazo, por decisiones gubernamentales, como está sucediendo con servicios públicos. Esos tres cambios de precios relativos elevan los índices de precios.

2. Datos recientes. Desde el abandono de la convertibilidad, el peso perdió dos tercios de su valor respecto del dólar. Del 1 a 1 pasó al 3 a 1, aproximado, ya que la relación no es más fija. Tampoco conocemos qué haría el Banco Central si la gente quisiera comprarle dólares entregando pesos
. Por otro lado, diversos comentaristas han señalado el éxito conseguido al no trasladarse a precios toda la devaluación. En efecto, a abril/2005 el costo de vida sólo subió 62% pero los precios mayoristas ya son 148% más altos. La amplia brecha entre ambos guarismos denuncia la dispersión de los precios de los distintos artículos. Y esa dispersión sólo puede espejar profundas modificaciones en las expectativas que alteran la estructura de la economía, como explico en el libro de próxima aparición «La riqueza de los países y su gente - Las tremendas asimetrías de los ingresos. Causas y propuestas», Ed. Lumière.

El poder adquisitivo de los salarios del personal registrado había caído a marzo 2005, según el INDEC, 7% respecto de diciembre 2001, el peor y últimomes de la convertibilidad, deflacionados por el índice de precios al consumidor. Para los trabajadores no registrados la caída era de 28%. Si los asalariados intentaran comprar bienes de la canasta de precios mayoristas su poder adquisitivo se pulverizaría aun más y, por ello, esos consumos les resultan prohibitivos. La demanda interna por habitante, en 2004, era similar a la de 2001, en términos reales, y 14% inferior a la de 1998. Por supuesto, en dólares, cada argentino gastó la mitad que en 2001. Mientras tanto, el mundo sigue andando y los demás habitantes del planeta vieron crecer su ingreso real promedio en 30% respecto del de los argentinos.

3. Redistribuciones de ingresos.
Las fuertes alteraciones de precios relativos transmiten reasignaciones patrimoniales y de ingresos significativas. Algunos sectores empresariales están agradecidos y otros agraviados, como los que atienden al mercado interno y los asalariados. Redistribuciones que sólo serían sostenibles con una política focalizada en ese objetivo y con alteraciones de las expectativas, esto es de la confianza, respecto de la situación inicial.

Porque sólo se realizan las actividades cuyos beneficios compensan los gastos, esfuerzos y riesgos incurridos. A mayor ámbito de incertidumbre,más numerosas las ocupaciones que dejan de concitar interés y permanecen sin atender. Las alteraciones de las reglas de juego producidas entre 2001 y 2002 dañaron a muchos que confiaron en nuestras autoridades, sistema político y jurídico. Pero los más afectados fueron los más débiles, dejados de la mano por sus presuntos protectores. La desocupación y caída de la producción de los artículos destinados a nuestra gente fueron una consecuencia.

4. Recuperación de la confianza y niveles de precios
. Ahora se está recuperando la confianza. A medida que ello ocurre, diversos emprendimientos vuelven a ser atractivos.Aumenta tanto la demanda interna como la oferta. Se usan más intensivamente insumos importados cuyo precio está determinado en dólares. El trabajo puede ser mejor pago. Se pasa de precios de liquidación, producto de las ganas de huir o de imposiciones gubernamentales, a precios de producción cada vez más sustentable. Todo ello necesariamente resulta en una paulatina elevación de los precios internos más rezagados a medida que aumenta la confianza y la demanda global. Que puede ser compensada con inversiones que siempre abaratan costos u ofrecen alternativas preferibles. No obstante, las inversiones más productivas suelen ser las que comprometen plazos más largos y procesos complejos. Cuya principal condición es la confianza en las perspectivas. Perspectivas que se afirmarían con mayores precios internos. Entre otras cosas porque, al ser importados muchos de los bienes de capital más productivos, niveles sustentables de precios internos más elevados incentivarían la rentabilidad de las inversiones.Y también facilitaríanmejores compensaciones al trabajo de nuestra población. Así, los ajustes a las tarifas de servicios públicos alentarían la expansión eficiente de dichas prestaciones, en un marco de mayor previsibilidad.

Por el mecanismo descrito, al solidificarse la confianza aumentan la demanda y los incentivos a trabajar e invertir, impulsando los precios internos y los ingresos. Por eso, los países prósperos suelen ser caros. Recordemos el «deme dos», de nuestras bonanzas pasadas. Según se recupere la confianza, y la demanda interna por habitante retorne a los elevados niveles de 1998, los precios internos medidos en dólares tenderían a acercarse a los de ese año. Es decir, el índice de precios al consumidor podría aumentar 80%, los salarios del personal registrado duplicarse y los de los no registrados corregirse aun más, los precios mayoristas alzarse 20%, permaneciendo constante la cotización del peso. Los trabajadores podrían elegir una mayor variedad de bienes, y no estar obligados a conformarse con los del índice del consumidor.

Entonces seríamos más prósperos. Tanto más cuanto no podamos exhibir el «éxito» de devaluar sin trasladar a precios, a costa de comprimir el poder adquisitivo de los salarios e ingresos de buena parte de nuestra gente. Quiero dejar claro que esto no es un pronóstico de verificación próxima. Sólo sucedería paulatinamente a medida que aumentasen la confianza y previsibilidad de las normas y procedimientos. Para ello deberemos trabajar fuerte en recuperar la fe en nuestras instituciones, autoridades y compatriotas, que son las que definen nuestros espacios y derechos de actuación. En lugar de excluir, que es una forma de confrontar, consensuar. De eso se trata la república democrática. Que nadie quede afuera de los acuerdos. El libro citado al principio descubre que no es casual que sean los países más democráticos y respetuosos de su gente los más ricos. En última instancia, riqueza es el valor de los derechos individuales. Si bien es caro vivir en esos estados, la previsibilidad de las relaciones personales consigue mayores resultados y los ingresos necesarios para vivir en ellos, disfrutando de los beneficios de la coordinación voluntaria de las actividades individuales de toda la población.

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