6 de abril 2004 - 00:00

Default: ¿y si se venden las acciones en el Fondo?

¿Cuánto valen esas acciones? Considerando 50% del paquete, por poner un número, se podría decir que hoy valen como mínimo u$s 1.564 millones nominales. Pero lo cierto es que dan derecho a crédito blando por cinco veces ese valor (u$s 7.820 millones).

¿Sepueden conciliar los intereses de todos los actores vinculados con la reestructuración de la deuda soberana argentina? Sorprendentemente, la respuesta es «sí». Repasemos esos actores y las demandas que han manifestado públicamente.

El gobierno argentino quieremantener un superávit primario máximo de 3% del PBI de ahora en más, sin nuevos aumentos de gasto en pago de deuda, y no pretende nuevos endeudamientos en el futuro próximo, pues considera que fue ésa la principal causa de la debacle nacional.

Los acreedores privados quieren recibir más que 7% de valor presente (25% de valor nominal) que el gobierno ofreció en su propuesta de setiembre pasado en Dubai, para lo cual sugieren dos vías: i) que no haya acreedores privilegiados sin quita, como el FMI; y

ii) que el gobierno disminuya la quita propuesta. El G-7 y el FMI pretenden que el gobierno no caiga en default con los organismos internacionales, y que mejore la oferta a los acreedores privados. El G-7 no puede dejar de considerar la posibilidad de que sus gobiernos deban poner dineros propios en la hipótesis de un full default de la Argentina, ya sea para evitarlo o para subsanarlo, ya que ellos son los socios principales de los organismos internacionales.

La propuesta superadora consiste en que el gobierno argentino «venda» parte de su paquete accionario en el FMI a cambio de una reducción de su deuda con ese organismo.

El producido por la «venta» de esas acciones sirve como pago a los acreedores privados, aumentando sensiblemente el valor presente ofrecido, sin esfuerzo fiscal adicional al propuesto por el gobierno. A su vez, la Argentina queda menos expuesta a endeudamientos futuros con el FMI, lo que es un beneficio importante, según la opinión mayoritaria. El G-7 hace un aporte « comprando» las acciones que «vende» la Argentina, consiguiendo por un lado que la Argentina mejore la oferta a los acreedores privados y, por otro lado, aumentando su capacidad de voto en el FMI. Finalmente, dicho organismo reduce su excesiva exposición a la Argentina (presente y futura). Como se ve, en principio la propuesta va en la dirección de los intereses de todos los involucrados.

• Participación

Avancemos en una posible cuantificación de esta propuesta. Aunque la « compraventa» directa de acciones entre miembros del FMI no está contemplada en el estatuto del organismo, dicha operación podría realizarse a través de los simultáneos cambios en las cuotas de la Argentina y los países del G-7, con contrapartidas en las posiciones de endeudamiento de estos países con el FMI. La Argentina tiene una participación accionaria (cuota) medida en dinero del Fondo de DEG 2.117 millones (u$s 3.128 millones), lo que representa 1,0% del total del FMI. Este porcentaje no es despreciable, ya que excepto EE.UU. (con 17,5%) los restantes países del G-7 tienen entre 3,0% y 6,3% cada uno, sumando en conjunto 46,4%. Estas acciones son, además, un derecho de crédito blando (a baja tasa) de hasta 5 veces ese valor para cada país (la Argentina ya está en el límite). Cediendo acciones, se cede derecho de crédito futuro a la vez que peso en las decisiones del organismo. Eso es lo que adquirirían los países que se hicieran de la parte de las acciones argentinas que se venderían.

Ahora bien, ¿cuánto valen esas acciones? Considerando 50% del paquete, por poner un número, se podría decir que hoy valen como mínimo u$s 1.564 millones nominales. Pero lo cierto es que dan derecho a crédito blando por cinco veces ese valor (u$s 7.820 millones). Y, además, significan capacidad de decisión política en el organismo. Todo ello implica que el valor bien podría estar bastante por encima del valor nominal referido previamente. Para países en desarrollo, por la capacidad de acceder a crédito blando, y para países desarrollados, por el valor de «controlar» el FMI.

Supongamos que la Argentina negociara venderlas en tres veces su valor nominal: u$s
4.692 millones por 50% del paquete argentino. La deuda argentina con el FMI se reduciría en ese monto, que equivale a 30% del total. Esa deuda la asumirían los países que comprasen las acciones. Debe tenerse presente que ese dinero (que podría llegar a ser más, dependiendo de la negociación con el FMI y el G-7) significa 20% del valor de mercado de la deuda argentina en default. Como la propuesta argentina actual equivale a sólo 30% del valor de mercado, con esta nueva propuesta los acreedores estarían recibiendo 66% más.

Al reducir la deuda con el FMI, la Argentina debería derivar los recursos con los que pensaba pagarla hacia los acreedores privados. Si bien es cierto que en la propuesta de Dubai, la Argentina dio por descontado un refinanciamiento virtualmente eterno de sus deudas con organismos (lo que fue muy criticado), no es menos cierto que ese endeudamiento genera intereses que el país descuenta pagar. Con una simple transformación de ese monto en un bono a perpetuidad, como el que semanas atrás demandó la organización de bonistas locales, que pague la misma tasa que la Argentina pensaba pagarle al FMI, la trasferencia de acreencias queda resuelta también.

Una propuesta de este tipo que resultara exitosa reinsertaría a la Argentina de un modo inmediato y pleno en el mercado financiero internacional, debido a que todos los actores relevantes habrían participado juntos de una solución acordada.


Dejá tu comentario

Te puede interesar