Crisis de deuda: otra oportunidad perdida

Opiniones

La solución al problema de la deuda no requiere de complejos planes económicos. El problema de Argentina no es una elusiva fórmula económica que solucione los desequilibrios. El problema de Argentina se soluciona con realismo económico.

Se suele decir que en economía el primer mandamiento es reconocer que los recursos son escasos, mientras que el primer mandamiento de la política es ignorar el primer mandamiento económico. Mientras que en economía se parte de reconocer que no es posible hacer todo lo que queremos, el arte de la política consiste en prometer lo imposible. Argentina es un caso paradigmático de esta falta de realismo económico. Prometer lo imposible termina en crisis inflacionarias, cambiarias, y de deuda. Todo lo que Argentina ha experimentado de manera repetida en los últimos setenta años.

Lamentablemente, pero sin que sea sorpresa, el gobierno insiste en repetir los mismos errores que llevaron al país a esta situación en primer lugar. Nos presentaron al ministro Guzmán como un experto en deuda que iba a enseñarle al mundo como negociar un canje de deuda. Tras escasa aceptación a su oferta el gobierno ha caído nuevamente en default. En sólo los últimos 20 años Argentina ha defaulteado su deuda en tres ocasiones. Un triste récord que debería generar vergüenza en lugar de épica nacionalista. Sin embargo, en temas económicos Argentina es el mundo del revés.

Un default se da cuando un país tiene más deuda de la que puede pagar. Un país tiene una deuda que no puede pagar cuando tiene un déficit que no puede financiar. Y un déficit que no se puede pagar es fruto de un estado más grande del que se puede sostener. Los déficits abultados producen elevados niveles de deuda, inflación, altos impuestos y restricciones al acceso a dólares. ¿Suena familiar?

La solución al problema de la deuda no requiere de complejos planes económicos. El problema de Argentina no es una elusiva fórmula económica que solucione los desequilibrios. El problema de Argentina se soluciona con realismo económico: reconocer que los recursos son escasos. El problema no es la falta de fórmulas económicas, el problema es falta de convicción política. Si el origen de la deuda es un gasto insostenible, la solución es reducir el estado a un nivel sostenible. La situación es similar a la del médico que prescribe dieta y ejercicio a un paciente que no tiene la voluntad de hacer los deberes. Tarde o temprano, a la economía como al paciente, la realidad les pasa factura.

Es importante aclarar que reconocer que el estado argentino es insostenible no es lo mismo que renunciar a sus principios y objetivos. Esa es otra discusión. Lo importante es reconocer que todo lo que la clase política quiere que el estado haga no es factible. Hay que elegir qué dejar de hacer. Para eso los políticos nos piden sus votos, para administrar recursos escasos, no para fundir de manera repetida al país.

Es difícil ser optimista. Ni la combinación de un nuevo default con la actual pandemia parece ser suficiente para despertar a la dirigencia política. La economía está en caída libre. Al gobierno actual no parece importarle. La oposición no tiene una agenda de reformas de fondo. Si este no es el contexto de empujar, por ejemplo, un decálogo de reformas estructurales (reforma del estado, flexibilización laboral, reforma impositiva, desregulación y apertura al comercio internacional), ¿cuál va a ser entonces el momento ideal? Argentina es como el Titanic. Cambia sus capitanes, pero no su curso, chocado iceberg tras iceberg. Lamentablemente, la actual crisis económica se perfila a ser otra de las tantas oportunidades perdidas.

(*) Universidad del CEMA, Profesor Visitante

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