El almuerzo gratis alguien lo paga

Opiniones

Como en la letra del tango, la historia vuelve a repetirse. El índice de junio de aumento de los precios al consumidor fue de 0,9 por ciento, el acumulado del semestre 6,1. Ya es ostensible que 2005 concluirá con un incremento de dos dígitos. Nueve meses atrás lo pronostiqué: «Lentamente nos vamos acercando a una inflación anual que en cualquier momento llega a dos dígitos» ( Ambito Financiero, 7-09-04). Ahora, el vaticinio es penosa realidad, que se agravará cuando empiecen a sincerarse las tarifas de los servicios.

La mezcla de condimentos es muy peligrosa. La maxidevaluación de 2002 empujó los precios hacia arriba, provocó un descomunal aumento de los niveles de pobreza e indigencia, y determinó la gran caída del PBI. Por eso, en lo inmediato no se trasladó en pleno a los precios pero la recuperación posterior comenzó a reactivar los índices. La emisión monetaria, para anclar el tipo de cambio alrededor de los tres pesos, va calentando la olla a presión. El programa de la llamada «política monetaria» está en los límites propuestos por el BCRA, la esterilización del circulante es cada vez más costosa. Un día no se puede contener y entonces volveremos a ver la película que ya habíamos visto, pero que algunos parecen haber olvidado. Lo mismo que ocurrió a partir de 1946 y costó tanto tiempo superar.

La conflictividad laboral reapareció y se instaló en el horizonte. En junio triplicó el promedio mensual de 2004. Según el Centro de Estudios Nueva Mayoría el mes pasado fue la más alta para junio desde 1980. Abarca, primordialmente, al sector público. Es natural, con remuneraciones similares a las de la predevaluación y un gobierno que se jacta todos los meses de aumentar la recaudación, no se puede esperar otro comportamiento. Esto merece dos consideraciones.

Una es que la mayor recaudación debería parangonarse con valores constantes previos a 2002. Si la comparamos con un mix del aumento de precios mayoristas y minoristas y le descontamos los impuestos nuevos (retenciones más cheques no imputables a otros impuestos) veríamos que no es tan feliz. La otra es que los conflictos laborales provocarán ajustes salariales que se trasladarán a los precios o reducirán el superávit fiscal. Aunque alguna vez alguien muy importante haya dicho que «un poquito de inflación no nos vendría mal», lo cierto es que la bola de nieve en la Argentina tiene mala historia. Pero el hombre es el único ser de la naturaleza que tropieza dos veces con la misma piedra. Primero tuvimos el colapso devaluatorio y la espectacular redistribución regresiva del ingreso nacional, después la ingenua soberbia de pensar que no se trasladaría totalmente a los precios, más adelante la emisión monetaria creyendo que su esterilización no produciría efectos, por último se empezó a decir que ciertos aumentos eran «estacionales» y se pensó aplacarlos con «acuerdos de precios». Llegó la hora de que adviertan que volvió la inflación. Y todavía faltan las tarifas. El «almuerzo gratis» siempre alguien lo paga. Como en el tango, la historia vuelve a repetirse.

(*) Diputado nacional por el Partido Demócrata Progresista.

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