El Banco Central y la teoría del Cisne Negro

Opiniones

Ya traducido a más de 27 idiomas y ubicándose en el ranking de ventas de libros en los Estados Unidos entre los primeros 10 puestos, el libro de Nassin Taleb «El Cisne Negro: el impacto de lo altamente improbable» (1) es un excelente manual para interpretar la realidad no sólo internacional, sino también local. Taleb se inspiró para titular su libro en la leyenda sobre un ave inexistente hasta que finalmente apareció en Austria en el siglo XXVII. Según este autor, los atributos que debe tener un evento para ser calificado de «cisne negro» son los siguientes: ser impredecible, generar un impacto masivo y, después de su ocurrencia, aparecer como menos aleatorio y, por ende, más previsible de lo que inicialmente se consideró.

Así, para el economista libanés, egresado de la Universidad de París y con un MBA en 1983 en la Wharton School en la Universidad de Pennsylvania se catalogan como eventos extraordinarios -entre otros- a la crisis de deudas externas de 1982; el crac de Wall Street de octubre de 1997; la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989; la irrupción de Google; el atentado a las Torres Gemelas de setiembre de 2001; etcétera. Sobre la base de las tres características citadas por Taleb que reúnen los eventos aleatorios, extraordinarios y no esperados, la espectacular suba en los precios de las materias primas y muy especialmente en los alimentos puede empezar también a catalogarse como efecto Cisne Negro. De la misma manera, si uno se parase en la línea del tiempo de la Argentina el 1 de marzo de 2008 jamás hubiera estado en condiciones de predecir lo que posteriormente estalló como el conflicto entre el gobierno y el agro y sus consecuencias macroeconómicas. Y siguiendo esta línea de razonamiento, la actual revaluación nominal del peso argentino frente al dólar también podría asimilarse al efecto en cuestión.

Inicialmente, se habló de la política oficial de «disciplinar al mercado» (speculative retaliation effect) frente al fenómeno político que desencadenó el conflicto agropecuario y su correlato económico con el clásico fenómeno de substitución monetaria. Sin embargo, la interrelación de los acontecimientos es a mi juicio mucho más compleja. La política cambiaria desarrollada por el BCRA ha sido la de una «flotación administrada», pero con limitados grados de libertad que en esencia lleva a pensar que se está más en presencia de un sistema cambiario en el que el BCRA compró (vendió) reservas internacionales en torno a una paridad medianamente fija, transformando la oferta monetaria en típicamente endógena al modeloimplementado (2). En ese esquema la tasa de inflación interna está básicamente determinada por la tasa de inflación internacional relevante para la Argentina, ajustada por la tasa de devaluación ( revaluación) más un componente alfa que resume las expectativas macroeconómicas de la sociedad (3).

Tal como se puede apreciar en el Cuadro 1, se detallan los componentes de la inflación internacional que impactó en la economía argentina y que se «filtró» a través del comercio exterior. Nótese con especial cuidado el fenomenal shock de variación inflacionaria de las materias primas e insumos básicos (de todo tipo) con un aumento anual de precios en dólares para los 12 meses terminados en marzo de 2008: 67%. Mientras que el promedio de los 5 primeros meses fue de 63% anual. Estos guarismos se vieron parcialmente compensados con la estabilidad que exhibieron los restantes bienes con valor agregado, de forma tal que la inflación externa ponderada relevante acusó una suba promedio de 26% anual para el tramo enero-mayo 2008.

Véase, además, cómo la tasa inflacionaria fue presentando varios escalones de suba entre 2005 y la actualidad, correspondiéndole el gran salto a los últimos 10 meses.

Por su parte, en el Cuadro 2 se presentan las trayectorias de las tasas anuales de variación por trimestre del tipo de cambio nominal, inflación internacional relevante, inflación de convergencia ( combinación de las dos primeras) y la inflación observada, que para este ejemplo fue medida por la variación de los precios implícitos del PBI. De dicho cuadro se desprende que la tasa de inflación de convergencia ha mostrado una clara tendencia creciente ubicándose para el primer semestre del año en el rango de 25% a 30% anual. De igual manera, ha ocurrido algo similar con la inflación implícita en el cálculo del PBI, aunque la diferencia entre ambas trayectorias se debe al coeficiente alfa precedentemente explicado.

Ahora bien, la reciente revaluación del peso inicialmente inducida por el BCRA, tanto con ventas de reservas internacionales en el mercado contado así como en el mercado de futuro, podría ser interpretada en el presente contexto de claro contenido antiinflacionario. Las operaciones pactadas a fin de diciembre de 2008 marcan una devaluación del peso de tan sólo 4%, de manera que la combinación del fenómeno revaluatorio (tanto nominal como real) así como una eventual baja tasa devaluatoria (por lo menos así lo indican los mercados futuros, en parte impulsados por el propio BCRA) deberían inducir a una menor tasa espede inflación interna. Pero este importante esfuerzo, y en pos de no caer en errores del pasado que implicaron caídas forzadas del tipo de cambio real y consecuentemente del nivel de competitividad de la economía, deberá ser rápidamente acompañado en otras herramientas de política económica. El frente fiscal, por ejemplo, continúa abierto: si bien las cifras a mayo muestran una disminución en la velocidad de aumento del gasto público primario nominal --32%- frente a 40% que se verificaba a comienzos de año, es necesario que el aumento del gasto nominal vaya convergiendo hacia cifras mas cercanas a 25% anual. Paralelamente, la política de ingresos deberá ser extremadamente prudente en la eventualidad de una 2ª ronda salarial. Un comentario final sobre la reducción de la tasa de interés: en la medida en que lentamente se recomponga la demanda de pesos y se vayan atenuando las expectativas inflacionarias, el precio del dinero tenderá a bajar como ya lo ha insinuado la tasa Badlar, que cayó de un pico de 18,4% anual el pasado 3 de junio a 16,5% actual. De todos modos, el impulso de un mercado de futuros de tasas de interés donde el BCRA sea un jugador de peso (como lo ha sido en el mercado de divisas) sería un elemento que potenciaría positivamente este efecto.

(1) Taleb, Nassim. «The Black Swan: the impact of the highly improbable». The Random House Publishing Group, New York. 2007.

(2) Johnson, Harry G. The monetary approach to the balance of payments. Journal of International Economics. Agosto 1977.

(3) En realidad, se trata de un algoritmo que combina el comportamiento del gasto público, política salarial y el estado de capacidad ociosa de la economía.

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