6 de septiembre 2026 - 10:29

El campo argentino y sus dinámicas diferenciadas: aportes para un plan agrario nacional

Las diferencias entre la realidad del agro pampeano con las economías del resto de las regiones obligan a pensar el campo de manera integral.

Las claves para pensar un plan agrario nacional.

Las claves para pensar un plan agrario nacional.

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Los principales productos de la región pampeana muestran señales de recuperación en el mercado internacional. Las subas registradas en Chicago, con una cotización de u$s484,19 por tonelada de soja al cierre, alcanzaron el valor máximo reciente y traccionaron también sobre el mercado local, que llegó a su precio más alto desde diciembre de 2023. Sin embargo, aún no resulta posible determinar si esta mejora coyuntural contribuirá a resolver los problemas estructurales asociados a la restricción externa.

Entre los factores que explican esta dinámica se encuentran las dificultades productivas del cultivo oleaginoso en Estados Unidos, el incremento del precio del petróleo y las compras realizadas por China, elementos que incidieron en el aumento de los precios agrícolas. A ello se suma la persistencia del conflicto entre Rusia y Ucrania, que continúa ejerciendo presión sobre los valores internacionales del trigo de cara a la cosecha.

Un aspecto complementario refiere a la incidencia de las variaciones en la tasa de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) sobre los movimientos de los precios agrícolas. La creciente dependencia de variables financieras y tecnológicas en la formación de precios parece consolidarse como una regularidad del funcionamiento del sector, cuando debería constituir una excepción dentro de una estrategia de desarrollo con mayor autonomía productiva.

El agro no pampeano

En contraste con la dinámica pampeana, por ejemplo, el complejo yerbatero argentino permite observar un elevado grado de concentración económica. Hoy tres industrias manejan más del 50% de la yerba mate canchada, deciden qué precio pagar por la hoja verde, sin considerar si ese ingreso alcanza para cubrir la alimentación familiar. Esto permite problematizar la capacidad de negociación de los productores primarios frente a las grandes firmas industrializadoras, así como las desigualdades existentes en la distribución del valor dentro de la cadena productiva.

En este marco, resulta necesario revisar los complejos productivos y las regiones ubicadas por fuera del núcleo pampeano, principal zona de producción orientada a la exportación y espacio donde, además, se concentra aproximadamente el 75% del sistema financiero. Este contraste permite analizar las asimetrías territoriales que atraviesan al sector agrario argentino.

En el Noroeste Argentino (NOA) se destacan complejos productivos vinculados tanto a la minería como a la producción agroindustrial. Entre sus principales productos se encuentran el carbonato de litio, el oro, la plata, el maíz, el complejo limonero —que incluye limón fresco, aceites esenciales y jugos—, el tabaco y las legumbres, especialmente los porotos. Sus principales destinos comerciales son China, Estados Unidos y Brasil. Por su parte, en el Noreste Argentino (NEA), sobresalen actividades asociadas con la producción de yerba mate y té, junto con el complejo forestal, que comprende madera, pasta de celulosa y rollizos. Asimismo, la región presenta una importante producción de arroz, algodón, maíz y cítricos dulces, con Brasil, China y la Unión Europea como principales mercados de destino.

La región de Cuyo se caracteriza por una estructura productiva centrada en la vitivinicultura, la minería y diversas actividades agroindustriales. Entre sus productos más relevantes se encuentran el vino embotellado y a granel, el mosto, el oro y la plata en bruto, el ajo, las aceitunas, el aceite de oliva, las frutas secas, el maíz y algunas manufacturas industriales. Sus principales mercados de destino son Estados Unidos, Brasil, China y Chile.

Por último, la Patagonia presenta una fuerte especialización en actividades energéticas, mineras, pesqueras y frutícolas. Entre sus principales productos se destacan el petróleo crudo, el gas natural, el oro, la plata, los mariscos y pescados —en especial langostino y calamar—, las peras, las manzanas, el aluminio y la lana. Sus principales destinos comerciales son Estados Unidos, China, Brasil y la Unión Europea.

En conjunto, esto una marcada especialización productiva regional, asociada tanto a las condiciones naturales como a la estructura económica de cada territorio. Asimismo, permite observar la relevancia de los mercados externos en la dinámica de los complejos regionales, lo que refuerza la necesidad de examinar las relaciones entre producción primaria, industrialización, concentración empresarial y comercio internacional. En este sentido, surge un interrogante central: ¿cuántas empresas, por producto y por región, controlan efectivamente los circuitos de comercialización? La evidencia disponible sugiere que un número reducido de firmas ocupa posiciones relevantes tanto en el comercio interno como en el comercio exterior.

Según CONINAGRO, las economías regionales en 2025 aportaron unos u$s12.000 millones. El documento “Un futuro mejor para la política agropecuaria”, de Futuros Mejores, concluye: “No alcanza con liberalizar y esperar que el mercado ordene el agro. Se necesita una política nacional que combine divisas, tecnología, infraestructura, empleo, federalismo y desarrollo territorial, en articulación con los principales sujetos sociales agrarios”.

Complejos productivos y consumo interno

La caracterización de los complejos productivos regionales debe complementarse con el análisis del consumo interno, dado que este refleja las condiciones sociales y económicas de la población. En los últimos años se observa un retroceso en el consumo de carne vacuna, asociado a la pérdida del poder adquisitivo. En paralelo, la carne aviar alcanzó niveles similares de consumo, en torno a los 44,5 kilogramos per cápita.

También se registra una leve recuperación en el consumo de leche, estimado en 185 litros per cápita. Por otra parte, aumentó el consumo de pan, mientras que el consumo de frutas se mantiene en niveles bajos, entre 25 y 30 kilogramos per cápita, condicionado en parte por la estacionalidad de los cítricos dulces. El consumo de verduras presenta un comportamiento moderado y concentrado estacionalmente en productos como papa, batata y tomate.

Una caída significativa se observa en el consumo de vino, que alcanza mínimos históricos, con 15,7 litros per cápita. Finalmente, el consumo de aceites se mantiene relativamente estable, con predominio del aceite de girasol y las mezclas, mientras que el aceite de oliva conserva una baja inserción en la mesa de los argentinos.

El trabajo rural

A pesar de su gran potencialidad productiva, las condiciones laborales en el sector hoy por hoy son alarmantes: la informalidad laboral en el trabajo rural llega al 65% en Argentina según estimaciones disponibles, y podría alcanzar el 80% a nivel regional según datos de la OIT. Cabe revisar el Estatuto del Peón Rural a la luz de los cambios tecnológicos y de los procesos productivos actuales, incluyendo la incorporación de inteligencia artificial en el agro, y avanzar en la formalización de los trabajadores rurales. Para esto es clave contar con datos completos y fehacientes.

Por eso, reorganizar la información del Consejo Nacional de Trabajo Agrario se vuelve necesario para mejorar la medición y el seguimiento del nivel salarial del sector. No hay que olvidar que el sector agropecuario representa apenas el 6% del empleo asalariado registrado, pero genera gran cantidad de divisas por cereales y oleaginosas y alimentos y tabaco.

Ernesto Mattos es economista de la UBA, Investigador IDEPI-UNPAZ. Coordina el programa de investigación sobre comercio de granos FCE-UBA.

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