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Petróleo, inflación y Fed: el verdadero frente de la guerra entre EEUU e Irán
En su último libro, explica que se avecina la «Singularidad», en la cual nuestra inteligencia devendrá crecientemente no biológica y será billones de veces más poderosa de lo que es hoy. La tesis es simple: el conocimiento crece a tasas exponenciales y hemos llegado a un punto en que este avance se torna prodigioso. Hay 55.000 ingenieros y científicos nuevos cada año en China, otros tantos en EE.UU. y Europa, y 255.000 más en la India. Son muchos más de los que existieron en todas las épocas anteriores sumadas. Todo el conocimiento de 1.000 años se duplicó en el siglo XIX, volvió a duplicarse en las primeras décadas del siglo XX. En los primeros 14 años del siglo XXI veremos cambios equivalentes a los de todo el siglo XX y en los siguientes 7 años un nuevo salto equivalente. Hasta hace poco teníamos un descubrimiento revolucionario por década, ahora son varios: Internet, la nanotecnología, la biogenética.
• Invento
El Proyecto del Genoma Humano empezó en 1990, se creía que tardarían mil años en completarlo. Diez años después, sólo un pequeño porcentaje había sido mapeado. Tres años más tarde estaba terminado. Celera Genomics empezó con nueva tecnología y tardó apenas 2 años. Terminó al mismo tiempo que el proyecto oficial. En una década podremos obtener el análisis de nuestro genoma personal por u$s 1.000 y fabricar remedios específicos que prolongarán nuestra vida.
Kurzweil estima que las computadoras a fines de siglo serán millones de veces más inteligentes que Einstein.
En la Technical University de Dinamarca acaban de inventar una tableta capaz de almacenar hidrógeno con bajo costo y alta seguridad. Todavía falta controlar la liberación del hidrógeno, ver cómo lo quemamos y un catalizador más barato que el platino. Pero ese día, el petróleo ya no será necesario. El hidrógeno que está en el agua que cubre 7 partes de la tierra será energía barata, segura y limpia. Las empresas petroleras desaparecerán junto con las teorías que anuncian la escasez de commodities. Estamos en la era de la información y de la flexibilidad, no de las materias primas.
La demanda de soja crece, pero la oferta crecerá más rápido. Mientras tanto, la población del mundo se estabilizará dentro de tres décadas, envejecerá, será más inteligente y cambiará su patrón de consumo, ahorro e inversión. Las economías flexibles serán las que prevalecerán. Según «The Economist», Estados Unidos tiene 17 de las primeras 20 universidades del mundo, 2 son inglesas y la restante japonesa. «La ventaja del sistema de universidades americanas sobre las europeas es que las americanas no tienen sistema.»
• Contraste
La flexibilidad del sistema de EE.UU. es inmensa: 19 de las primeras 25 compañías de ese país no existían hace 4 décadas. En contraste, en Francia, ni una sola de las grandes empresas es nueva. El modelo de EE.UU. es la «destrucción creativa» del capitalismo, el único capaz de sobrevivir.
En cuanto a la caída de los precios de los bienes manufactureros, tampoco es novedad; incluso ocurría en la época en que Prebisch hablaba erróneamente del deterioro de los términos de intercambio, porque subestimaba, como ahora, el progreso tecnológico incorporado en los bienes que importábamos.
Pese a todo, coincido en que los salarios de los no educados serán bajos porque competirán con la mano de obra masiva de China y la India. Coincido también en que falta calidad en nuestro sistema educativo y que debería ser una prioridad de cualquier gobierno. Pero no soy tan optimista como para pensar que se ha acabado la volatilidad de nuestro crecimiento, no hay ni un solo indicio que lleve a pensar eso.




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