"El Mercosur se está cayendo a pedazos"
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Periodista: ¿Cómo ve el rumbo económico?
Carlos Rodríguez: Estamos, lentamente, volviendo al marco de los años '60, al viejo cepalismo latinoamericano. El Mercosur se está cayendo a pedazos, y no hay propuestas serias para cambiarlo por otra cosa.Además, parece que los ganadores de la devaluación, fundamentalmente la Unión Industrial Argentina (UIA), ocupan cada vez más espacios. Por otro lado, la economía se está cerrando, mientras que el mercado laboral se restringe; dos condiciones que no son compatibles con los niveles de pobreza que existen. Finalmente, nos queda el legado de desobediencia civil que hay unido al fenómeno piquetero. En definitiva, se está volviendo a los años '60, pero con la diferencia de que ahora no se trata de un proceso estable.
P.: En este marco, ¿la economía seguirá creciendo?
C.R.: Para poder crecer, hay que ver la manera de resolverel problema de la pobreza.Estamos mirando índicesque no son comparables en el tiempo: 14% de desempleo de ahora no es igual que 14% de 1998. La composición es diferente. Ahora hay mucho más empleo en negro y es mucho menos calificado. Un cartonero hoy para el INDEC es una persona con trabajo. Para combatir el desempleo, se prohíbe despedir, y ésa es la antítesis de lo que requiere un mercado de trabajo dinámico y competitivo. Cuando se prohíbe despedir, lo que se está prohibiendo, en realidad, es emplear. Todas estas restricciones al comercio libre y a la movilización laboral hacen que la sociedad eventualmente explote.
P.: ¿Entonces prevé más movilizaciones y protestas?
C.R.: No sé, pero hoy no hay posibilidad de crisis bancaria porque prácticamente no hay bancos; y con el dólar como está, no va a haber crisis cambiaria. Paradójicamente, la situación fiscal está sobrecompensada, aunque a expensas del mercado laboral porque hay 50% de pobres con un Estado que se financia con impuestos al empleo. Entonces, existen dos grupos de tensión: el inversionista y los piqueteros. El inversionista se va del país si no lo dejan invertir, y los que se quedan son sólo los piqueteros. De esta forma, cuando se llama a elecciones gana el candidato de los piqueteros porque a todos los que no les gusta el modelo ya se fueron. Es como si hoy en día se llamara a elecciones en la Cuba de Fidel Castro. Gana Fidel Castro. La emigración ya ocurrió; hace generaciones que el capital humano y monetario han emigrado. Los argentinos que pudieron primero se llevaron la plata afuera y ahora también envían a sus hijos al exterior. Lo que queda mayoritariamente son progresistas de centroizquierda, los que van a votar cada vez más restricciones y propuestas más populistas. Podríamos llegar a terminar con una democracia como la vista la semana pasada en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, donde los que votan son prostitutas, travestis, cartoneros y piqueteros a los gritos. Esos son los que quieren participar de la nueva democracia; los demás están atemorizados en sus casas o en el extranjero.
P.: ¿Le preocupa la violencia oral del Presidente?
C.R.: La violencia oral del Presidente no es tan preocupante como que la gente aplauda la violencia oral del Presidente. A la gente le gusta ese discurso; no es culpa del Presidente, era el pueblo el que después de la crisis estaba buscando culpables, pero echarle la culpa al capitalismo es complicado y muy abstracto. Entonces se empezaron a buscar los elementos del capitalismo, las privatizadas, los bancos. Podría ser más preocupante la actitud del pueblo que la del Presidente en sí mismo.
P.: Pero la oposición casi no existe...
C.R.: No hay una alternativa clara al kirchnerismo. La alternativa es el duhaldismo. Suponiendo que existe un vampiro conspirador, éste no va a querer tirar abajo al ala progre del peronismo para que venga el otra ala gremialista del peronismo. Ninguna de las dos opciones es favorable.
P.: ¿Qué opina de Ricardo López Murphy?
C.R.: López Murphy es un muy buen economista, pero un radical imperfecto. Lo malo de López Murphy y de la derecha en general es el paternalismo. Tanto López Murphy como Macri y Sobisch, que también representan a la derecha, están todos divididos, y entonces terminamos en el mismo frente electoral de centro derecha de siempre. Hoy en día, la población y las instituciones no están en una situación normal en la cual puedan pensar tranquilamente. Cualquier cosa que reanimara la década del noventa directamente es el diablo, y está mezclado junto con Videla, Martínez de Hoz y con los banqueros usureros. Entonces, no puede haber una discusión racional sobre qué hacer con el mercado de trabajo y con el decreto de Duhalde.
P.: ¿Existen riesgos de un rebote inflacionario?
C.R.: El riesgo es que no se sabe cómo va a reaccionar el gobierno ante un aumento de precios que genere una mayor inflación. No se sabe si el gobierno lo va a considerar como un fenómeno del mercado o si dirá que son vampiros que le están chupando la sangre al pueblo para justificar controles de precios. Por el momento, la inflación no es una amenaza.
P.: ¿Cuál es la función del FMI dentro del proceso de reestructuración de la deuda?
C.R.: Creo que el Fondo va a seguir haciendo el mismo papel que hasta ahora, intentando que la Argentina se mantenga de pie y que ellos no tengan que darla de baja para seguir cobrando. El país hizo una oferta y sería muy raro que el Fondo dijera que esa oferta no fue hecha con buena voluntad.Ya están tiradas las cartas; si al FMI no le gustaba la oferta, ya lo tendría que haber dicho.




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