10 de enero 2006 - 00:00

El obispo de Kirchner

(El nuevo obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín, se mostró ayer entusiasmado con la posibilidad de ser un nexo para mejorar las relaciones de la Iglesia con el gobierno. Respecto de Néstor Kirchner, que estuvo presente en su asunción el fin de semana, consideró que «tuvo un gesto de cercanía y mostró ánimos de hacer algo nuevo», al tiempo que avaló un mea culpa por la participación de la Iglesia en la dictadura. Este es el diálogo que el religioso mantuvo por radio «América».)

PERIODISTA: ¿Cuáles fueronlos cambios que se produjeronen la estructura eclesiásticade Río Gallegos?

Juan Carlos Romanín: El año pasado había presentado su renuncia por razones de salud y edad Alejandro Bucolini. Entonces el Papa me eligió para hacerme cargo de la evangelización de la diócesis de Río Gallegos. Hace sólo tres días que estoy en esta ciudad, porque los últimos seis años estuve a cargo de la diócesis en Mar del Plata.


P.:
¿Lo sorprendió la presencia de Néstor Kirchner el sábado en su asunción?

J.C.R.: Fue una sorpresa muy grata; estuvieron también el gobernador de Santa Cruz y quien está a cargo del Ejecutivo en Tierra del Fuego, además de obispos de la Patagonia y de Chile. El presidente Kirchner estuvo durante las más de dos horas que duró la celebración. Me dio mucha alegría, porque fue un momento de familia para compartir con todo. No hubo nada protocolar o formal y la ceremonia se realizó en el gimnasio Don Bosco de Río Gallegos.


P.:
¿Cree que la presencia presidencial es una señal de acercamiento del gobierno con la Iglesia, al que usted podría contribuir?

J.C.R.: Para mí eso sería de mucha alegría. Yo soy nuevo en esto y todo lo que pueda ayudar al diálogo es importante. Quizás los medios exageran, pero aquí hubo un gesto muy concreto de cercanía y de ganas de hacer cosas nuevas. Nos saludamos con el Presidente y dialogamos, pero fue muy rápido.


P.:
¿Qué opina de las críticas que en su momento realizó Kirchner por la actuación de la Iglesia durante la dictadura?

J.C.R.: Nadie puede decir yo no tengo culpas. La historia la hacemos entre todos. La idea de que todos hagamos un mea culpa es muy importante, reconocer errores y las cosas que se hicieron bien.


P.:
¿Cómo puede contribuir la Iglesia ante la situación que atraviesa la Argentina?

J.C.R.: En primer lugar hay que tener en cuenta que hay algunos preceptos que trascienden la situación histórica, que vienen del Evangelio. Pero adecuarse a él y seguir a Jesús no es un camino fácil. Desde el punto de vista social evidentemente hay muchas cosas que habría que retomar, como el Diálogo Argentino y seguir trabajando.

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