El verdadero negocio de la Inteligencia Artificial

La disputa entre el gobierno de los Estados Unidos y Anthropic, la empresa detrás de Claude, abre la puerta a cuestiones poco difundidas. Mientras las cifras que se invierten son astronómicas, no está claro cuál será el modelo de negocio para el consumidor final; pero analizado el uso de la IA en escenarios bélicos, y los acuerdos entre las Big Tech, el monstruo es imparable.

Geopolítica Inversiones Inteligencia Artificial

El informe reciente del Center for Strategic and International Studies pone en contexto el actual escenario bélico en Medio Oriente: durante las primeras 100 horas de guerra contra Irán, el gasto de Estados Unidos alcanzó los US$ 3700 millones.

Es difícil precisar cuánto de ello se destinó al uso de IA, pero tomando en cuenta los contratos del Pentágono con las Big Tech -más un jugador clave, Palantir- cuyos presupuestos para este año han batido récords, y considerando los usos de la IA en la guerra, es razonable atribuir a la IA alrededor del 25% del gasto, es decir, unos US$925 millones.

En la operación militar denominada Furia Épica, la IA se aplica, entre otras cosas, para:

  • clasificación algorítmica de amenazas,
  • priorización automática de blancos,
  • predicción de trayectoria de misiles.
  • análisis automatizado de imágenes satelitales,
  • detección de patrones,
  • clasificación de objetivos,
  • Drones, radares, sistemas de alerta temprana.

El conflicto entre Anthropic, la empresa detrás de Claude, y el gobierno de los Estados Unidos es consecuencia de que el Departamento de Defensa pretende automatizar ataques utilizando IA bajo el concepto “human on the loop” es decir, con supervisión humana, mientras que Anthropic considera que el principio ético aplicable debería ser intervención humana, o “human in the loop” es decir, que la IA no sea sólo supervisada, sino que, antes de ejecutar, debe validar cada decisión con un humano responsable.

Lo mismo ocurre con la vigilancia masiva que el gobierno de Estados Unidos pretende aplicar dentro del territorio nacional.

Los estándares éticos de Anthropic chocan con la iniciativa de la administración Trump y por ello la empresa fue declarada “supply-chain-risk” lo que significa que todas las oficinas públicas estadounidenses deben dar por concluidos sus contratos con Anthropic en menos de 6 meses.

Para la compañía fundada por dos ex OpenAI, esto representa una pérdida inmediata de casi US$300 millones, más la cancelación de contratos futuros. De allí que vayan a la Justicia a reclamar resarcimiento.

Ahora bien.

Aún cuando este escenario deja claro que, en Estados Unidos, un cliente fundamental de las empresas de tecnología más importantes del mundo es el Estado, ni siquiera los montos citados explican cómo se financia actualmente el desarrollo de la IA.

El uso primordial de las tecnologías de la comunicación con fines militares no es nuevo. De hecho, internet se masificó como subproducto de ARPANET, un desarrollo de comunicación militar cifrada; lo mismo el GPS y los satélites.

Pero la velocidad de evolución actual de la IA y su capacidad disruptiva son consecuencia de un nivel de inversión y desarrollo que tampoco se había visto antes.

Entrenar un modelo de frontera como ChatGPT cuesta entre US$ 1.000 y US$10.000 millones. A su vez, la capacidad de cómputo que esto implica (tanto como la electricidad) genera acuerdos virtuosos con empresas como Microsoft Azure y NVIDIA.

Mientras tanto, esta semana Wired publicó una entrevista a Nick Fox, Vicepresidente de Conocimiento e Información de Google, en la que se le pregunta a Fox sobre si Gemini incorporará publicidad (contenido pagado) como política comercial destinada a ganar dinero por el uso de su IA. Fox respondió que no descartan hacerlo, pero que no están seguros de que ese sea el modelo de negocio.

En el mismo sentido, hoy día ninguno de los modelos que compiten con Gemini admiten patrocinio. Sin embargo, hasta ahora, ninguna empresa de IA da ganancias.

En la disrupción anterior, con la consolidación de la economía de plataformas, cuando las redes sociales y aplicaciones móviles se masificaron, quedó claro que la estrategia consistía en ofrecer herramientas gratuitas a cambio de los datos de los usuarios. Luego el modelo mutó a propuestas “freemium”.

Pero la carrera actual por dominar el mercado de la IA no tiene comparación.

Dario y Daniela Amodei fundaron Anthropic en 2021 y 5 años después la empresa está valuada en US$350.000 millones, luego de la última ronda de inversión de febrero de este año. Pero la empresa perderá, en 2026, US$5.000 millones.

NVIDIA, la empresa más valiosa del mundo -US$4.39 billones, el doble del PBI de Brasil, onceava economía mundial, clave para la IA por la fabricación de procesadores- es socio de OpenAI y publica en su website que Microsoft posee, en la creadora de ChatGPT, una participación de US$135.000 millones, aunque OpenAI proyecta US$14.000 millones de pérdida este año.

Para darle más dimensión a esos números: solo 8 países de América Latina generan, anualmente, tanto o más capital que el que lleva invertido Microsoft en OpenAI. El swap de pesos por dólares entre Argentina y Estados Unidos se realizó por US$20.000 millones.

¿Entonces, más allá de la fascinación que producen los avances diarios de ChatGPT, Claude, Gemini y otros, cómo se explica el negocio de la IA? ¿Hacia dónde nos lleva?

Acuerdos circulares de compra de cómputo

Tal como se describió más arriba, Anthropic recibió inversión sustancial por parte de Microsoft y NVIDIA.

Por su parte, estas últimas ratifican la información, pero la llegada del dinero depende del cumplimiento de compromisos contractuales que obligan a Anthropic a comprar miles de millones de dólares en cómputo de Microsoft Azure y en hardware de NVIDIA. Es un circuito cerrado: el capital entra a Anthropic por la puerta de “inversión estratégica” y sale por “consumo obligatorio de infraestructura”.

El laboratorio de los hermanos Amodei recibe liquidez para entrenar modelos cada vez más potentes, pero ese entrenamiento sólo es posible comprándoles más a sus inversores: los gigantes de la nube y el hardware se aseguran, por años, la venta de energía, capacidad de data centers y GPU -Graphics Processing Unit, superior al procesamiento estándar, con la capacidad de entrenar IA.

Finalmente, todo impacta en la valuación de las compañías, cuyas acciones no paran de crecer. No obstante, siguiendo a especialistas de la industria, el bucle descrito es una burbuja que podría explotar en cualquier momento.

Posiciones dominantes, integración vertical

Por otro lado, el ‘viejo’ paradigma expresado en “los datos son el petróleo del siglo 21” también funciona.

Las Big Tech ya han consolidado su posición dominante en la industria. Pero la disrupción de la IA les permite lo que se conoce como integración vertical de productos.

Microsoft integró a Copilot en su suite Microsoft 365 y, en cada uno de los programas, el rol de la IA no para de crecer. Google ya había embebido un motor de búsqueda dentro del navegador, Chrome, y ahora impuso Gemini.

Claude y ChatGPT son expresiones nuevas, pero tan potentes que las anteriores herramientas comienzan a incluirlos -recientemente la versión 5.2 de ChatGPT ofrece integrarse con Gmail; Claude puede trabajar dentro de Excel.

De todos los agentes, se espera que se vuelvan compradores de productos de consumo masivo a finales de este año. Quizá en ese momento se empiece a vender publicidad para convencer en sus decisiones de compra a nuestros próximos asistentes de IA.

Estas y otras maniobras son posibles porque las empresas que dominan el juego son tan poderosas que pueden esperar años para que sus apuestas sean rentables, mientras pierden dinero tal como citamos anteriormente; siempre y cuando vayan acopiando información tan valiosa -y forjando una relación tan fuerte con los consumidores- como para volverse dominantes o reafirmar su posición en un nuevo vertical.

¿Es nuevo? Para nada.

Google -Alphabet- compró YouTube en 2006, por US$1.65 mil millones, cuando la plataforma perdía dinero y enfrentaba riesgos legales enormes. Por poner un ejemplo, datos estadísticos señalan que YouTube en 2008 cerró su contabilidad con un saldo en rojo de alrededor de US$400 mil millones.

La empresa tardó aproximadamente 9 años en volverse rentable (recién alrededor de 2015). Hoy, según datos recientes, YouTube genera más de US$50.000 millones anuales en ingresos y es uno de los activos más valiosos de Google.

Recién en 2018 YouTube consolidó su propuesta premium, con suscripción. Hasta entonces, los usuarios pagamos únicamente con datos. Algo similar está ocurriendo con la IA, pero la disrupción es tanto mayor que existe mucha menos resistencia a pagar los valores de entrada.

Edoe Cohen es un ingeniero en sistemas que ha desarrollado varias startups en Silicon Valley. Su último lanzamiento es una aplicación de delivery de comida saludable, sobre Blockchain.

“Decidimos hacerlo sobre Blockchain porque queremos que el valor de conectar gente alrededor de un servicio permanezca en la comunidad. El modelo de negocio de las Big Tech ahoga a los competidores e incluso a los usuarios y proveedores, porque la inversión inicial es tan grande y son tantas las pérdidas que soportan los capitales detrás de las empresas que centralizan la información, que luego abusan de su posición dominante para lograr sanear sus cuentas” reflexiona.

Los laboratorios de IA como Anthropic y OpenAI no cotizan en bolsa, y las rondas de financiamiento privado son protagonizadas por las Big Tech más algunos grandes inversores conocidos, como Salesforce y Sequoia.

De esta forma, lo que queda claro es que la adopción masiva de IA no es el objetivo final de quienes hoy compiten por la carrera de la IA.

Sin embargo, el hecho de que sus desarrollos transformen una y otra vez a la sociedad en que vivimos no deja de ser inquietante. Especialmente si consideramos que los agentes de IA no surgen como soluciones a problemas acuciantes, como ocurre en áreas vinculadas con la salud, por ejemplo.

Así, pues, mientras atravesamos un momento de fascinación constante, nadie se atreve a aceptar que, al menos por ahora, la adopción masiva de IA no es negocio.

Ninguno de los representantes de las empresas citadas declara cuál es el plan para que estos desarrollos sean sustentables. No hay modelo de monetización que justifique el uso de agentes de IA en el nivel de consumo masivo.

Mientras en la estratósfera las gigantes arman círculos virtuosos con un hype que tiembla ante conflictos como el de Anthropic con el gobierno estadounidense, y los usuarios se entretienen con juguetes que no pidieron, acaso en el nivel de las empresas la automatización sea una clave: menos humanos, más software, más eficiencia e integración, pero menos trabajo.

“Controlar el mercado y la competencia, mitigar riesgos, asegurar escalabilidad y venta de infraestructura” me dicta mi asistente de IA.

Es otro capitalismo.

No, en realidad es otro mundo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar