En la pospandemia: afinar la puntería

Opiniones

En la pospandemia será necesario avanzar hacia soluciones realistas, basadas en una lectura propia del escenario internacional que nos espera. Argentina, que ya venía con problemas en su balanza de pagos, deberá empezar a pagar nuevamente sus compromisos externos, tratando de evitar que esos pagos comprometan o traben su crecimiento. Será necesario lograr una situación de relativo superávit comercial estable, compatible con las necesidades apremiantes de volver a generar riqueza y crear empleos abundantes y bien remunerados.

Y eso deberá hacerse en un escenario internacional muy complicado ya que la demanda global será más reducida que en 2019 por el impacto de la recesión inducida por el Covid-19. La competencia estará exacerbada, y habrá tendencias proteccionistas renovadas. Las naciones que ya tenían problemas para encontrar demanda para su producción en 2019 estarán aún más ansiosas por volcar externamente sus productos y servicios, ya que sus mercados internos estarán debilitados por la caída del empleo y del poder adquisitivo.

El mundo de 2022, cuando la pandemia esté controlada, no será un sitio que estará esperando a la Argentina para comprarle de todo, sino un mundo duro, donde más bien intentarán venderle bienes y servicios, sin reciprocidad. En ese escenario, las perspectivas de los exportadores de commodities no serán expansivas, porque la recuperación global no se avizora, ya que no existe un replanteo serio de bases fallidas de la economía.

Lamentablemente la región latinoamericana, dado el sesgo de la mayoría de los gobiernos actuales, persistirá en mantener su pésima distribución del ingreso, lo que constituye un verdadero cepo a la demanda interna, y por lo tanto a la expansión regional. De no mediar cambios en las orientaciones de las políticas económicas, nuestra región, tras experimentar una severa caída (México, Brasil y Argentina en torno al 10% en este año), no tendrá una recuperación vigorosa. En vez de fortalecer la integración regional, algunas dirigencias piensan exactamente en lo contrario: el Presidente de Brasil anunció recientemente su intención de sustituir trigo argentino por producción local.

La puja estratégica entre Estados Unidos-China se incrementará debido a que EE.UU. se contraerá en 2020 un 8%, mientras China crecerá un 1%, según el FMI. Sea quien sea el presidente norteamericano, la dirigencia de ese país percibe a China como una amenaza a su hegemonía global y persistirá en esa confrontación. Por otra parte, la Unión Europea continuará con su bajísimo crecimiento tendencial. Aún no ha madurado allí una revisión de las políticas de austeridad impuestas a varios países miembros, que anulan las posibilidades de crecimiento.

Recapitulando, necesitamos crecer sólidamente, y al mismo tiempo mejorar la balanza comercial, para que la falta de dólares no detenga la dinámica de crecimiento. Ambas metas muchas veces resultaron contradictorias, y es hora de aprender de la experiencia.

En el período kirchnerista, la fuerte expansión de la industria y la demanda interna llevó a una creciente salida de dólares por importación de energía y de insumos sectoriales, por el masivo turismo en el exterior, y por el envío de crecientes utilidades de las empresas extranjeras a sus casas matrices. El impacto se notó en la fuerte reducción de las reservas del Banco Central, que podían presagiar una crisis cambiaria.

En el período macrista, sólo se logró equilibrar la balanza comercial con un fuerte derrumbe de la actividad económica interna, de los salarios y las ventas, pero la salida de dólares se incrementó por el lado financiero: los pagos de una deuda externa incrementada y la fuga de capitales crecieron notablemente.

Salir de esas situaciones implica compatibilizar nuestras necesidades con lo que permite proyectar el escenario global que nos espera. Hoy parece muy difícil que se produzca un salto exportador significativo, un “golpe de suerte” como pareció ser Vaca Muerta.

Respuestas adecuadas

Una forma factible de enfrentar nuestros problemas reside en avanzar simultáneamente en dos direcciones: la diversificación de exportaciones, tanto en productos como en destinos, siendo capaces de ver el mapa mundial en su totalidad, y detectar oportunidades. Diversificar exportaciones implicará sumar a muchos más actores, reduciendo la dependencia de la volatilidad de ciertos precios específicos.

La otra dirección deberá ser la sustitución de importaciones de productos que estemos en condiciones de producir localmente, con calidad y a precios razonables. Hace poco se inauguró una planta hidrotratadora de diésel, producto que hasta ahora se importaba, y que ahorrará cerca de u$s1.100 millones anuales. Argentina cuenta en muchos terrenos con capacidad productiva de numerosos bienes que sumados pueden ahorrar miles de millones de dólares de importaciones, contribuyendo al fortalecimiento de la balanza comercial.

En 2022 habrá que ser capaces de leer con ojos propios el mundo de 2022, no el que existía en los años 90, ni en los 2000. Ese mundo está definitivamente terminado.

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