Enfriando la heladera
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El actual «modelo», hizo desaparecer (como el mejor mago) los más que extraordinarios recursos debidos al aumento en los precios de las exportaciones. Desde 2003, el valor del futuro de maíz en la Bolsa de Chicago creció 115%, mientras que el futuro de soja subió 160% y el del trigo 220%.
El «modelo» es tan destructivo que, aun con este aumento de precios, las exportaciones argentinas crecieron 16% anual cuando las globales lo hicieron 17%.
La violencia siempre destruye. A qué se refierela «redistribución» K: a la aplicación del monopolio estatal de la violencia para «quitar» (vía impuestos) a los que más tienen «en favor» de los pobres. El Hood Robin: para pagar estos impuestos, los ricos los sacan de abajo (aumentan precios, bajan salarios, etc) mientras los cada vez más pobres reciben de vuelta su propio aporte, previo paso por la corrupción y la burocracia.
Esto explica por qué, la masa salarial de los trabajadores que, en 1990, representaba 55% del PBI, hoy bajó a 43% y que, mientras el Estado, vía retenciones agropecuarias se queda con el equivalente a la alimentación para 120 millones de personas, nunca en la Argentina moderna hubo tanta hambre.
Con datos más creíbles que los INDEK, en 2007 cayeron en la pobreza 1,3 millón de personas, según la Sociedad de Estudios Laborales (SEL), subiendo el nivel de pobreza 30,4% de la población total. Proceso que se acelera. El ingreso familiar per cápita habría tenido un aumento interanual de 22%, pero el valor de la canasta básica se elevó 37,5%, no 11,1% oficial.
Según el gobierno, durante 2007 la « inflación» (el aumento del IPC) habría sido 8,5% (es notable como en San Luis y Santa Fe, no INDEK dependientes, la «inflación» cuadruplica al resto del país). Mientras que los salarios habrían subido 22,6% ganado 14,1 puntos. Pero el IPC real creció cerca de 27% con lo que el poder adquisitivo descendió.
Para colmo, el superávit fiscal corre serio riesgo. Los ingresos en marzo sólo aumentaron 26%, menos que el IPC real. Ergo, bajó en términos reales. El aumento del gasto público, que comenzó en 2007, y las dificultades que tiene el gobierno para conseguir financiamiento externo, preocupa más que la suba de precios, según S&P.
Moraleja: no solamente no hay nada que enfriar sino que habría que lograr que el país tome un poco de temperatura dejándolo moverse, parafraseando al liberalismo clásico, laissez faire, laissez passer. Si esto no ocurre, el desastre es inevitable, si hasta el gobierno reconoce que el crecimiento industrial (el «motor» del modelo) se desaceleró (1,74% con respecto a febrero) durante marzo.
(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, California.




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