FMI: el peligroso camino por delante
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Si bien hay un debate acerca del impacto que tendría un default de la Argentina con los organismos, la impresión es que el BID sería el más afectado, seguido por el Banco Mundial y el Fondo, en ese orden. En ningún caso, tendría un efecto devastador, ya que los préstamos a la Argentina están previsionados, pero un default, sin duda, los afectaría financieramente. Pero al Fondo no sólo le preocupa cobrar, sino también el buen funcionamiento del sistema económico y financiero internacional y establecer las reglas para asistir a países en crisis, dado con su rol de prestamista de última instancia. Eso implica que el Fondo requiere para darles financiamiento a los países que se adopten políticas económicas pro mercado que ayuden al crecimiento económico y que hagan los esfuerzos fiscales necesarios para cumplir con los compromisos externos.
Para la Argentina, este razonamiento implica que el FMI lleva adelante las negociaciones con dos objetivos contrapuestos. Por un lado, busca mecanismos para evitar un default que sería perjudicial para los organismos y también para la Argentina. Por el otro, busca que el programa incluya metas monetarias y fiscales que estén en línea con los esfuerzos que se les han pedido a otros países.
De lo contrario, el Fondo podría encontrarse en una situación difícil en futuras negociaciones con países como Brasil, Uruguay y Turquía, a los que les está pidiendo un esfuerzo fiscal mayor que el argentino. Por lo tanto, es de esperar que las negociaciones durante el resto del año no sean sencillas. El marco general continuará estando dominado por este tironeo entre evitar el default y lograr un programa de mediano plazo que tenga metas similares a las de otros países que hoy están pagando sus deudas. Hasta ahora, el Fondo parece haber priorizado evitar el default y mantener el programa con la Argentina. Esta actitud ha ayudado a generar un diálogo constructivo y a mantener una línea de comunicación de la Argentina con el mundo. Pero la actitud constructiva puede cambiar. En el Fondo hay sectores duros, especialmente entre algunos técnicos, a quienes no les molestaría que la Argentina entre en default con el organismo.
Hasta ahora, el G-7 ha presionado a los técnicos del Fondo para que aprueben los programas. En enero de 2003 fueron los europeos y en setiembre fueron los Estados Unidos los promotores del acuerdo. En ambos casos, se priorizó la relación de largo plazo con la Argentina y se buscó dar tiempo para que el gobierno resuelva los problemas. La política predominó sobre lo técnico. El acuerdo actual establece metas para 2004, pero faltan fijar las metas fiscales para 2005 y 2006.
La gran pregunta es qué pasará si antes de la próxima negociación no se logran avances en los grandes temas económicos pendientes: la negociación de la deuda, la situación económica y regulatoria de las empresas de servicios públicos y las compensaciones bancarias. ¿Quién saldrá a apoyar a la Argentina en ese contexto? El panorama luce complejo.
La reciente finalización de la revisión de diciembre fue un paso adelante y por el buen camino. Pero hay otros caminos que parecen peligrosos y desconocidos, y no se puede descartar que en algún momento demos un paso en falso. Los miembros del G-7 han mantenido el apoyo a la Argentina porque entienden que nuestro país está viviendo una profunda crisis económica, política y social. El gran desafío es poder mantener ese apoyo a medida que gracias al crecimiento económico empecemos a superar esta crisis.
(*) Economista y director de EconViews.




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