Fronteras que definen atraso
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Planes sociales y formación de capital humano
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Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
Las dos Coreas, Hong Kong y Taiwán frente a China. España moderna frente a Iberoamérica feudalizada. Europa occidental frente a la oriental esquilmada por sus responsables políticos. El Primer Mundo respetuoso de su gente frente al desprecio y opresión que los Estados rezagados imponen a sus pueblos.
Obviamente, cruzando las fronteras nacionales la principal diferencia está en el régimen político, en la calidad, respeto y aplicación de las leyes, en la estructura institucional. No obstante, los legisladores de las naciones rezagadas se empeñan en apoyarse sólo en buenas intenciones para sancionar leyes beneficiosas. Pero, al igual que en toda disciplina, las buenas intenciones no bastan.
• Producto
La ley de gravedad, o las de la termodinámica, sirven porque son el producto del mejor conocimiento. De igual manera, las leyes que dictan los parlamentos deberían estar sustentadas en el mejor conocimiento de las ciencias sociales, la economía y el derecho.
Porque ello no es así, la mayor parte de la humanidad vive en la indigencia. Mirando sin comprender por qué otros semejantes disfrutan de oportunidades mucho mejores. No logran entender que, en un ambiente de confianza, de seguridad, la capacidad de las personas comunes de concertar emprendimientos con otros se multiplica tantas veces como registran las estadísticas de ingresos citadas.
Gente con igual destreza física consigue resultados diametralmente diferentes cuando puede confiar en las promesas de sus asociados, para concretar trabajos, y en la acción del Estado para evitar que se infrinjan sus derechos.
• Aplicación
Finalmente, la riqueza de la gente consiste en aplicar los conocimientos que dan fuerza a sus derechos individuales, las posibilidades de coordinar las actividades preferidas sin estorbos indebidos o innecesarios.
Una ley expresa un saber. Imponiendo caprichosamente reglas y modos de conducta que no dieron resultado se retrocede sin remedio.
El camino es estandarizar las normas de las naciones exitosas y aplicarlas en las rezagadas. Blandir la bandera de la soberanía nacional para justificar determinaciones erróneas o peores no facilita el progreso. Cuando estamos enfermos o nuestra vida peligra buscamos la mejor medicina, sin importarnos si es extranjera. Cuando compramos cualquier aparato, procuramos el mejor y no rechazamos al foráneo porque sí. En cambio, la voz de los predicadores contra lo importado es fuerte cuando tratan de vender sus productos de fabricación local. No miremos las cifras de los Estados mexicanos con aire de superioridad. Como consecuencia de «ajustes» de política económica, el ingreso per cápita argentino pasó de 7.170 dólares en 2001, un año de gran crisis, caída del PBI y huida del presidente, a 2.675 en 2002. Todavía nuestro ingreso permanece muy por debajo del de México. Si a alguien le quedan dudas del impacto de políticas equivocadas basta con indagar la licuación de los patrimonios de 2002. Sin embargo, seguimos confundidos y nadie señala claramente a los responsables de la mayor caída del ingreso, en épocas de paz, de la historia. Si persistimos en la mala praxis y no corregimos el rumbo, dentro de unos años tendremos un ejemplo más próximo y concreto, mirando nuestra frontera oeste, de norte a sur. Del lado próspero estará Chile.




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