Más que expectante quedó el clima en el Ministerio de Defensa y en sus satélites de las Fuerzas Armadas luego de la expulsión del general Osvaldo Montero (a quien, como trascendió, le grabaron conversaciones que eran soeces para con la ministra Nilda Garré, confiando el militar en que la reemplazarían en la futura administración). Pero, como se sabe, este episodio era la cumbre de un iceberg más extendido y oculto que escondía un litigio entre la Garré y el jefe del Ejército y, sobre todo, una franca discrepancia entre dos colegas del gabinete: ella y el ministro del Interior ( próximamente a cargo de Justicia), Aníbal Fernández. El verano, al parecer, limará dificultades internas, las nuevas definiciones -como creen en Defensa, y a su favor-habrán de postergarse hasta fines de marzo: allí habría nuevos cambios.
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Poca explicación hubo sobre el hecho de que un ciudadano común y uniformado como Montero -poco listo, por otra parte, ya que como jefe de Inteligencia debía reparar en que lo escuchaban-era asediado telefónicamente con grabaciones que finalmente lo perjudicaron. Ya se ha convertido en una habitualidad que no sorprende a los argentinos, aunque en su caso le atribuyen esa obsesión por escucharlo a un alto funcionario de la SIDE que, según mentas, hasta ennovia con una allegada familiar a la Garré. Lo que se dice, una cuestión de familia.
A Montero, finalmente, lo despidieron por otras menudencias que no han sido reveladas y, en rigor, la tensión prosigue en el seno del gobierno: Garré no olvidará a Fernández en su pretensión por ocupar el cargo de ella -cuestión que, es obvio, no se le ocurrió al ministro, incapaz de esas ambiciones-, tanto que ahora trascienden reuniones e involucrados presuntos en una gestión que no llegó a consumarse.
Mencionan a tenientes coroneles que se reunían con Fernández y, como soporte de una futura gestión, el aporte de empresarios que lo ayudarían en la tarea. Apellidos: Montoto, Cucaro y Ruiz Laprida (cada uno con diferente llegada al gobierno).
También se habla de que las conversaciones grabadas no eran sólo de celulares, sino también de las líneas internas en los ministerios (lo que revela una atención especial de la SIDE con algunas figuras oficiales) y de que tampoco coincidieron, a pesar de la explosión de la crisis, los proyectos de Bendini y la Garré para definir los ascensos de generales. Sobre ese capítulo también deberá terciar Cristina de Kirchner, mientras se abre la espera hasta marzo: entonces, creen en Defensa, quizá la Presidente conceda el pedido para remover de la cúpula del Ejército a Bendini y al almirante Jorge Godoy como jefe de la Armada. Habrá que esperar y hablar poco por teléfono
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