El presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan, hace pocos días expuso ante el Congreso su siempre esperado informe sobre el estado de la economía estadounidense, y el escenario que describió la caracteriza como en un ritmo de fuerte expansión doblando el codo de la recesión de un modo claro, con una demanda laboral que se incrementará con fuerza en los próximos meses al ritmo de una demanda reactivada, sin amenaza inflacionaria de ninguna naturaleza, y con una productividad en continuo incremento.
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Estos conceptos equivalen a una bendición celestial para las aspiraciones reeleccionistas del presidente Bush, porque cuadran a la perfección con su mensaje electoral ampliamente optimista respecto de las perspectivas de la economía y la creación de puestos de trabajo en los próximos meses. Nadie puede dudar de que Greenspan sabe y entiende de economía muchísimo más que el senador Kerry, el candidato casi seguro del Partido Demócrata para las elecciones presidenciales, quien viene sosteniendo en todas las tribunas que la situación económica está dominada por un superdéficit fiscal, la debilidad en la creación de puestos de trabajo y un irresponsable proceso aperturista que ha dejados a miles de norteamericanos sin empleo.
El informe de Greenspan está dominado, como siempre, por un impecable profesionalismo, un enorme dominio de las cifras, y un agudo análisis de la compleja realidad de la economía más grande y de más alta productividad del mundo, por lo que nadie podría acusarlo de oportunismo político en su informe al Congreso. Se podrá o no estar de acuerdo con sus juicios técnicos, pero éstos de manera invariable se caracterizan por un elevado rigor conceptual.
Pero lo que diferencia a Greenspan de un experto monetario cuya visión no va más allá del limitado territorio de su espacialismo y se encuentra a la cabeza de un Banco Central, es la notable conciencia que posee respecto de la naturaleza profunda de la institución que preside que, por el inmenso impacto de toda decisión de la misma sobre el conjunto de la sociedad, jamás puede ser un órgano puramente tecnocrático como tampoco puramente político.
• Integración
La Fed es un organismo que, bajo la notable conducción de su presidente, ha sabido integrar la economía con la política, porque entiende a cabalidad que toda decisión respecto de la moneda debe tomar en consideración la totalidad de los factores en juego, y no sólo parámetros macroeconómicos.
Un ejemplo notable de lo que decimos lo ofrecen sus conceptos respecto de la suba de las tasas de interés esperada por los mercados financieros del exterior, especialmente de Europa, como una medida destinada a fortalecer el dólar frente al euro. Greenspan ha pedido paciencia a ellos porque no ve amenazas inflacionistas, porque todavía necesita consolidarse el proceso de dinamización de la inversión privada y la creación de empleos, y porque estima que la declinación del dólar va a favorecer la reducción del enorme déficit comercial de los Estados Unidos.
¿Sólo por estas consideraciones la Fed no estaría lista para subir las tasas de interés? Es evidente que hay además una visión política de lo que podría suceder si hoy se produjese un incremento del costo del dinero, dado que abortaría el proceso de reactivación que está en marcha y agudizaría las dificultades laborales, con lo cual el futuro presidente se encontraría ante un escenario económico y social complicado en momentos en que los Estados Unidos deben decidir sobre serias cuestiones internacionales.
Greenspan ofrece una notable lección del arte de gobernar, que de modo reiterado implica encontrar un delicado y cambiante equilibrio entre las necesidades económicas y las realidades políticas. Cuando cada una de estas partes se ol-vida de la otra, se generan graves desequilibrios donde pier-den tanto la economía como el orden social e institucional. Para los que vivimos en los Estados Unidos, esta integración entre la economía y la política es una lección inolvidable proviniendo de un país como la Argentina, en el cual durante décadas la política ha destruido la economía o vice-versa, siendo los grandes perdedores el país y su gente, que tiene que emigrar por no tener destino en su propia patria.
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