23 de abril 2004 - 00:00

¿Habrá suba de tasas en Estados Unidos?

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien, para no identificarlo por su nombre, se lo apoda Gordon Gekko, en alusión al personaje que interpretó Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es la suba de tasas que insinuó Alan Greenspan ante los senadores. Algunos creen que no se producirá, que el titular de la Reserva Federal utiliza el anuncio como una amenaza para mantener la economía en caja.)

PERIODISTA: Es oficial. La amenaza de la deflación ya no es más una preocupación para la Reserva Federal. Son palabras de Alan Greenspan ante el Congreso. Si la recuperación económica echó sólidas raíces, como también afirmó, ¿no está finalmente Greenspan emitiendo el boleto de ida en la ruta de la suba de tasas de interés?

Gordon Gekko: Sí, claro. Pero fíjese que mantiene en blanco el espacio dedicado a la fecha.


P.:
Me pareció muy decidido. Lejos de sus habituales medias tintas.

G.G.: Las tasas de interés eventualmente subirán. Eso es lo que dijo. El tiempo de la deflación pasó (en realidad, la deflación en sí nunca ocurrió), pero ¿ha llegado el momento de la inflación o, con más precisión, de las presiones inflacionarias? Greenspan fue muy puntilloso en subrayar que no.


P.:
Los números fríos sugieren que sí. La inflación minorista del primer trimestre -si se la anualiza- arroja un avance de 5%...

G.G.: Greenspan no la anualiza. O sea, confía en que se trata de una aberración. No de un cambio de tendencia que ponga en riesgo la estabilidad de precios.


P.:
¿Y usted qué piensa?

G.G.: No tome un único indicador. No considere un único mes. Mire los precios minoristas y mayoristas (con o sin alimentos y energía), los precios de importación, el deflactor del gasto de consumo personal y el renglón de precios de los informes ISM a lo largo de todo el primer trimestre y encontrará un mensaje no solamente repetido, sino, lo más importante, un mensaje novedoso que era inobservable en fecha tan reciente como diciembre del año pasado.


P.:
Todos esos indicadores de inflación marcan que los precios han trepado un escalón...

G.G.: Seguro. Es una lectura compacta. Sin huecos. Uniforme. Que Greenspan utiliza para declarar el fin de la amenaza de la deflación, pero que no necesariamente se agota allí. La inflación minorista (sin alimentos ni energía) creció 1,1% en los doce meses a diciembre 2003 y 2,9% de enero a marzo (anualizado). Ahí está el quid de la cuestión.


P.:
Ello no les quita el sueño. Ni a Greenspan ni a la Fed. Ben Bernanke, el más locuaz de los gobernadores de la Fed, ha dicho la semana pasada que no cree que la inflación constituya un problema durante los próximos dos años.

G.G.: Lo escuché. También admitió que es difícil pronosticar la tasa de inflación. Como se dará cuenta, son dos afirmaciones y, como mínimo, acertará en una.


P.:
¿En qué se basa Bernanke para mostrar tanta confianza?

G.G.: La idea es muy simple: la economía dispone de amplia capacidad instalada sin utilizar y abundante mano de obra deseosa de obtener empleo. Hoy en día, pese a la recuperación en marcha, existen dos millones de puestos de trabajo menos que a mediados de 2001.Y hay 8 millones y medio de desocupados en procura de ubicación. Esa holgura -un reflejo de los avances sostenidos de la productividad de la economía norteamericana- piensa Bernanke que permitirá tener la inflación bajo control...


P.:
Si fuera así, ¿para qué apresurarse a subir las tasas de interés?

G.G.: Los dichos de Greenspan sugieren que hay otras opiniones dentro de la Fed. Probablemente compartan el diagnóstico de Bernanke, pero con un horizonte más acotado. Especialmente, luego de observar el comportamiento de los precios en los primeros tres meses del año...


P.:
¿Cómo interpretar esta telaraña de mensajes encontrados? ¿Qué sabemos hoy que ignorábamos antes que Greenspan visitara el Congreso?

G.G.: Mi impresión es que Greenspan desmontó ese pacto tácito de «no agresión» entre la Fed y los mercados. La Fed avisa que se reserva el derecho de entrar de nuevo en acción. No lo hará en la reunión de mayo, pero podría moverse en fecha tan temprana como en la reunión de fines de junio.


P.:
¿Agosto no luce como más probable? ¿No se precisa reunir una masa crítica de información?

G.G.: Sí. Es llamativo, empero, que Greenspan haya dicho que la evidencia económica, hoy en día, es sólo anecdótica, pero que la anécdota le resulta convincente. O sea que la Fed apuesta de antemano. No necesita dar vuelta las cartas porque cree saber que la mano viene muy cargada. Me parece que lo que la Fed busca es recrear las condiciones de estrés asociadas a una suba de tasas sin tener que subir las tasas. Lanza la advertencia como quien tira una piedra y se sienta a evaluar los destrozos...


P.:
No sé si lo entiendo...

G.G.:Aprendimos este juego en los '90. Greenspan clava la espina de la suba de tasas. Los mercados y la economía comienzan a descontar esa suba y anticipan sus efectos nocivos. Lo vemos en la Bolsa, en la caída de los bonos largos o en los temblores de Brasil. Pero se necesita más tiempo para observar impacto -si lo hubiera-en las variables reales. En 1997 la suba de tasas consistió en una única alza. El sudeste de Asia se derrumbó antes que llegara la segunda dosis. Y el contagio que se extendió por el norte de Asia y Rusia obligó a bajar tres veces las tasas (no a subirlas) a fines de 1998. Por eso creo que Greenspan ha inaugurado un nuevo período de pruebas. Ha inyectado la preocupación y se sentará a observar si la actual robustez resiste o si se agrieta peligrosamente...

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