2 de noviembre 2026 - 17:07

Un nuevo camino hacia el poder político en China pasa por las empresas estatales

El Partido Comunista amplía el reclutamiento de funcionarios provenientes de compañías públicas para cubrir cargos de alto rango. La tendencia fortalece el peso del Estado en la estructura política y desplaza las oportunidades de ascenso para los empresarios privados.

El presidente chino Xi Jinping impulsa una reconfiguración de los cuadros políticos, con mayor presencia de dirigentes que hicieron carrera en empresas estatales.

El presidente chino Xi Jinping impulsa una reconfiguración de los cuadros políticos, con mayor presencia de dirigentes que hicieron carrera en empresas estatales.

Imagen creada con IA.

En gran parte del mundo, los 55 años son una edad en la que un funcionario podría empezar a pensar en la vida después del trabajo. En el selecto ámbito de la política de élite china, es aproximadamente la edad en la que las carreras empiezan a ponerse interesantes: los cincuentones son los jóvenes vigorosos que recién comienzan a abrirse paso hacia los niveles más altos del poder. Tras una reorganización que terminó la semana pasada, ocho de las 31 provincias de China tienen ahora gobernadores nacidos en 1970 o después. Ninguno de estos dirigentes, hay que aclararlo, es tan novato como para haber nacido después de 1973.

Vale la pena observarlos más de cerca. No porque alguno vaya a gobernar China próximamente (si es que alguna vez lo hace, dada la firmeza con la que Xi Jinping concentra el poder), sino porque, como los integrantes más destacados de su generación, revelan qué características valora hoy el Partido Comunista en sus dirigentes. Un rasgo común es su amplia experiencia en empresas estatales.

Seis de los ocho gobernadores de este grupo relativamente joven llegaron a sus cargos tras desarrollar sus carreras en distintas dependencias de China Inc. Liu Jie, ahora en la provincia de Zhejiang, trabajó durante 16 años en una empresa siderúrgica. Guo Ningning, una estrella en ascenso en Fujian, pasó 24 años en bancos estatales. Xie Weijiang, actualmente en Hunan, dedicó 23 años al sector energético. De los tres ministros nacidos en la década de 1970 que integran el Gobierno central en Pekín, dos también trabajaron en empresas estatales. En total, casi tres cuartas partes de los funcionarios más jóvenes que ocupan hoy los cargos de mayor jerarquía en el Gobierno son graduados de China Inc. Empieza a parecerse a Goldman Sachs en el Gobierno, pero con características chinas. Una de esas características, para ser claros, es que la puerta giratoria funciona casi exclusivamente desde las empresas estatales hacia el Gobierno, y no en sentido contrario. Además, los ejecutivos de las compañías todavía deben esperar su turno: los ocho gobernadores nacidos en la década de 1970 están subordinados a secretarios provinciales del Partido nacidos en la década de 1960.

Ascender a través de las empresas estatales representa un cambio respecto de las vías por las que los funcionarios solían escalar posiciones en la jerarquía política. El camino clásico consistía en acumular experiencia a nivel local, comenzando en un condado, pasando a ser alcalde de una pequeña ciudad y avanzando progresivamente hasta llegar a un cargo provincial. Otra vía era el ascenso acelerado a través de la Liga de la Juventud Comunista. Una tercera era el recorrido tecnocrático, especialmente para los ingenieros: podían pasar de trabajar en una represa al Ministerio de Industria y, desde allí, acceder a puestos de mayor jerarquía. Cada una de estas vías tenía sus desventajas. El recorrido local podía resultar demasiado limitado para una superpotencia global. La Liga de la Juventud terminó siendo considerada una facción arrogante, en particular por Xi, a medida que consolidaba su poder. Y el prestigio de los ingenieros, que habían sido especialmente útiles durante la intensa etapa de construcción de China, había disminuido en Pekín.

En escena aparece lo que Li Cheng, de la Universidad de Hong Kong, denomina "tecnócrata 2.0". Durante los últimos cinco años, los funcionarios con formación especializada protagonizaron un regreso. Los ingenieros forman parte de este grupo, pero sus títulos abarcan una amplia variedad de disciplinas, desde las ciencias de la vida hasta la computación cuántica. Un gran número también estudió economía y finanzas. Y las empresas estatales constituyen la escuela de formación definitiva.

Algunos funcionarios siempre pasaron de las empresas estatales a la política. Pero durante la última década esa puerta se abrió mucho más. En 2019, el Partido reformuló su sistema de nombramientos y creó un mecanismo para facilitar que más personas pasaran, y con mayor rapidez, de las empresas estatales al Gobierno. En 2022, Li contabilizó 86 funcionarios nacidos en la década de 1970 que para entonces habían llegado a cargos provinciales de nivel vicegubernamental; el 54% había trabajado en empresas industriales o financieras.

¿Por qué el Partido recurre a los ejecutivos de las empresas estatales? Estas compañías, protegidas, sobredimensionadas y lentas, difícilmente sean modelos de la economía dinámica que los dirigentes del país quieren construir. Sin embargo, desde el punto de vista político, tienen mucho para ofrecer. Las empresas verdaderamente nacionales no están subordinadas a un territorio en particular. Sus directivos han gestionado asuntos complejos y muchos conocen el mundo más allá de China. Lu Dongliang, actual gobernador de Shanxi, consiguió acceso a recursos en África y el Sudeste Asiático cuando estaba al frente de Chalco, la filial que cotiza en Bolsa del mayor productor de aluminio del mundo. Zhuge Yujie, el nuevo gobernador de la provincia de Qinghai, dirigió el puerto de Shanghái, el más transitado del mundo. Feng Chucheng, de Hutong Research, una consultora de Pekín, considera que el ascenso de los ejecutivos de empresas estatales refleja la preferencia del Partido por dirigentes que, según espera, puedan combinar la autosuficiencia tecnológica con la resiliencia económica.

Recurrir a las empresas estatales también amplía el universo de talentos disponibles para el Partido. Hay enormes vacantes que cubrir. En una importante reunión plenaria celebrada la semana pasada, apenas el 74% de los miembros del Comité Central del Partido (que comenzó con 376 integrantes) estuvo presente en Pekín. Fue la tasa de asistencia más baja del último medio siglo posterior a Mao, lo que confirmó la magnitud de las purgas de Xi. Algunos observadores creen que estas destituciones podrían terminar perjudicando a Xi, al reducir la cantidad de cuadros disponibles para futuros nombramientos. En realidad, es poco probable que esto represente una limitación: a China no le faltan personas ambiciosas que aspiran a ocupar cargos de poder. Ahora hay todavía más, porque los empleados de las empresas estatales también pueden competir por esos puestos.

Rojos y expertos

El dominio de Xi puede resultar asfixiante para la burocracia: la lealtad hacia él es un requisito indispensable para ascender, lo que debilita la iniciativa y la audacia de los funcionarios. Sin embargo, el mecanismo que lleva a los directivos de las empresas estatales a ocupar altos cargos demuestra que la lealtad es una condición necesaria, pero no suficiente. Para progresar realmente, los funcionarios deben haber demostrado experiencia y capacidad, y no solamente credenciales ideológicas. En ese sentido, el renovado énfasis en las capacidades técnicas es digno de reconocimiento.

Pero, desde otro punto de vista, constituye un presagio preocupante para la economía. Durante las décadas de crecimiento acelerado de China, gran parte de su impulso provino del retroceso del sector estatal y del ascenso de las empresas privadas. Bajo el gobierno de Xi, la tendencia cambió. Los empresarios privados atraviesan dificultades, mientras que las empresas estatales, nuevamente favorecidas por los bancos públicos y los planificadores centrales, ganaron confianza. La incorporación sistemática de ejecutivos de empresas estatales al Gobierno no hace más que reforzar esta tendencia. Las empresas privadas deben formar células del Partido, pero ningún empresario privado llegó a ser miembro pleno del Comité Central. Para los graduados ambiciosos que ingresan al mercado laboral, el mensaje es claro: apuesten por China Inc.

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