4 de agosto 2006 - 00:00

Hienas y chacales

(La larguísima sesión de Diputados en la que se votó, en la madrugada de ayer, la polémica ley de cesión de facultades extraordinarias al jefe de Gabinete en el manejo del Presupuesto, dio para que los legisladores se cruzasen acusaciones de todo tipo. De la larga tenida que duró casi 12 horas, extraemos estos fragmentos que sintetizan el tono y el contenido del debate. El miembro informante del proyecto introdujo uno de los temas recurrentes del debate, que fue la alusión a figuras de la zoología. El eligió chacales, hienas y leones.)

Carlos Snopek
Carlos Snopek
CARLOS SNOPEK (PJ Jujuy). Si me permite, señorpresidente, voy a relatar una breve anécdota. Ocurrió en el salón Padilla del Ministerio de Economía, mientras corría el segundo lustro de la década del 80. En esa época, los recursos coparticipables no se enviaban diariamente a las provincias, sino a fin de cada mes, y dados los índices de inflación que acabo de mencionar ocurría que a cada provincia llegaba poco o nada. En aquel salón se llevó a cabo una reunión de Estado, a la que asistieron su excelencia -así se llamaba a los ministros antes de la reforma de la Constitución de 1994- el señor ministro del Interior, su excelencia el señor ministro de Economía, y sus excelencias, quince gobernadores argentinos. Por allí había algunos mequetrefes, en medio de ellos, aunque sentados en la parte de atrás del salón, que éramos quienes manejábamos las economías provinciales. Su excelencia el ministro del Interior nos señaló que debíamos tener en consideración la distribución de otro tipo de recursos, por ejemplo, los automóviles que se entregaban a las policías provinciales.

Dio la casualidad de que la noche anterior yo había visto en Noticias Argentinas (sic, aunque se refiere a «Sucesos Argentinos»), ese noticiero donde aparecía un caballito que se paraba en dos patas -y en medio del relinche-, que en una ciudad mediterránea -que quiero mucho- muy importante de nuestra Argentina desfilaban mil automóviles ocupando cuadras y cuadras de la avenida Colón.

Saqué la cuenta considerando el producto bruto, la cantidad de habitantes y otros indicadores, y llegué a la conclusión de que a nuestra humilde tierra del Norte, de la que soy oriundo, le correspondían algo más de treinta autos, pero, en realidad, no habían llegado ni dos. Recuerdo que en aquella reunión me paré, pedí la palabra -como lo hago acá-, e instado por un gobernador amigo -en este recinto también hay algunos amigos de él- , pregunté al señor ministro si los habitantes de esa provincia habían actuado a la manera de Cristo en las Bodas de Canaán o cuando multiplicó los panes y los peces, porque no entendía cómo la distribución era tan despareja y de dónde habían sacado los recursos, ya que en el Presupuesto nacional éstos no figuraban. En razón de que estaba al lado de su excelencia el señor ministro de Economía, él me contestó que había resuelto modificar partidas del Presupuesto; precisamente se trataba de aquellas relativas a finalidad y función, que no estaban autorizados a cambiar. En vez de usar el dinero en una cosa, lo usaban para comprar estos mil automóviles que habían ido a parar a esa hermosa provincia mediterránea. De este tema debemos aprender una lección.

(...) Dicen que les parece bien que estemos creciendo; me congratulo de que así sea, porque no es correcto que se alegren cuando las cosas van mal. Lo cierto es que como las cosas van bien, parecería que a veces hiciéramos como el chacal o la hiena: que cuando el león caza, hace el trabajo duro y pone las cosas en su lugar, los otros mordisquean por todas partes para dejarlo sin su porción, y esto no está bien.

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