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Alberto Fernández
Ni la Argentina ni los compradores de soja son formadores de precios, que han sido formados, antes, por los mercados de futuros. El tomador del precio es el que compró soja a término cuando estaba a menor valor y asumió el riesgo de perder un margen en dinero si el precio caía. Esta es la base del financiamiento con que cuenta el granjero: «alguien» le prestó la semilla y los agroquímicos, y el granjero se comprometió a entregar una cantidad de producto después de la cosecha para cancelar su deuda. Pero ese tercer individuo debió acudir a los mercados de capital para financiar su operación, y vender su activo (la cosecha a recibir) en el mercado a término para evitar pérdidas si la soja caía de precio. Esta es la base de financiamiento de todo el sistema agropecuario. En algunos países relegados del Africa la soja también crecería, si existiera el financiamiento para ello a partir de los instrumentos de los mercados a término. Si la señal de los precios desapareciera,¿cómo podría financiarsela próxima cosecha? Lo que el pobre Moreno no sabe es que los precios llevan a cabo tres funciones en la organización de la actividad económica: primero, transmiten información; segundo, proporcionan un incentivo para adoptar los métodos de producción menos costosos, utilizando los recursos disponibles en los propósitos más valorados y, tercero, determinan quién recibe qué proporción del producto, que es la distribución del ingreso.
Estas tres funciones están interrelacionadas. No es posible usar los precios para transmitir información y proveer un incentivo para actuar sobre dicha información sin usarlos también para afectar la distribución del ingreso. Si lo que una persona recibe no depende del precio que obtiene por los servicios de sus recursos, ¿qué incentivo tiene para buscar la información contenida en los precios o para actuar de acuerdo con esa información? Si su ingreso será el mismo trabaje o no, ¿por qué va a trabajar? ¿Por qué hará el esfuerzo de buscar al comprador que valora más alto lo que él tiene que ofrecer, si no obtendrá ningún beneficio del esfuerzo? Si no hay recompensa por acumular capital, ¿por qué debería alguien posponer lo que puede disfrutar ahora? ¿Por qué ahorrar? Los soviéticos aprendieron, por el camino espinoso, que las correctas respuestas a estas preguntas no pueden ignorarse sin pagar un enorme costo. Sin la austeridad voluntaria de las personas, ¿cómo podría haber surgido el capital físico que existe actualmente? Como señala Milton Friedman, si se quiere evitar que los precios afecten la distribución del ingreso, tampoco podrán ser utilizados para otros propósitos. La única alternativa es el uso de órdenes. Alguna autoridad tendrá que decidir quién debe producir qué bien y cuánto de éste. Algún funcionario deberá decidir qué emprendimientos deben ganar cuánto, quién debe barrer las calles y quién administrar las fábricas. Tal vez descubra que Moreno equivocó su profesión.



