"La próxima reunió de la Fed bajará las tasas un cuarto de punto"

Opiniones

El experto en mercados internacionales, que se escuda bajo el personaje de la película «Wall Street», llamado Gordon Gekko, cree que en la próxima reunión la Fed bajará las tasas un cuarto de punto. Pero no descarta que, con un dólar cayendo en picada y el petróleo bordeando los 90 dólares por barril, la decisión pueda cambiar a último momento.

PERIODISTA: Los precios son más altos. Los de las acciones pero también los del petróleo, los commodities, las monedas. El «megafondo» de los grandes bancos, las heridas que muestran sus balances (y las que se adivinan ocultas), la caída libre del mercado inmobiliario, todo confluye. Y el balance final, después de un alivio que duró menos de un mes, vuelve a complicarse. ¿Sensación térmica o realidad?

Gordon Gekko: Piense que después de la baja de medio punto en las tasas cortas -el 18 de setiembre- las principales Bolsas internacionales subieron entre 9% y 15%. El índice mundial MSCI avanzó 13%.

P.: ¿Cuando se lo mide en dólares?

G.G.: Correcto. Pero esto va mucho más allá de la debilidad de la unidad de cuenta. Las Bolsas de los mercados emergentes treparon 34%.

P.: Demasiado avance en tan poco tiempo...

G.G.: Correcto. La Fed, a su modo, tomó nota. Y lanzó el «globo de ensayo» de dar un paso al costado en la próxima reunión.

P.: La suba de las cotizaciones traducía la confianza de que la reducción de tasas no se iba a agotar en el medio punto servido en setiembre.

G.G.: Aún se sustenta en poco más que eso. Cuando Citigroup adelanta que sus ganancias del trimestre se van a recortar 60%, la acción reacciona subiendo 2%. Esto fue antes de que la Fed esbozara la posibilidad de dejar las tasas invariables en octubre. En ese marco, varios bancos aprovecharon para sacar la basura a la vereda (en un par de semanas afloraron pérdidas por 20 mil millones de dólares en cabeza del Citi, UBS, Merrill Lynch, Washington Mutual, Deutsche Bank) y el corolario fue que, en una semana en la que el SP500 trepó 2%, la canasta de acciones financieras que cotizan en Wall Street disparó un alza de 4,5%.

P.: Eso parece que hubiera ocurrido un siglo atrás.

G.G.:
Usted lo ha dicho. Pero fue la semana pasada. Sin preaviso, la tolerancia se transformó en brusquedad. El balance del Citi vino esta semana con una reducción de 57% en las utilidades y no hizo más que propiciar una soberana paliza. Si me pregunta qué cambió, le diría que mire para el lado de la Fed. La percepción sobre su postura es lo que en rigor se alteró.

P.: Es un mundo demasiado frágil si se compone o se arruina porque la Fed quita o pone unas monedas.

G.G.: La Fed no taló las tasas en medio punto porque pensara que el mundo bajo su cuidado era una roca. No pensaba hacerlo. No quería hacerlo, pero se vio obligada. Recuerdo que comentamos que no había muchos motivos para el festejo.

P.: Además hay que lidiar con inversores bipolares. Un día descorchan champagne. Al día siguiente ven todo negro.

G.G.: Mire la India. La gente corre para comprar y corre para vender, en la misma rueda. El mercado sube, cae 9%, hay que suspender las cotizaciones una hora, luego recupera.

P.: Ahí hubo una razón. El gobierno indio limitó la entrada de capitales extranjeros.

G.G.: Después se aclaró que fue un malentendido. Que las restricciones estaban diseñadas sólo para las notas de participación -un instrumento que les permite a los fondos extranjeros comprar acciones sin registrarlas a su nombre- y no para el movimiento de capitales en general. Ahora bien, si la dinámica que impuso esta novedad persiste, uno tiene que entenderque no pasará mucho tiempo para que el mecanismo regulador amplíe sus alcances. ¿O no basta con ver cortar las barbas del vecino? Aquí se advierte qué instinto prevalece. El temor o la ambición.

P.: La ambición sacó la mayor tajada.

G.G.: Los inversores ven a China cotizar a 50 veces ganancias. Y se relamen con una Bolsa de Mumbai que está valuada -a pesar de haberse apreciado 23% en un mes- en un ratio de 20.

P.: Todo este andamiaje se desmoronaría si la Fed hace mutis por el foro en su reunión del 30 y 31.

G.G.: Pienso que sí. La correlación es muy nítida. Lo que se puede discutir es la causalidad. O, con mayor exactitud, el orden de precedencia. La estantería puede desmoronarse primero y forzar luego a la Fed a intervenir.

P.: ¿Cómo observa los ánimos dentro de la Fed? ¿Cree que hay una posición definida? ¿Piensa que hay opiniones encontradas?

G.G.: La Fed sorprendió en setiembre, en forma deliberada. Posee todo el «know how» para dejar que sus decisiones se anticipen a la perfección. Y no quiso usarlo. Buscó conmover adrede.

P.: ¿Puede volver a sorprender?

G.G.: Puede. Quizás la unanimidad con que se tomó una resolución tan importante haya sido la mayor novedad. Todo indica lo contrario; que hay una gran disparidad de criterios.

P.: ¿Cómo sabe que los tantos están divididos?

G.G.: Piense que la Fed ha celebrado 4 reuniones cuando tenía agendadas sólo 2. Y, como le dije antes, la decisión original de no hacer nada se transformó en una baja concreta de medio punto. Una dosis, como sabe, inusual. No puede haber unanimidad en ese proceso a menos que, por citar términos de William Poole, ocurra una calamidad. Lo que, por cierto, no aconteció.

P.: ¿No hay evidencia dura?

G.G.: En forma indirecta, sí. La Fed de Filadelfia quiso dejar la tasa de descuento sin cambios en la reunión del 18. Yo no creo que Plosser, su titular, alentara ninguna simpatía por una reducción, en paralelo, de la tasa de fed funds.

P.: El tema es que, este año, Plosser no vota.

G.G.: Ese es un punto importante. Pero no significa que no ejerza influencia. Las Fed de Atlanta, Chicago y Dallas apoyaron una baja de un cuarto de punto en la tasa de descuento en vez de medio. Allí anida otro matiz de diferencia. En el extremo opuesto, la Fed de San Francisco ya quería bajar la tasa de descuento en un cuarto de punto, el 4 de setiembre, tras conocerse el informe de empleo de agosto (que sugería una destrucción neta de empleos que luego fue revisada). Esta variante fue rechazada, en su momento, por sus pares. Lo que no impidió que se rumbeara luego en esa dirección.

P.: ¿Usted qué piensa que terminará ocurriendo a fin de mes?

G.G.: Mi impresión hoy es que la Fed reducirá las tasas en un cuarto de punto. Pero recuerde que la última decisión se justificó por el propio vértigo de los acontecimientos. Y -con un dólar cayendo en picada y el petróleo bordeando los 90 dólares el barril- cualquier resolución requerirá un manejo muy fino de las circunstancias.

P.: Con esos dos ingredientes en juego, no parece muy atinado bajar las tasas de interés.

G.G.: Si las tasas largas trepan, la operación abortará. Dos o tres días atrás, parecía el caso, cuando la tasa de 10 años apuntaba a 4,70%. Hoy la situación giró por completo. Allí, en la arena del mercado de bonos, sobre el filo del mes, se definirá la acción a tomar.

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