24 de febrero 2005 - 00:00

¿La tragedia de Cromañón servirá como una bisagra?

Cuando un problema grave sucede, quienes poseen capacidad de resolverlo tienen el compromiso y la obligación de hacerlo o de haberlo prevenido. Ante esa idea, creo que la tragedia en la discoteca República de Cromañón, ocurrida hace casi dos meses en la Ciudad de Buenos Aires, plantea la necesidad de reflexionar sobre cuestiones básicas de nuestra idiosincrasia como sociedad en todo el país. Hoy, la estrategia del Gobierno de la Ciudad es encarar un operativo de control de las medidas de seguridad en establecimientos de gran concentración de gente y, a su vez, clave para la actividad turística: discotecas, shopping, hoteles, restoranes, bares... Desde la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (FEHGRA), estamos a favor de la implementación de adecuadas medidas de seguridad y control que favorezcan el bienestar de toda la comunidad. Pero también proponemos reflexionar sobre el verdadero problema.

A más de 50 días del terrible hecho, la verdadera dificultad es que nuevamente corremos el riego de transitar un camino conocido y triste: una fuerte repercusión en los medios de comunicación y la implementación de medidas de seguridad tibias o muy mediáticas de acuerdo con la magnitud de la tragedia o la necesidad proselitista de algunos políticos. Y después de eso, ¿qué? ¿La comunidad recuperará la confianza? ¿Volverá a bajar la guardia? ¿De tanto en tanto, algún familiar de las víctimas, esperando justicia, recordará a una sociedad adormecida que el 30 de diciembre de 2004 en una disco de Once perdieron la vida 193 personas, pero sin encontrarse hasta el momento casi ningún culpable?

• Recapacitar

No necesitamos más de lo mismo, sino repensar si no somos nosotros el verdadero problema. Porque en la tragedia de República de Cromañón hubo verdaderamente un empresario inescrupuloso. También estuvieron involucrados algunos funcionarios corruptos que alimentan esta cultura de la desidia y de la irresponsabilidad que venimos construyendo desde hace decenios. Sobornados y sobornadores, a los que se les suma otro actor responsable: una parte de la comunidad. Frente a casi 200 muertos y más de 700 heridos, no podemos dejar de recapacitar sobre la responsabilidad de la sociedad entera.

Todos nosotros construimos esta cultura decadente, que habilita la posibilidad de que se mezclen en un mismo caldo personas comunes con irresponsables. Caldo de cultivopara que la impunidad quede inmune. Me pregunto si este caso desdichado nos servirá a los argentinos como un hecho bisagra. Un antes y un después de la tragedia. Un tocar fondo para empezar a entender qué nos pasa como sociedad. Esta bisagra no puede quedar perdida en la historia. No puede ni debe olvidarse: debe ayudarnos a ser una comunidad más respetuosa y responsable, debe impulsarnos a generar una realidad más edificante.

¿Pero el caso República de Cromañón puede transformarse en un hecho bisagra? No lo sé. Hoy veo desdibujada la responsabilidad oficial. En la Ciudad de Buenos Aires, el Estado trata de justificar sus propios errores e irresponsabilidades, implementando medidas utópicas, que rozan con lo totalitario. La ejecución de normas impracticables termina generando las mismas conductas corruptas que se pretenden combatir. Normas simples y de cumplimiento riguroso son lo que necesita el país para empezar a ordenarse. No sirven las medidas complicadas, «gatopardistas», difíciles de cumplir y controlar, porque permiten que se caiga indefectiblemente en hechos de corrupción.

Casi dos meses después de la tragedia, la segunda catástrofe de ese tipo en el mundo y la mayor de nuestro país, parece que es tiempo de lavado de culpas y de clausuras. Hoy me pregunto,
¿se puede mantener un orden de cosas ilegal e ilegítimo sin la connivencia de los distintos gobiernos? ¿Quién va a controlar a los que están controlando la seguridad en los establecimientos? ¿Quiénes son los que verdaderamente juegan en forma mediática con el dolor de los argentinos? ¿La tragedia de República de Cromañón se pudo haber evitado? ¿Quién nos garantiza que no volverá a suceder? ¿No es el mismo régimen que habilitó o ignoró discotecas precarias el que ahora pretende clausurar todo? ¿Todo quedará en el olvido el mes que viene? Los ciudadanos tenemos la responsabilidad de leer entrelíneas. Porque la vorágine de la noticia muchas veces minimiza los hechos realmente importantes y pone el foco en sucesos que no suman ni aportan esclarecimiento.

Instituciones como la nuestra, que trabajan desde hace tantísimos años para mejorar las condiciones de trabajo del sector, formada por decenas de asociaciones que en todo el país actúan en forma mancomunada, se esfuerzan para alcanzar el desarrollo de una industria que genera riqueza y trabajo. En la hotelería y la gastronomía se da el extraordinario fenómeno de a mayor riqueza, mayor cantidad de fuentes de trabajo.
Nuestro sector está formado en su mayoría por microemprendimientos y pymes, muchos de ellos, familiares que se esfuerzan día a día detrás de los mostradores para brindar el mejor servicio a sus clientes.

• Descontrol

Hemos denunciado durante años que en el inicio de cada temporada estival o invernal, en la playa, montaña, Litoral, en el Centro, Norte o Sur, con la anuencia, permisividad o complicidad de los estados municipales, provinciales o nacional, los capitales golondrina abren cientos de restoranes, bares -si es que se pueden llamar así-, quioscos o puestos callejeros que venden bebidas y comida sin las mínimas normas de seguridad alimentaria; hoteles sin habilitación que permanecen cerrados el resto del año; departamentos y casas de alquiler en estado deplorable y que nadie controla porque, además, en este segmento, hay un completo vacío en las normativas de reglamentación. Muchas veces, estos establecimientos se aprovechan de la superposición o inexistencia de responsabilidad jurisdiccional.

Desde hace años que
FEHGRA y sus 62 filiales están denunciando este tipo de competencia desleal. En los establecimientos de los capitales golondrina no se cumplen las normas laborales, nunca se pagan cargas sociales, muchas veces no se abonan los sueldos adeudados, no se respetan las normas de seguridad, de higiene, servicio y calidad, y se abstienen de cumplir normas fiscales. Por supuesto, cuando llegan los reclamos, ya es tarde, no están, abandonaron los locales. Los res ponsables escaparon, y todos seguramente con el consentimiento del funcionario que debió controlar. El perjuicio alcanza al destino. No sólo se pone en riesgo al turista que decide consumir en ese « establecimiento», sino que también se degradan la actividad en su conjunto, la imagen, el servicio, la ciudad, el turismo. Y se «habilita», de esta forma, a que continúe año tras año la competencia desleal.

Ahora se suma un nuevo problema. Con el falso objetivo de
controlar la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad, otra vez el empresario del sector -el mismo que durante años gestó ingresos y trabajo, el mismo que soporta su estructura aun en los momentos más críticos del país-es castigado con un nuevo impuesto, el de venta de bebidas alcohólicas. Me pregunto, ¿cómo controlará el Estado la comercialización a menores a través de delivery, la compra en los supermercados o en los quioscos, la venta a menores vía telefónica o en quioscos clandestinos? ¿Cómo evitará que el poder de estos organismos de control no se neutralice nuevamente a través de coimas? ¿Cómo harán las fuerzas de seguridad y los organismos de control para que los menores -y los que no los son tanto-dejen de circular consumiendo alcohol por la vía pública?

Como empresarios de este sector, como representantes de una federación tan reconocida, sabemos y transmitimos que la seguridad es básica. No es asunto nuevo ni coyuntural para nosotros. Y no abarca sólo a los sistemas de seguridad para casos de incendio, sino también anomalías de higiene y contaminación de alimentos, degradación del ambiente y de los ecosistemas, o irregularidades administrativas. En nuestra sede, y a lo largo y a lo ancho del país, dictamos cursos sobre estos temas a empresarios y a empleados del sector desde hace tiempo.

Siempre lo decimos: construir un país mejor es responsabilidad de todos. Para tener una sociedad capaz de construir un país mejor, es necesario empezar a educar al niño. Para que un niño aprenda una lección de vida, debe tener en su medio personas que le den el ejemplo. Personas que respeten las normas y el derecho de los otros, que paguen sus cuentas, que le den valor a la palabra empeñada, que se manejen con responsabilidad en todos los órdenes de su vida, que no costeen coimas ni prefieran tomar atajos. Personas que recuerden el pasado, porque aprendiendo del pasado es posible no volver a cometer los mismos errores que hipotecan el futuro a largo plazo y que instauran la cultura del «sálvese quien pueda». Debemos retomar, en cambio, la cultura del trabajo, del ahorro -sí, del ahorro-, de la posibilidad de ascenso social a partir del propio desempeño y del propio y genuino esfuerzo. La cultura de la ética.

(*) Presidente de la Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica de la República Argentina (FEHGRA).

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