23 de octubre 2007 - 00:00

"Las expectativas inflacionarias en EE.UU. no llegaron a desbordarse aún"

El experto en mercados mundiales que se escuda tras el personaje del banquero Gordon Gekko de la película «Wall Street» -ya preparan la segunda parte también con Michael Douglas pero sin Oliver Stone- opina que las expectativas inflacionarias en EE.UU. no se han desbordado aún, lo que le da margen de maniobra a la Fed en relajar la política monetaria. En diálogo con este diario el analista apostó a una baja de la tasa de referencia a 4,50% anual desde 4,75%.

Las expectativas inflacionarias en EE.UU. no llegaron a desbordarse aún
PERIODISTA: La idea de una baja de tasas a fin de mes volvió a instalarse a pleno. Tal la lectura que encierran las últimas cotizaciones del mercado de futuros. ¿No es una respuesta demasiado sensible a los vaivenes de Wall Street?

Gordon Gekko: La semana (pasada) abrió con la noción de que una baja de tasas cortas constituía una perspectiva remota. Culminó, se sabe, en el otro extremo. El probable recorte se transformó casi en una certeza. No nos gobiernan, por lo visto, convicciones muy firmes.

P.: ¿Tiene sentido tanta volatilidad? Uno lo admite en la pizarra de las acciones, pero no parece lógico en el proceso de toma de decisiones de la Fed.

G.G.: Desde ya que no. Ocurre que la Fed puso a prueba el umbral de tolerancia de los inversores. Como le dije en su momento, lanzó un «globo de ensayo». De la nada, como si brotasen del suelo, surgió un pelotón de oradores oficiales mencionando la posibilidad de mantener las tasas sin cambios en la próxima reunión.

P.: Voces que, súbitamente, se han llamado a silencio.

G.G.: Hoy habló Randall Krozsner, uno de los gobernadores y, como tal, un funcionario con voz y voto permanente.

P.: No se lo escuchó muy hostil a la idea de una nueva reducción.

G.G.: Recordó, más bien, que la Fed hará todo lo que sea necesario para preservar el funcionamiento efectivo de los mercados financieros.

P.: En momentos de convulsión, es un guiño favorable. Después de todo, el viernes sufrimos un «pico» de tensión.

G.G.: A mi juicio, las cartas están sobre la mesa. La Fed tuvo que mostrar su juego. Usted no baja medio punto las tasas de interés porque su prioridad sea la inflación. No importa cómo lo disfrace en el discurso, la acción que se tomó define cuál es el rumbo estratégico.

P.: ¿Hasta dónde puede mantener ese rumbo si el dólar se precipita? ¿O el petróleo se encarama por encima de los 90 dólares el barril?

G.G.: Hasta que sea contraproducente. La Fed está tomando riesgos muy concretos. Sabía que el dólar iba a ser castigado. Tal vez, el barril por encima de los 90 dólares no figuraba en su escenario más probable, pero tampoco era un imposible. La Fed prefirió lidiar con estos inconvenientes y no con los derivados de la inacción.

P.: No los ve, entonces, como un obstáculo para llevar las tasas a 4,50% la semana próxima.

G.G.: No. Ello no quita que si la Fed pudiera ahorrarse la baja, lo haría. De eso tampoco tengo dudas. Pero el margen es estrecho.

P.: La Bolsa no lo soportaría.

G.G.: No es la Bolsa la que dicta las decisiones. Son los mercados de crédito. Su proceso digestivo. La Fed no querrá provocar una recaída y tirar todo lo hecho por la borda.

P.: Nada es capaz, entonces, de torcer el sino de la baja de tasas. La Fed ya fijó el rumbo y no se apartará del camino.

G.G.: Mi impresión es que el límite estará dado por la estabilidad de las expectativas de inflación. Ese es el umbral que la Fed no querrá traspasar.

P.: ¿No lo franqueó todavía? ¿No es la razón última detrás de la especulación en commodities?

G.G.: No lo franqueó.

P.: ¿Cómo explica tanto auge de las materias primas?

G.G.: Usted no necesita inflación para beneficiarse con los commodities. Le basta con un gran crecimiento real. Sesgado, si quiere, hacia las economías emergentes. No es una historia muy diferente de la que relatan las Bolsas.

P.: Si el crecimiento fuera magro, una gran inflación también serviría.

G.G.: ¿Cómo afirmar entonces que las expectativas de inflación son las que motivan el alza de los commodities? Puede ser que sí como puede ser que no. ¿Por qué, en todo caso, no suben los inmuebles? ¿Por qué interrumpieron su escalada justo ahora que la energía aumenta y, de su mano, tal vez, también la inflación registrada?

P.: Se necesita una medición más precisa.

G.G.: No es difícil de encontrar. El bono del Tesoro carece de toda protección frente a una suba de la inflación. Es el termómetro ideal.

Además opera en un mercado de profundidad incomparable en relación con los de materias primas. Si las expectativas hubieran trepado como usted afirma, las tasas de largo plazo se hubiesen disparado. No hay dónde esconderse. Y en rigor --tomando el plazo de 10 años-se hundieron de un máximo de 5,32% a mitad de año a sus valores actuales en torno a 4,40%. Cuesta ver allí un descontrol de expectativas.

P.: Las tasas reflejan un cambio de visión acerca de los riesgos que enfrenta la economía. La idea de un enfriamiento obsesiona al mercado de bonos.

G.G.: Si tiene en cuenta el comportamiento de las tasas reales de interés (observables a través de los bonos del Tesoro ajustables por inflación); si, además se consideran sus diferencias con las tasas nominales, advertirá que los fenómenos que van de la mano son dos. La percepción de una economía débil cuya recuperación se dilata y expectativas de inflación que, con precisión, no son estables, sino que, lisa y llanamente, son más reducidas.

P.: El mercado de bonos participa de esa obsesión pero la Bolsa y los commodities no.

G.G.: Ese es un rasgo derivado del aterrizaje suave de los EE.UU. No es una recesión. No ha eclipsado tampoco los bríos fronteras afuera. Y las acciones y las materias primas se han alimentado de la pujanza internacional.

P.: Si las expectativas de inflación están bien ancladas, la política monetaria tiene margen para ser usada en forma agresiva.

G.G.: Eso pienso. De hecho, medio punto propinado en un solo movimiento, califica como una medida audaz. Creo que la Fed tiene espacio de maniobra para decidir la iniciativa que le parezca mejor sin verse restringida por los factores externos a su dominio. Si me pregunta a mí, anote, un recorte de un cuarto de punto.

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