Lo que un trader no haría si gobernara
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Con esta innovación se pretende que todo aquel que venda haya comprado antes. No habrá más posibilidad de optar por estar «long» o «short»; todos deberán estar comprados antes de vender («long»), no importará lo que indique el mercado, ya no funcionará en la Argentina el viejo axioma que fuera popularizado por Dan Morgan en su conocido libro «Traficantes de granos». Ahí afirma que un buen trader es aquel que vende por debajo del mercado, compra por encima de él y aun así gana dinero. La iniciativa destruye la función útil del intermediario en favor de equilibrar la oferta con la demanda y orientar la producción.
Para comprender este asunto también debe tenerse presente que la obligación de declarar la venta al exterior es en sí misma una intromisión del gobierno dentro de una actividad que, por su propia esencia, requiere de la mayor libertad de mercado posible. Esto sucede ya que se trata de negocios complejos y sensibles que conllevan gran abanico de posibilidades, cuyos operadores, en el momento de decidir cada compra o cada venta, deben tener en cuenta cuestiones políticas, climáticas, ecológicas, financieras, energéticas y marítimas, entre muchas otras. Como se puede apreciar, se trata de verdaderos profesionales, que son conocidos en ese mercado como «traders».
Ahora bien, ¿qué hacen estos traders cuando vislumbran un cambio en las reglas del mercado (local o internacional)? Simple y sencillo: fieles a su entrenamiento,buscan adelantarse al acontecimiento y ubicar sus negocios a salvo de esos cambios. Y esto fue exactamente lo que hicieron en esta oportunidad. Caso contrario, ¿cómo se entiende que después de esta suba fiscal de retenciones que ronda entre 5% y 10% por encima de los ya elevados niveles de derechos que pesaban sobre estos productos y sin que hayan aumentado los precios internacionales, los productores y acopiadores sigan recibiendo los mismos precios que percibían antes de la suba de tributos?
Por eso, lejos de pretender castigar a los exportadores, el gobierno debería agradecerles porque le han evitado un dolor de cabeza de proporciones. Imaginemos por un momento una baja del orden de 10% sobre el precio que reciben los productores de soja sobre el remanente de su cosecha en atención a la exclusiva necesidad fiscal en momentos que los cónyuges presidenciales se pasan la banda y bastón de mando. Seguramente no iba a ser agradable hacerlo en medio de un nuevo enojo con la gente del campo; sólo el buen entrenamiento de los exportadores y sus hábiles traders salvaron el precio que siguen recibiendo productores y acopiadores por el remanente de cosecha que les queda.
A no desesperar. Aun si el proyecto no prosperara, la voracidad fiscal será debidamente satisfecha, ya que en pocos meses llegará la nueva cosecha con sus precios disminuidos, los cuales ya se pueden ver en el mercado de futuros para mayo de 2008.



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