23 de diciembre 2005 - 00:00

Maradona denunció una agresión policial

Diego Maradona se repone del match benéfico que jugó en Rio de Janeiro, poco antes de protagonizar ayer un confuso incidente con policías en el aeropuerto de esa ciudad cuando le impidieron ingresar al avión que debía traerlo a Buenos Aires.
Diego Maradona se repone del match benéfico que jugó en Rio de Janeiro, poco antes de protagonizar ayer un confuso incidente con policías en el aeropuerto de esa ciudad cuando le impidieron ingresar al avión que debía traerlo a Buenos Aires.
No se puede vivir tranquilo. Diego Maradona, al menos, no puede. Ayer al mediodía, los canales de televisión empezaron a engolosinarse con titulares que prometían un nuevo escándalo: el Diez, detenido en el aeropuerto de Rio de Janeiro por desacato a la autoridad y destrozos. Los titulares dejaban inferir, lógicamente, una nueva recaída en alguno de los tantos males que aquejaron a Maradona en los últimos años, pero no hubo nada de eso. La celebridad, muchas veces, no se perdona, y más cuando la rivalidad futbolística nacional está de por medio.

Maradona
, que el miércoles había jugado en Rio de Janeiro el partido de fútbol amistoso que organizó el brasileño Zico, llegó ayer por la mañana al aeropuerto junto a su colega Alejandro Mancuso (más famoso en Brasil que en la Argentina).

Mancuso
es hoy una especie de tutor del Diez. El vuelo en el que debían viajar a Buenos Aires, en un avión de la empresa TAM, salía a las 7.30, y ambos llegaron casi 45 minutos antes a la terminal (en Brasil se dijo lo contrario). Como tenían tiempo, se dieron una vuelta por el duty free, donde se demoraron unos minutos. Cuando se dirigieron a embarcar, el empleado de la aerolínea se apresuró a decirles, poco amigablemente: «Ya cerré, no pueden subir». Allí empezaron los problemas.

Quienes conocen a Mancuso saben que es una persona calma y paciente, de donde se puede suponer que la negativa del empleado a permitirles tomar el vuelo debió haber sido lo suficientemente hostil como para que perdiera la paciencia. Escenario insólito: Maradona intentaba calmar a Mancuso («no te calentés, tomamos el próximo avión», le decía), a medida que lo veía ponerse más violento.

• «Matame»

En caliente, es más fácil que ocurra lo no deseado. Mancuso y Maradona, aun contra las órdenes del empleado de TAM, ingresaron por la manga hasta la entrada del avión, y una vez allí los episodios empezaron a parecerse a una película de Tarantino. Alertada la Policía del aeropuerto sobre el incidente, un oficial (para más datos: negro, casi dos metros de altura, contextura atemorizante) apareció en el lugar de los hechos y colocó su pistola sobre la nuca de Maradona. El efecto fue fulminante.

«¡Matame, matame!», empezó a gritar Diego, fuera de todo control. «¡Te conviene matarme porque, si no me matás, después te mato yo a trompadas!» No fue el mejor colofón para un encuentro futbolístico amistoso. Una azafata, testigo clave a la hora en que la Justicia tomara intervención en el incidente, declararía más tarde, y a favor de Maradona.

Después de ese intercambio, ambos fueron desalojados del avión y conducidos a la sala VIP, donde debieron esperar la llegada de las autoridades judiciales y del Consulado argentino. Y allí fue donde, si cabía algo más, se produjo el último y más estrambótico de los incidentes. Estando en el VIP, Maradona vio pasar al policía que lo había amenazado, y... lo empezó a correr. La actitud que había tenido antes, en ese momento no lo acompañó, y pese a su contextura y autoridad, el policía salió corriendo. Así estuvieron un rato, para fortuna de aquellos turistas que estuvieran casualmente con sus máquinas fotográficas en la mano.

El desenlace se asemeja más a la conciliación que a una resolución ortodoxa. La Policía brasileña, que había dicho que debía someter a exámenes a
Maradona (entre ellos, uno de embriaguez), lo terminó liberando. El cónsul de la Argentina en Rio de Janeiro, Agustín Molina, que asistió al jugador durante su detención, lo ratificó. «El incidente está superado y quiero aclarar que no fue sometido a ningún examen. A Diego no lo tocaron», dijo. Maradona y Mancuso abordaron otro vuelo, ya por la tarde, y llegaron ayer a Ezeiza a las 18.30. El Diez se escabulló por una puerta lateral para esquivar a la prensa.

Un poco más tarde, ya tranquilo,
Maradona (en conferencia de prensa) reconoció haber insultado a la policía del aeropuerto, aunque dijo que no sólo él no hizo destrozos, sino que no dio ningún motivo para que le apuntaran con un arma. «Yo no hice ningún destrozo. Perdí un avión, nada más». Y fue más específico en cuanto a sus insultos: «Debo reconocer que le dije: 'Tirá, puto'. Así te vas a hacer famoso», y concluyó: «Esto no empaña en nada lo que fui a hacer a Brasil. No es tampoco algo de brasileros contra argentinos: boludos hay en todas partes y Brasil no es la excepción».

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