Hacia una nueva globalización

Opiniones

Esta pandemia globalizada está teniendo un impacto mundial sobre el sector energético. Los combustibles fósiles están disminuyendo su producción en estos meses. Para la recuperación, hay que apostar en actividades que contribuyan a reducir las emisiones contaminantes.

Esta pandemia globalizada está teniendo un impacto mundial sobre el sector energético. Los combustibles fósiles están disminuyendo su producción en estos meses. La Agencia Internacional de Energía estima que la mayor caída le corresponderá este año al petróleo (9%), seguido por el carbón (8%) y el gas (2,3%). La reducción en la demanda de petróleo es tan considerable que retrotrae su nivel al año 2012. Las energías renovables seguirán aumentando su producción, tendencia estimulada por sus reducidos costos operativos. Es ilustrativo señalar que la reducción en el consumo energético en este año equivale al consumo sumado de Francia, Alemania, Italia y UK. Esta caída en el consumo energético es la mayor de los últimos 70 años.

Hasta antes de esta pandemia, en las emisiones contaminantes por la utilización de los fósiles, el carbón era el principal contaminador (44 de las emisiones), le seguían el petróleo (35%) y el gas (21 %), y las emisiones venían creciendo año a año, llegándose a ubicar casi un 90%por encima de los valores de 1980.

Es importante señalar que no todos somos iguales en lo que hace a estas emisiones globales, pero que sí nos perjudican a todos. Hay diferencias muy grandes que tienen que ver no sólo con el grado de desarrollo económico, sino también con la eficacia de las políticas energéticas y tributarias de cada pais.

Las diferencias en las emisiones por habitante son considerables, por ejemplo, un habitante de las naciones industrializadas emite el triple que el habitante de las en desarrollo. Estas diferencias son más notables cuando la comparación se hace entre países; por ejemplo, un norteamericano emite 4 veces más que un mexicano, un australiano 37 veces más que un nigeriano y un japonés 75 veces más que un etíope.

Las emisiones contaminantes venían creciendo desde la Revolución Industrial a fines del siglo XVIII, acelerando este proceso contaminador el crecimiento productivo en las recientes décadas de la globalización; es así que, como hemos visto, las emisiones de 2019 eran casi 90% mayores que las del año 1980. Pero la pandemia está cambiando ahora esta situación, ya que la caída en la utilización de combustibles fósiles que se viene registrando este año está teniendo un notable impacto en la generación de gases de efecto invernadero, las emisiones de CO2 se estima que este año serán un 8% inferiores a las del año 2019, volviendo así a las emisiones de hace 10 años. Esta reducción en la generación de CO2 corresponde a la reducción del consumo de carbón (42% del total de la reducción), seguido por el petróleo (38%) y el gas (20%). Si no se define globalmente una nueva política que apunte a evitar los considerables daños del cambio climático, correremos el gran riesgo de tener sí una recuperación productiva cuando superemos la pandemia, pero también un repunte de las emisiones contaminantes.

Recuperar los niveles productivos perdidos por la recesión y también recuperar los empleos exigirá medidas macroeconómicas tanto fiscales como monetarias, que apunten a estos objetivos. Estas medidas deberían incluir un tratamiento orientado a la expansión de las actividades que contribuyan a reducir las emisiones; destaquemos las nuevas tecnologías industriales con menos consumo energético, la expansión de las energías limpias (solar, eólica y hidroeléctrica), la modernización de la industria automotriz y del transporte público urbano e interurbano, la expansión del ferrocarril de cargas para reducir las emisiones, y la construcción de edificios con normas que apunten a la reducción del consumo energético.

Es necesaria la adopción de nuevas tecnologías que no sean contaminantes en las actividades productivas de bienes y servicios, asegurando que cuando recuperemos los niveles productivos y de empleo, no dejemos de lado la necesidad de comenzar a transitar hacia una nueva economía.

El objetivo global debe ser preservar sin más demoras el medio ambiente en el planeta que está siendo amenazado, no sólo por la pandemia del coronavirus, que podrá ser superada gracias a las investigaciones científicas, sino también por estas emisiones contaminantes donde la amenaza es creciente y aún no hemos logrado acordar eficaces políticas internacionales.

Un problema global requiere para su solución un acuerdo entre todas las naciones; en el mundo hay casi 200 naciones que participan anualmente de las reuniones convocadas por Naciones Unidas para encarar el cambio climático.

Los progresos desde que comenzaron estas reuniones en 1995 han sido mínimos, ya que no ha sido posible coordinar una actitud eficaz por parte de quienes lideran mundialmente las contaminaciones, recordando que apenas seis participantes en estas reuniones representan nada menos que 2/3 de las emisiones (China, EE.UU., UE, India, Rusia y Japón); sin ellos no hay solución.

El mundo necesita el progreso económico como condición necesaria, aunque no siempre suficiente, para eliminar la pobreza y la indigencia; por esta razón es necesario retomar rápidamente el sendero del crecimiento económico pero, al mismo tiempo, abatir drásticamente las emisiones contaminantes. La buena noticia es que aún estamos a tiempo para hacerlo, pero hay que empezar ya.

(*) Integrante de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario