Elevar el Salario Mínimo Vital y Móvil, acordar nuevos básicos o aumentos en los convenios colectivos y la búsqueda de una mejora del salario real por productividad pueden generar una combinación inestable y hasta explosiva.
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Las remuneraciones reales sólo pueden aumentar por productividad y seguramente empresa por empresa; es el único tema que no ofrece objeciones. Sin embargo, están en marcha dos procesos más en paralelo, uno basado en la modificación del Salario Mínimo Vital y Móvil, que -según se publicó- como un reclamo sindical se desea elevar a seiscientos treinta pesos ($ 630), y el otro, proveniente también de las aspiraciones de los gremios en el sentido de lograr un mínimo en la categoría más baja que de una forma u otra se ubique en el límite de pobreza, que llega a setecientos cincuenta pesos, y de allí en más establecer la progresión de la escala.
Para que todos estos subsistemas produzcan efectos positivos es imprescindible que sean absorbidos por mejoras en eficiencia, reducción de costos operativos o en las materias primas, aumento de la productividad, etc. Si así no fuera, la traslación a precios podría generar inflación. Es por ello también que hay que desterrar de todas las evaluaciones los mecanismos que vuelvan a plantear esquemas indexatorios o actualizaciones por el costo de vida. Como se recordará, estos parámetros se convirtieron en el motor de una espiral en la que corrían una carrera los precios y los salarios. Entre ambos «jugaba un papel siniestro» el índice de indexación o actualización monetaria, que actuaba como un acelerador en perjuicio de los ingresos y el de los aumentos de los precios.
También hay que dejar de lado sucedáneos de los sistemas de actualización como son las «cláusulas gatillo», que son aquellas que « disparan» ajustes o mecanismos de revisión cuando se llega a determinados límites en la inflación.
• Mecanismo
En rigor, el único mecanismo por el cual las retribuciones pueden lograr una mejora del valor real es el de los incrementos efectivos de la productividad, ya que con ello, el mayor costo laboral es compensado con otros componentes que evitan la traslación inflacionaria a los precios.
En cuanto al Salario Mínimo Vital y Móvil, es también un instrumento de política social que debe arbitrarse con cautela, ya que sube el piso salarial (sin modificar los básicos de los convenios colectivos), pero el achatamiento que produce en la base de la escala motoriza el reclamo sindical. Obsérvese que los $ 630 a los que se aspira están compuestos por los actuales $ 450, más los $ 60 (Dec. 2005/04), más los 100 pesos no remunerativos a los que se les adicionaron otros $ 20 para cuando hipotéticamente se transformen en remunerativos (todavía no son remunerativos). En definitiva, la suma sería de $ 450 + $ 60 + $ 120 = 630. Si a este valor le agregamos las asignaciones familiares promedio, llega a $ 750.
En los convenios colectivos, la situación es más compleja, ya que muchos de ellos tienen categorías a la altura del actual Salario Mínimo Vital y Móvil, que es de $ 450. En el marco de su estructura, modificar la escala implica no sólo cambios que se van incrementando progresivamente a medida que la escala asciende, sino también modificaciones que operan sobre adicionales, muchos de los cuales son, además, distorsivos.
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