Olvido de Stiglitz: Consenso Barcelona
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Planes sociales y formación de capital humano
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Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
2) Que la aceleración del crecimiento en distintos países provee el potencial de sacar a millones de personas de la pobreza. 3) La importancia de la estabilidad macroeconómica, dado que la reducción de la inflación ha permitido salir en una región históricamente postrada (América latina).
Tres fueron también las tendencias preocupantes:
1) La recurrencia de las crisis financieras sistémicas en países en desarrollo, incluso a aquellos que habían llevado a cabo políticas de ajuste y estabilización siguiendo sugerencias de organismos internacionales.
2) Los mediocres resultados de las reformas diseñadas para alcanzar un crecimiento económico sostenible en muchas regiones del mundo.
3) La persistencia y empeoramiento de una distribución de la riqueza en muchos países en desarrollo.
Más allá de las tendencias enunciadas, el debate en Barcelona sirvió para extraer lecciones de las políticas aplicadas y los cambios por introducir, tanto en paísesricos como pobres. En esa reunión existió un amplio acuerdo en siete temas, los cuales deben definir las prioridades de las reformas. Ellos son:
1) Los principios económicos y la experiencia internacional sugieren que el respeto por el imperio de la ley y los derechos de propiedad, una economía de mercado que mantenga un equilibrio entre mercado y estado, y la atención a la distribución de la renta son la base de las estrategias de desarrollo con mayor éxito. Los países en desarrollo deberían trabajar para mejorar sus entornos institucionales.
2) Un endeudamiento elevado, tanto público como privado, un sistema bancario mal regulado, y una política monetaria laxa son obstáculos para el desarrollo. Ello no estimula el crecimiento a medio plazo y exponen a las naciones a crisis que pagan los pobres. Los países en desarrollo deberán crear instituciones para hacer posibles estas políticas y las instituciones financieras internacionales deberían alentar este tipo de políticas.
3) No existe una única política económica que pueda garantizar un crecimiento sostenido. Las naciones que lo han conseguido enfrentaron obstáculos y adoptaron diferentes políticas sobre regulaciones propias. Las organizaciones internacionales deben alentar ello, pero no una aproximación al desarrollo donde todo vale. Esta libertad tampoco debería ser utilizada para disfrazar políticas que simplemente transfieran renta a los grupos políticos más poderosos.
4) Las negociaciones comerciales deberían perseguir el desarrollo. El proteccionismo agrícola y textil en los países desarrollados representa un obstáculo para los países en desarrollo. Algunos países en desarrollo podrían estar limitando su potencial a través de políticas comerciales inapropiadas.
5) Los acuerdos financieros internacionales no están funcionando bien y los países pobres continúan alejados de los flujos financieros privados, que además son volátiles. La raíz del problema es la ausencia de mercados e instrumentos que permitan un reparto del riesgo más eficiente entre países. Las instituciones multilaterales no hacen mucho para superar esas fallas de los mercados financieros privados.
6) Los acuerdos internacionales tratan a los movimientos de capital y de trabajo de forma asimétrica. Las instituciones internacionales y el G-7 impulsan la movilidad de capital, pero no ocurre lo mismo con la movilidaddel trabajo. Hay razonespara justificar unos mayores movimientos migratorios a escala internacional, por o cual se requieren reglas e instituciones internacionales para guiar el movimiento de población.
7) El empeoramiento del medio ambiente y sus externalidades negativas ( calentamiento global) necesita ser abordado con políticas de desarrollo sostenibles en el nivel global y nacional.
La conclusión de esos expertos fue:
a) Que la situación del mundo no es satisfactoria, más de mil millones de seres humanos viven en la pobreza extrema. b) El sida y otras epidemias son una tragedia para los países menos desarrollados. c) En los Objetivos de Desarrollo del Milenio las naciones donantes se comprometieron a incrementar la ayuda para corregir estos problemas. Ese compromiso es mayoritariamente incumplido. d) En el último medio siglo un buen número de países han podido salir de la pobreza por sus propios medios. Hay lecciones que aprender de estas experiencias.
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Mi conclusión es que nadie puede dejar de suscribir las apreciaciones de la Agenda de Barcelona. Son importantes y claras. Son puntos que discutir, y ello es lo que se llama «consenso», que nada tiene que ver con el «Consenso de Buenos Aires», que no dejó nada sistematizado para discutir.
¿Quiénes suscribieron el Consenso de Barcelona? Joseph Stiglitz, profesor en la Universidad de Columbia y Nobel de Economía el año 2001, fue uno de ellos. Pero también lo suscribió John Williamson, «padre intelectual» del Consenso de Washington.
Si Stiglitz suscribió aquél, ¿qué tiene que ver con lo que dijo en el Consenso de Buenos Aires? Nada, vino a decir otras cosas, más relacionadas con una operación política doméstica que no tiene repercusión en el exterior. Me da la idea de que no existió honestidad intelectual, a la vez que Buenos Aires no fue ningún «consenso». Espero que no se olvide que entre Washington y Buenos Aires estuvo Barcelona. Hay mucho para aprender de esas declaraciones.




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